Violencia y degradación

Hands writing on old typewriter over wooden table background

Jesús Víctor García Reyes*

La violencia en espacios locales, municipales, vecinales, es mucho más sentida que en las amplias dimensiones nacionales. La violencia nos perturba en la vida diaria y enferma como comunidad. ¿Pero de dónde procede la violencia generalizada de nuestro tiempo? Noam Chosmky, sociólogo analista de la decadente sociedad norteamericana, indica en sus estudios, que el engendro de la violencia, en las sociedades capitalistas (con explotación humana y brutal concentración de riqueza), se da en los grupos con poder económico, político, militar y policial. Ahí nace la violencia institucional, que paulatinamente, se va trasladando a otras esferas de la vida cotidiana, a las mujeres y hombres comunes.
Diario amanecemos con noticias terribles de asesinatos, desapariciones forzadas de personas, secuestros, latrocinios y violaciones a mujeres y niños. De inmediato tratamos, creo así, pasar esas informaciones, buscamos no recordarlas, no profundizar en ellas, pero al hacerlo, vamos produciendo una “normalidad”, es decir, buscamos hacernos creer, que ello nos afecta poco, porque no pasó en nuestras familias. Ahí está el gran error, mismo que hace crecer, en enorme proporción la violencia, convirtiéndola en violencia extrema, es decir que abarca poco a poco a toda una nación.
Casi todos opinamos a bote pronto sobre la violencia en nuestras municipalidades. Pero son muy pocos los que reflexionan sus causas e impactos en la comunidad. Con violencia de todo tipo, los conglomerados humanos dañan su salud mental y de convivencia. Se generan desconfianzas y recelos, se inventan alternativas vistosas para detenerla (como poner banderitas blancas en templos e instituciones públicas).
Lo anterior quiere decir que también con la violencia se manipula, se vende la ilusión social, de que todo va a mejorar, simplemente teniendo más policías certificados y con sueldos elevados, para que no caigan en manos de bandas delincuenciales.
La violencia es también un gran negocio. En medios de comunicación, impresos y televisivos, la violencia gana grandes planas y noticieros de muchos televidentes.
En Veracruz hay problemas de violencia y el asunto no es sólo de las fiscalías especializadas o del gobierno local. Lo es de todos los involucrados en la vida diaria, de los que vivimos en este territorio. Las iglesias de todo signo, no sólo deben echarle la culpa al otro, deben comprometerse más allá de las predicaciones, con talleres, visitas pastorales a colonias, barrios y espacios donde se detecten puntos de violencia. Las escuelas, universidades, gobiernos municipales, los medios de información, los partidos políticos, sindicatos y grupos organizados o colectivos de mujeres y jóvenes, tienen la obligación de participar, ante la inminente descomposición social consecuencia de la “degradación de las instituciones tradicionales”. No se puede gobernar, convencer y resolver necesidades públicas con criterios medievales. No, eso no es posible ni aquí ni en Roma. Esto hay que reflexionarlo muy bien y, resolver al respecto.
En el municipio de Orizaba, los últimos tiempos (años), se han dado casos donde la violencia extrema, es notoria. Cabe recordar, las palizas a las indígenas de Ixhuatlancillo, las reprimendas policiales a vecinos de santa Gertrudis, los bloqueos a manifestaciones de mujeres y del movimiento gay, la muerte de los dos hermanos, la cancelación de espacios públicos a quienes tienen opinión diferente a la del gobierno municipal en turno. Eso es violencia, eso afecta el estado anímico de los vecinos y los derechos humanos de los orizabeños.
Bien dicen los medios locales: ¿de qué sirve tener una policía de presunción, si en los hechos se comporta de forma irracional?, ¿ha valido la pena invertir poco más de 70 millones de pesos cada año, en equipamiento y formación de una policía, que no entiende su función social? Sin caer en espacios comunes, propios para el chisme y la discriminación, vale la pena detenerse y pensar, si en verdad, estamos haciendo lo que nos corresponde como ciudadanos.
Un presunto hecho de violación de una menor en una casona abandonada del centro de la ciudad, debe ser motivo suficiente, para intervenir en los asuntos públicos de la ciudad. Lo hemos escrito mucho, la ciudad no es de un solo hombre, lo es de todos nosotros, que pagamos impuestos, aunque sean mínimos, como nos lo han reprochado una y otra vez.
La justicia no debe ser para los ricos y poderosos, debe ser para los ciudadanos y vecinos por igual. La Fiscalía debe intervenir, pronto en este caso y otros pendientes de hace tiempo. Según la narración de hechos de la menor, sus amigas y familiares, se deduce que no fue actuación de una persona, sino que hubo complicidad, y lo más alarmante de personal del C-5, según se informa. ¿Qué garantías de seguridad real tenemos los habitantes de Orizaba ante estos hechos?
El gobierno de la ciudad debe poner atención en estos temas de seguridad. No sólo el turismo importa ni el “glamour” de la ciudad. No basta la presunción de una policía que dista mucho de serlo. La ética y eficacia policial se deben demostrar en los hechos de la vida diaria….

*Politólogo (UNAM). Sociólogo (BUAP). Administrador Público (INAP). Profesor Universitario. [email protected]