‘Los encontré agonizando’ 

Abel Valdez

El Mundo de Orizaba

Aquella tarde nublada nadie imaginaba que la luz de la sonrisa del pequeño Alan se apagaría para siempre.

Cerca de las 15:30 horas los ruidos cotidianos de las familias en la hora de la comida, en sus quehaceres domésticos, en las tareas escolares, fueron interrumpidos por los alaridos de una mujer debatiéndose entre la vida y la muerte, suplicando por su hijo Alan…

¡Alan, Alan! Fue lo que se escuchó salir de la casa blanca marcada con el número 29 del retorno 2, en la unidad habitacional Canacintra Ojo de Agua, de la colonia Rafael Alvarado, y lo primero que hizo una vecina, fue ingresar para ver qué sucedía. Lo que vio la dejó atónita, pero eso no limitó su fuerza para ayudar al niño y a su madre.

Ella con mucha tristeza recuerda que vio al pequeño Alan en el suelo desangrándose y aún con la punta de un pico de metal para cavar clavado en su cabeza, pero aún aferrándose a la vida, con sus ojos abiertos y con dificultad abriendo la boca.

La vecina entonces se arrodilló en la entrada de la casa acercándose a la mamá del menor y empezó a preguntarle quién fue, quién les hizo esto, quién fue el cobarde autor de semejante atrocidad, pero la joven madre solo seguía pronunciado el nombre de su hijo, “¡Alan, Alan!”.

“No te preocupes, Alan está vivo; ¿quién te hizo esto?, ¿cómo se llama el fulano que te hizo esto?”, insistió la vecina, hasta que la joven madre llegó a pronunciar el nombre de Luis, pero no alcanzó a mencionar los apellidos del agresor.

Los minutos se volvían más tensos porque el niño no dejaba de sangrar y cuando llegó la policía la vecina les mencionó la condición del infante y de inmediato un policía pidió el apoyo de Protección Civil, pero tardó en llegar y cuando acudió hasta el sitio de los hechos los paramédicos descendieron para darle los primeros auxilios al menor y a su mamá, pero a pesar de todos los esfuerzos Alan murió ante la mirada de quienes trataron de salvarlo, mientras su progenitora era trasladada en una ambulancia al Hospital Regional de Río Blanco.

La noticia de Alan se propagó por toda la colonia, mientras que en redes sociales lamentaban la muerte del menor y exigían justicia para que el presunto asesino no escapara de la justicia.

Los vecinos salieron de sus viviendas para observar cómo su unidad habitacional se convertía en escenario de un crimen; algunas mujeres que llegaron a conocer al niño no dejaban de llorar abrazadas a un familiar, observando a lo lejos los trabajos de la Policía Municipal y Ministerial, viendo cómo en una bolsa gris oscura, fría, sacaban el cadáver de un niño que tenía muchas ganas de vivir.

La vecina se quedó fuera, en la calle, respondiendo preguntas de las autoridades y recordando los momentos con Alan.

Nunca se imaginó ver ese tipo de escenas, más con una criatura, la violencia le truncó los sueños, sus ganas de vivir, le arrebató la sonrisa.

Cuando las actividades de las autoridades concluyeron entre los vecinos se organizaron para colocar flores y veladoras formando una cruz frente a la vivienda de Alan, a ambos lados un globo azul con el nombre de él y otro plateado con la leyenda “Un nuevo ángel en el cielo”.