Columna: El primer cacique orizabeño: Juan Coronel

Agustín García Márquez

La encomienda fue una institución que la corona española utilizó al principio de la colonización de México para arraigar a los colonos y soldados en las nuevas tierras y no perder su dominio.

Una encomienda consistía en la concesión de los derechos del rey sobre los indios al encomendero para cobrar el tributo y utilizar sus servicios de mano de obra; a cambio, el beneficiado se comprometía a enseñar la fe católica a los indios y otros elementos culturales europeos, así como a estar siempre dispuesto al servicio militar con armas y caballos.

Las primeras encomiendas las otorgó Gonzalo de Sandoval en noviembre de 1521 después de conquistar la región que va de las cumbres de Acultzingo hasta el norte de Oaxaca. El primer encomendero de Ahuilizapan fue Juan Coronel, natural de Sevilla, España; sus padres fueron Diego Coronel y Elvira Bernal de Hojeda, su esposa se llamó Elvira Hernández, originaria de Ecija.

Tal personaje llegó a Santo Domingo por 1508, vivió la conquista de Puerto Rico en 1509 con Cristóbal de Sotomayor, y con su esposa anduvo en las campañas de Costa de Perlas (Panamá), Venezuela y otros lugares de la entonces Tierra Firme. Luego debió estar en Cuba hacia 1519. Con Pánfilo de Narváez llegó a México en el mes de abril de 1520, por lo que seguramente se encontraba presente cuando Hernán Cortés derrotó a Narváez en Cempoala. Participó en la expedición de Sandoval y recibió las encomiendas de Ahuilizapan y Oztotípac. Se quedó un par de años en la villa de Medellín, fundada en diciembre de 1521 en el actual territorio de Acatlán de Pérez Figueroa, en Oaxaca. Fue a la conquista de Pánuco en 1523 “y otros puertos abajo”. Como otros antiguos soldados de Narváez se convirtió en un enemigo de Cortés.

En 1525 Juan Coronel vivía en Medellín cuando ya se había trasladado a su ubicación actual junto al río Jamapa, en territorio veracruzano, y representó a la villa en la junta celebrada por el Cabildo de México y los procuradores de las villas de la Nueva España en la que se hicieron algunas acusaciones contra Cortés.

Hernán Cortés ya prevenía el juicio en su contra al que se presentó Coronel como testigo de cargo en abril de 1528. En septiembre de ese año, otro documento del Archivo de Notarías de la Ciudad de México lo anotó como alcalde de Veracruz. Por esta época tenía la encomienda de Orizaba, pues se sabe que sus encomendados le llevaban el tributo a Veracruz donde residía.

El prolongado juicio contra Cortés revivió cuando se presentaron los descargos de la acusación en octubre de 1529. Con respecto a Juan Coronel, se le descalificó como un testigo digno de crédito. Fue señalado como hombre de bajos oficios ocupado en hacer calcetas y jubones, además de ser enemigo de Cortés. En el interrogatorio que presentó Cortés para el examen de los testigos de descargo en 1534, agregó que Coronel se había casado con Elvira Hernández en San Juan (Puerto Rico), y que había venido a la Nueva España buscando a su mujer, la que encontró amancebada con Juan Almonte, al que le dio una yegua y otras cosas para que se la devolviera. Además, lo acusó de haberse casado en Veracruz estando aún viva la primera esposa.

Juan Coronel se fue a vivir a la Ciudad de México, y en noviembre de 1536 recibió un solar en la calzada que va de San Francisco a San Lázaro y en septiembre de ese año fue recibido como vecino de la ciudad.

El virrey Antonio de Mendoza había llegado a la Nueva España en 1535, y pasó por el valle de Orizaba rumbo a México. En 1537 le compró a Juan Coronel los terrenos de Oztotípac, para establecer ahí su ingenio azucarero lo que dio motivo a otra famosa acusación contra el virrey. Según la tradición española y hasta nuestros días, en los juicios por corrupción resultaron inocentes Cortés y de Mendoza.

Coronel recibió en 1538 el favor de la corona española que le otorgó su escudo de armas, pero años más tarde, en 1546 que se involucró en el juicio de Mendoza o en 1547, Coronel escribió al nuevo virrey Luis de Velasco diciéndole que vivía en gran pobreza con su esposa y seis hijos, tres varones y tres mujeres, endeudado, enfermo y tan pobre, que “muchas veces no tiene con qué comprar de comer”. De sus posesiones dice tener solamente un “poblezuelo que le da tres cargas de cacao en tributo”.

Por esos años Orizaba, tenía 62 casas con 132 vecinos y sus familias que entregaban diez personas diariamente para su servicio y alrededor de 800 kilos anuales de cacao. Juan Coronel murió hacia 1550 y le sucedió en la encomienda su hijo Matías Coronel. A ambos se les ha olvidado en la historia orizabeña porque prueban que Orizaba originalmente fue un pueblo de indios, pues los verdaderos pueblos de españoles nunca tuvieron encomenderos.