La Reina y el Navegante
Adriana Balmori A.
Parte II
En Lisboa, Colón conoce a Felipa Moñiz, descendiente de prominentes familias de antiguo linaje e intereses en la corte. Su padre había estado al servicio de Enrique el Navegante, quien le encargó la colonización de Porto Santo en Madeira.
Casados en Lisboa, a Porto Santo fueron a vivir los nuevos esposos que tuvieron un hijo, Diego. El padre Las Casas, y otros autores hablan de un náufrago que murió en la casa de Colón en Porto Santo y le contó de las tierras al oeste hasta donde llegó arrastrado por una tormenta. Así mismo, ya viuda su suegra le dio interesantes papeles de su marido, en los que se hablaba de las tierras occidentales, aún no llamadas Antillas, que permitirían hacer el viaje a las Indias, Cipango y Katay ya que ahí podrían reabastecerse de agua y alimentos a media travesía en su periplo por las ansiadas especias. Esto era casi un secreto a voces en la marinería de Lisboa. Presenta su plan al rey Juan II de Portugal, quien después de hacer examinar su propuesta por sus sabios expertos en Coimbra, se niega a patrocinarlo, ya que, además, eran exorbitantes las cantidades de dinero que pedía. Con este secreto, se dirige a Palos importante puerto fluvial desde donde salía la más lujosa o necesaria mercancía, y en especial al Monasterio de la Rábida donde es acogido por los franciscanos Juan Pérez antiguo confesor de la reina Isabel I y Fray Antonio de Marchena excelente cosmógrafo que coincidentemente llegó en visita canónica. Ambos lo estimulan en sus planes y le dan una carta para introducirlo en la corte, que en ese momento estaba en Granada. Los Reyes Católicos lo reciben y escuchan sus propuestas que les parecen igualmente descabelladas e irrealizables por la desmesura de la cantidad de dinero que pedía Colón en momentos tan difíciles, por la guerra contra los moros y la expulsión de muchos judíos ricos, lo que había desestabilizado la banca del reino. Aun así, su propuesta fue examinada por tres juntas, una en Córdoba, otra en Salamanca y una más en Santa fe. Las tres respuestas fueron negativas, además añadían, había falta de rigor científico en la propuesta. A pesar de ello, la reina no quiso apartarlo del todo y le dio pequeñas encomiendas para que trabajara para su reino. Mientras está en Granada y de sus amores con Beatriz Enríquez de Arana, nace su segundo hijo, Hernando. Visita y propone su plan también en Sevilla a los duques de Medina Sidonia y Medinacelli, recibiendo negativas.
Regresa a la Rábida dispuesto a marcharse para ofrecer su proyecto a Francia o en su caso a Inglaterra. Nuevamente el interesado fraile Juan Pérez contacta al físico García Hernández, sabedor de astronomía y filosofía, de lo ahí platicado Fray Juan Pérez envía una carta a la Reina Isabel, quien contesta casi a vuelta de correo, decidida y audaz como era, había conseguido que un judío converso aragonés, Luis de Santángel prestara el dinero necesario para el proyecto. Además, el rey Fernando hace notar que los marinos del Puerto de Palos, tenían sobre sí una multa por no acatar las disposiciones del Tratado de Alcazovas, firmado en 1480 por Castilla y Portugal para que no viajasen más al sur de la Guinea africana, lo que los paleños hacían frecuentemente por lo que son conminados a aportar dos embarcaciones con tripulación y vituallas para unirse a la expedición. Con tan buena suerte para Colón que fue el más importante armador y experimentado navegante de Palos, Martín Alonso Pinzón quien ofrece sus barcos y van con él sus hermanos, Vicente Yáñez Pinzón, que después descubrió Brasil y Francisco, quien se pierde en la niebla de la historia. Ellos aportaron los conocimientos y experiencia que le hacían falta al futuro nuevo “Almirante”.
Tiene lugar entonces una reunión en Santa Fe, en las afueras de Granada entre Colon y sus valedores y los Reyes Católicos con sus consejeros, ahí queda asentado que la expedición la patrocina el reino de Castilla que Fernando de Aragón firma y autoriza, pero su reino no participa. Que las tierras encontradas y conquistadas pasarán de inmediato a ser parte del reino de Castilla, con respecto a las desmedidas peticiones de Colón se llega a la firma de las llamadas “Capitulaciones de Santa Fe, que son un documento escrito por los Reyes Católicos el 17 de abril de 1492 en la localidad de Santa Fe, a las afueras de Granada, que recoge los acuerdos alcanzados con Cristóbal Colón relativos a su expedición planeada por el mar hacia occidente.
