Un modo honesto de vivir

Hands writing on old typewriter over wooden table background

DESDE EL PORTAL

 

MARCELA PRADO REVUELTA

Como toda obra intelectual del hombre, nuestra Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos ha cambiado una barbaridad y casi siempre, por desgracia, de acuerdo a las necesidades políticas del momento. De cada momento.
Conservo el primer ejemplar de la Constitución que me compré en la imprenta Ruiz Ponce, hace tropecientos años, por mera nostalgia. Pero también las que fui adquieriendo en mi carrera de Derecho en la UV y luego, por necesidades profesionales, otras ediciones con las reformas “del primer párrafo, capítulo tal, artículo sopetecientos,”, etcétera, por lo cual, ubicar nuestros derechos en estos tiempos es cuestión de horas, paciencia y tres cafés. Eso me está pasando.
¡Pero lo encontré!. (Aunque fue reformado en junio del 2019. No se si ya lo volvieron a reformar, carajo).

“CAPÍTULO IV. Artículo 34
Art. 34.- Son ciudadanos de la República los varones y mujeres que, teniendo la calidad de mexicanos, reúnan, además, los siguientes requisitos:
I.- Haber cumplido 18 años, y
II.- Tener un modo honesto de vivir.”
Verá usted. El chavito de 19 años que hace un momento trajo hasta mi puerta un pequeño pedido de abarrotes, en una vieja bicicleta y que se gana la vida realmente pedaleando todo el día, es un ciudadano mexicano con un modo honesto de vivir.
La señora que cada mes pasa con su morralito lleno de nopales tiernos, a pleno sol, que anda por los 60 años, es ciudadana mexicana con un modo honesto de vivir.
El pequeño, mediano o gran empresario, que trabaja todo el día, inventa procesos de comercialización de sus productos, hace propaganda, sonríe aunque esté cansado, paga impuestos, sostiene a otras varias familias que dependen de su negocio, tolera a sus empleados y termina el día agotado, son ciudadanos mexicanos con modo honesto de vivir.
Los maestros de escuela, los de la marimba, los albañiles, los comerciantes en pequeño, mi ayudante doméstica, la que lava ropa ajena y muchos, muchos más, son ciudadanos mexicanos con un modo honesto de vivir.
Todos ellos, entre otros muchos derechos y deberes, tienen derecho al voto y derecho a ser votados y electos a un cargo de elección popular.
Pero fíjese que, (investigación de campo y acabé molida), en esa pequeña casa, atiborrada con dos papás, un tío borrachino, una adolescente con tatuajes nuevos, dos individuos malencarados, (los hijos grandes), una abuela perdida en el sillón del patio y dos perros, todos por supuesto mayores de 18 años, encontré una tele que, (si empiezo a ahorrar en este momento, podré comprarme en diez años), ocupaba toda una pared.
¿Usted estudia o trabaja?, la pregunta clásica del chavo que enamora a la chava, en el primer encuentro…
Pues fíjese bien, ninguno de ellos estudia o trabaja. Ninguno de ellos.
-Mire doña, me dice el paterfamilias, aquí con las becas de mis tres muchachitos, las de la suegra y la abuela y mi vieja y yo, nos alcanza bienestar… dice, con socarrona sonrisa de alguien que más bien se nota crudo. Hizo énfasis en bienestar. Anoto.
Ninguno de ellos tienen derecho al voto. Ninguno.
Nadie, que no trabaje y genere su propio sustento, es decir, que tenga un modo honesto de vivir, TIENE DERECHO AL VOTO:
Esa sería una de las reformas que me gustaría que se hiciera a nuestra Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.
Lo demás es politiquería. No Política…