Columna: La Fábrica de Cerámica “La Luz” (1895)

Héctor Efraín Ortega Castillo

Mucho háblase de las empresas cerveceras y textiles que se instalaron en Pluviosilla en tiempos de Don Porfirio Díaz. Aunque poco se dice acerca de los empresarios locales que emergieron con su ingenio y talento de las calles y rúas de nuestra ciudad. Es por ello que en esta venturosa ocasión en que, tras un periodo de sequía intelectual e investigativa, regreso a las páginas de este estupendo periódico que me ha abierto las puertas, lo que agradeceré por siempre. Don Ángel Jiménez Argüelles es el protagonista de esta breve historia. Supongo que algunos lectores han escuchado o leído sobre él, a quien se le atribuye la creación del famoso tranvía que iba de un extremo a otro de Orizaba y que ya en alguna otra ocasión hablaré.

Tras probar las mieles como exitoso empresario del transporte urbano, Don Ángel deléitase su paladar con un novísimo negocio que rendiríale pingües beneficios, incluso superiores a los de su famoso tranvía de mulitas. Invierte mucho de sus caudales en el montaje de una factoría de ladrillos a la que llama “La Luz”, en 1895, y que se ubicaría a unos quinientos metros de la garita de San Miguel, entrada principal a Orizaba desde el Altiplano, o principal salida desde el Golfo, de acuerdo al punto de vista desde el cual se mire. Medía el terreno de la factoría unas 1,600 varas cuadradas, o lo que es lo mismo: 1,124 metros cuadrados y poseía maquinaria hidráulica y de vapor.

Fábrica que construía cualquier pieza de cerámica que se requiriese, siguiendo el modelo que se hubiera presentado; o bien, ladrillos y tejas, pudiendo ser estos de mosaico, de imitación tipo marsellés o de cualquier clase, tamaño y espesor que el cliente indicase para su uso, llegando a hacerse hasta 2,500 piezas mensuales. Por sus condiciones, se convirtió en la primera industria de su tipo y género en todo el país, llegando a exportar el producto a cualquier parte de la República… y para eso cuenta con el Ferrocarril Mexicano directo a Orizaba, y hasta con vías férreas en todos sus departamentos. Industria manufacturera totalmente de extracción orizabeña y que llegara a ser orgullo chauvinista durante varias décadas, pues aún hace unos cuantos años había quien recordaba la “fábrica de ladrillos de Don Ángel” o “de los Jiménez”, como en aquestas tierras provincianas gustase el referirnos a los negocios a los que podemos ponerles rimbombantes nomenclaturas u originales y enrevesadas denominaciones, que siempre serán “el changarro” o “el negocio” de Don/Doña Fulano/a de tal.

Admírese, no obstante, el ingenio, la vivacidad, la tenacidad y la buena fortuna de Don Ángel Jiménez Argüelles, quien en provecta edad, viudo y con seis herederos: Ángel, Ignacio, Enrique, Guillermo, Alberto y Angelina Jiménez Prieto, entrega su alma al Creador, el 31 de agosto de 1902, en medio de la fanfarria y el beneplácito de los pluviositanos de entonces. Su sepulcro mortuorio, ubicado en la antigua entrada del cementerio, distínguese, a tan solo unos metros de la “Niña del Ángel”, por una marmórea columna alabastrina coronada con un ángel que pide silencio…

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