En el documento se le otorgan a Cristóbal Colón los títulos de almirante, virrey y gobernador general de todos los territorios que descubriera o ganase durante su vida. También se le concedió un diezmo de todas las mercaderías que hallase, ganase y hubiese en los lugares conquistados. El texto fue redactado por el secretario Juan de Coloma y el original, hoy perdido, fue firmado por los dos monarcas. Las Capitulaciones de Santa Fe significaron un reparto anticipado entre Colón y los Reyes Católicos de los beneficios que reportaría la conquista de lo que después se llamaría América. Con esos beneficios, Colón logró un rápido ascenso social, al pasar a formar parte de la nobleza cortesana”.
Isabel fue muy clara al afirmar que los habitantes de las nuevas tierras descubiertas por pertenecer éstas al reino de Castilla, serían considerados súbditos suyos, con los mismos derechos y obligaciones que quienes vivían en la península, es por eso uno de los motivos de su enojo con Colón al regreso de su primer viaje, al enterarse que trajo una gran cantidad de nativos en calidad de esclavos y algunos de ellos ya habían sido vendidos, por lo que, lo obliga a recuperarlos y a llevarlos de regreso a sus tierras, donde prohibió la esclavitud y el reparto de los nativos indígenas, -que no la obedecieran es otra cosa-, y siempre se preocupó por su evangelización y los derechos de los que gozaban sus gobernados. E instaba al casamiento de los españoles con las nativas y viceversa como medio de colonización. Preocupada por ello lo deja estipulado en su testamento y su Codicilo. Esto nos demuestra lo adelantada su tiempo que fue, ya que era sabido que tanto europeos como nórdicos, acababan con los nativos de las tierras conquistadas, en cambio ella pugnó por los derechos humanos.
Grande fue su celo religioso, por ello el Papa Alejandro VI (el español Rodrigo Borja), les dio el título de Reyes Católicos, que podían heredar a sus descendientes que reinaran en España, por lo que Felipe VI si quisiera podría usarlo actualmente.
Isabel y Fernando vivieron casados 36 años, tuvieron cinco hijos, todos educados en los principios de la fe, el conocimiento y la filosofía, hasta las mujeres aprendía más de tres idiomas. Se casaron con príncipes y princesas herederos, entre ellos destacan: Juana casada con Felipe el Hermoso Duque de Borgoña y conde de Flandes, padres del emperador Carlos V, o Catalina esposa de Enrique VIII de Inglaterra y madre de la reina María Tudor, casi todos murieron a temprana edad, por lo que el verdadero heredero fue su nieto Carlos I de España y V de Alemania.
Muy duros entre penas y enfermedad, -padecía un doloroso cáncer uterino- fueron sus últimos años, atendida por su médico Gerónimo de Bustamante, probablemente un judío converso como lo fue también su ginecólogo Lorenzo de Badoz, que había llegado a la corte con el rey Fernando, y que al morir su lugar fue ocupado Juan de la Parra, como médicos principales dentro de un grupo de físicos y médicos muchos de ellos de procedencia judía que atendían a la familia real, Isabel murió a los 53 años, dejando viudo a Fernando.
Pidió un sepulcro bajo, sin ornamentos ni resaltes y así fue en el que la enterraron, pero ahora sus restos descansan junto a los de Fernando en la Catedral de Granada en un gran monumento funerario.
Cristóbal Colón murió en Valladolid el 20 de mayo de 1506, se cree que con anterioridad padecía gota y artritis que fueron complicando y minando su salud. A su muerte se dispuso tratar su cadáver. Tras su muerte, su cuerpo fue tratado con un proceso llamado descarnación, mediante el cual se quitaba toda la carne de los huesos para su mejor preservación.
Se le enterró en el Convento de San Francisco en Valladolid y, posteriormente, en 1509 sus restos fueron trasladados a la capilla de Santa Ana del Monasterio de la Cartuja en Sevilla. Actualmente existe la disputa si está enterrado en la Catedral de Sevilla donde tiene un hermoso y espectacular monumento fúnebre, o bien en el inmenso mausoleo de cemento construido en la isla de Santo Domingo. Por lo que lo más probable es que podamos encontrar un poco de sus restos en cada uno de estos lugares.
Es de hacerse notar que recientemente se ha reabierto el polémico proceso de beatificación de Isabel I, iniciado en 1958, suspendido en 1991 y reiniciado en 2018. Asunto de la Iglesia que sólo a ella compete.