Club de golf Santa Gertrudis

Hands writing on old typewriter over wooden table background

Por: Octavio Rodríguez Pasquel

Amablemente fui invitado a una comida este domingo 26 en que se premiaron ganadores del Torneo Anual del Club y algunos reconocimientos.

No pudiendo asistir por causas de fuerza mayor me impulsó a escribir algunas consideraciones.                

Lo más valioso que tenemos los humanos es la salud que nos otorga tiempo de vida y ambas cosas me las dio el deporte, no de excelencia pero si lo practiqué toda la vida, primero en la A.D.O. futbol y tenis y en la Primera Especial con el Equipo de Fibras Duras que patrocinaba la Fábrica de Yute “Santa Gertrudis”, siendo uno de mis compañeros el papá de los Peña, Rubén y Arturo, que encontré al primero como cadie máster y al segundo como cadie cuando llegué al campo de golf Santa Gertrudis al que atribuyo en gran medida, mi longevidad. Caminé por años diariamente los nueve hoyos y sábados y domingos 18.

Soy de la época anterior a los carritos, cuando éstos llegaron, equivocadamente pensé a veces lo usaré y otras lo manejará el cadie y yo caminaré, esto nunca sucedió, ya no volví a caminarlo.

Además de la caminata gozábamos de un clima benigno que ahora ha cambiado por el calentamiento global pero aún persiste con su calidad un poco  menguada.

Agreguemos el espectacular Valle que habitamos, ocasión hubo que el profesional del campo Rafael Martínez entre los 5 mejores jugadores del país y que hizo jugar a orizabeños y cordobeses, los que lo tratamos lo recordamos con gran cariño y respeto, nos pidió que si podía acompañarnos en el recorrido un ciudadano inglés que hacía algún trabajo en el ingenio El Potrero, lo que aceptamos gustosamente, siendo una de esas de nuestras mañanas luminosas que dio lugar que a la salida de un hoyo, me parece que ahora es el 9, antes de su tiro se puso a contemplar las montañas sobresaliendo entre ellas nuestro majestuoso Citláltepelt exclamó: Si a ustedes les cobraran por ver este paisaje formarían cola para admirarlo, la rutina los ha hecho insensibles a su belleza.

El agradecimiento al Club lo debo compartir con quien nos invitó a jugarlo a Agustín del Puerto, ya fallecido, de gran simpatía y talento, fue el entrañable amigo Ataúlfo Fernández Ortega, afortunadamente en el mundo de los vivos y espero que por muchos años más, tanto Ataúlfo como Agustín dejaron el golf, a pesar de sus facultades.

Jesús “Chucho” Chaín

Los golfistas sabemos que dentro de las categorías la de excelencia es la de campeonato y al único que yo recuerde con reconocimiento nacional es Chucho, en todos los campos, principalmente en los de la Ciudad de México, haciendo gala de su orizabeñismo, nos hacía sentirnos orgullosos con sus triunfos.

Los mortales pasando unas cuantas generaciones desaparecemos de la memoria histórica, por lo que vale el recuerdo de sus logros.