
De la Redacción
Carlos Name, conocido por sus contenidos sobre fenómenos paranormales y leyendas urbanas, presentó en sus redes a “Pablo”, un hombre de 42 años que se identifica como dálmata acuarela y que actualmente busca una nueva familia en México.
La historia se viralizó rápidamente y volvió a encender la conversación sobre el movimiento Therian, que en las últimas semanas ha ganado notable visibilidad en plataformas digitales en el país.
Therianthropy (o Therian) describe a personas que experimentan una identificación espiritual o psicológica profunda con animales no humanos. A diferencia del cosplay o el roleplay, quienes se identifican como therian aseguran que no se trata de un hobby ni de una representación temporal, sino de una vivencia esencial: se sienten animales en su interior aunque habiten un cuerpo humano.
Pablo no vive las 24 horas bajo esa identidad. Mantiene empleo formal, realiza actividades cotidianas y se desenvuelve socialmente como cualquier adulto. Sin embargo, dedica alrededor de 11 horas diarias a expresar su identidad de dálmata acuarela, lo que ha complicado su situación actual: la persona que lo cuidaba ya no puede acompañarlo durante ese tiempo.
Entre sus protocolos de cuidado destaca el “pH de luna”, que implica el uso obligatorio de shampoo para perro o caballo. Carlos Name asegura que Pablo es limpio, sociable y capaz de convivir sin inconvenientes con perros reales.
El caso ha generado debate, pero también preocupación: en redes comenzaron a circular comentarios que incitan a agredir a personas therian, incluso sugiriendo soltar perros de razas grandes contra ellos. Name advirtió que Pablo tiende a intentar escapar cuando está inmerso en su identidad animal, lo que podría ponerlo en riesgo si se le deja solo.
Por eso, mostró documentos de adopción listos para entregarse a quien cumpla con el perfil adecuado: alguien responsable, respetuoso de su identidad y dispuesto a seguir sus protocolos de cuidado.
Pablo vivía en Argentina con su familia antes de mudarse a México hace dos años.
El fenómeno Therian ha ganado terreno en México. En las últimas semanas se han organizado convivencias presenciales en ciudades como Ciudad de México (incluyendo una reunión masiva en el Monumento a la Revolución a finales de febrero), Guadalajara, León, Torreón, Veracruz y Mazatlán, entre otras. Estos encuentros suelen realizarse en parques, plazas y espacios abiertos, donde los asistentes comparten experiencias y realizan dinámicas relacionadas con su identidad.
Mientras el caso de Pablo alimenta el debate en redes, estas reuniones muestran que el movimiento está lejos de ser pasajero. Más allá de la polémica, abre una discusión actual sobre identidad, pertenencia y los límites entre lo simbólico y lo literal en la era digital.