
Seguramente todos recordamos desde que estuvimos en la escuela primaria, las emotivas y elocuentes ilustraciones de los libros de Texto del llamado Abrazo de Acatempan, en donde los aguerridos y valientes militares Vicente Guerrero jefe de los ejércitos Insurgentes del Sur y Agustín de Iturbide, recién nombrado Comandante General del Sur del ejército Realista, se funden en un viril abrazo, emocionados hasta las lágrimas y con grandilocuentes palabras se alaban mutuamente, como relata un gris historiador amigo de Guerrero, que nos describe una escena gloriosa, con los dos personajes y sus tropas frente a frente, en un ambiente tenso y casi hostil, mirándose con desconfianza primero y lanzándose vítores y vivas, simultáneamente después del supuesto abrazo tal como lo quiso contar la historia oficial, según la cual este episodio tuvo lugar el 10 de febrero de 1821.
Ahora bien, de tal suceso no existe ningún documento que lo avale, ni siquiera un fanático de la comunicación epistolar como lo era Iturbide, lo relató en alguna de sus misivas, así como tampoco hay testimonio de alguno de los muchos testigos presentes del susodicho encuentro. El único que habla de ello es Lorenzo de Zavala un interesado amigo de Vicente Guerrero, menospreciado como historiador por muchos que sí lo eran y que lo tachan de descuidado y poco limpio en su trabajo. Dice haberlo escuchado de los propios labios de don Vicente, pero el caso es que ni siquiera recuerda la fecha o el nombre del lugar donde ocurrió tal acontecimiento. Zavala más tarde sería tachado de traidor por muchos más ya que fomentó el movimiento separatista de Texas, -donde poseía extensos territorios- y fue vicepresidente.
Muy cierto es que nuestros dos personajes tuvieron que haberse encontrado y terminar sus acuerdos, la Independencia no era poca cosa, pudo ser en Acatempan o seguramente días más tarde -y sin tan dramático abrazo en Teloloapan, donde estaba el campamento de Iturbide.
A fines de 1820, aunque Guerrero defendía como león la sierra del sur, la insurgencia estaba ya muy mermada, pocos reductos quedaban: Victoria en Veracruz, o el valiente Herrera donde se le necesitaba y pocos más. Es así que Agustín de Iturbide, después de ser nombrado Comandante general del Sur y sufrir varias derrotas a sus subalternos, infligidas por Guerrero y su mano derecha, el capitán Pedro Ascencio, Iturbide percibe la inutilidad de seguir la lucha armada e intuye que el momento que esperaba es el que se le presenta en esos momentos y que la única manera de poner en práctica su Plan de Independencia de la América Septentrional y lograr así la paz, es negociando con el caudillo fuerte que restaba a la insurgencia. Por ello decide escribir a Vicente Guerrero y proponerle entrar en tratos para pactar y lograr la paz y sobre todo la Independencia de la Nueva España.
El historiador Jaime del Arenal Fenochio, publicó recientemente haber encontrado un breve documento inédito en el poblado de Teloloapan, hoy estado de Guerrero, que fue dirigido por Agustín de Iturbide a Vicente Guerrero desde el 26 de noviembre de 1820, con lo que se descarta la afirmación de que la primera carta, dirigida por Iturbide a Guerrero habría sido la de fecha 10 de enero de 1821, esta carta fue posterior, dirigida de un liberal a otro, proponiéndole llegar a acuerdos de paz y pidiéndole si desconfiaba, que enviara a uno de los suyos a entrevistarse con él en Chilpancingo para enterarlo de sus planes. Tarde contesta Guerrero esta carta, pero en su contenido se dejan ver atisbos de entendimiento. En pocos días se suceden larguísimas cartas hasta la aceptación total de Guerrero del plan propuesto por Iturbide; se cuenta que, uno de sus subalternos le preguntó el por qué tanta correspondencia, a lo que Iturbide contestó – más vale derramar tinta que derramar sangre-. Según Lucas Alamán nunca se encontraron hasta después de la proclama del Plan de Iguala, y en cambio Carlos Ma. de Bustamante dice que después de tan profusa correspondencia fue necesaria una entrevista personal. El caso es que con su aceptación, no rendición, debemos reconocer el gran sacrificio que supuso para Vicente Guerrero como el patriota que en ese momento era, reconocer la valía del plan libertario que buscaba el orden y una constitución, poner bajo las órdenes de Iturbide su otrora acérrimo enemigo: a su persona, su prestigio, ejército e ideales, todo por el bien de la patria, recordemos que poco antes al rechazar el indulto que le ofrecía el virrey Apodaca, había dicho ¡La Patria es Primero!
Esto es lo que hay en investigaciones serias, que no quieran confundir a los niños de hoy, en las escuelas y “oficialmente” con el tal abrazo.
Adriana Balmori de Amieva
Seminario de Cultura Mexicana Corresponsalía de Córdoba.