Los errantes

Hands writing on old typewriter over wooden table background

Gino Raúl De Gasperín Gasperín

Dice la sinopsis que este es “un libro inquieto y no pocas veces inquietante”, como algunas de las historias que contiene y sus “cuentos oníricos”.

Ciertamente es un libro inquieto porque es producto y copia de la vida misma de su autora, Olga Tokarczuk, polaca, Premio Nobel 2018. Ella se relata a sí misma desde el primer capítulo como una dama andante. Desde pequeña, contemplando el río Odra, se inspira y hace de su vida un eterno fluir, recorriendo caminos y veredas por donde la inspiración la lleva.

También es inquietante porque las historias, minicuentos, relatos, fábulas, descripciones, reflexiones, cartas, diario de viaje, etc., están más allá de lo que es una novela en sentido estricto, o clásico. Inquieta, porque el lector puede esperar un argumento, una historia, una aventura continuada en las 386 páginas que componen el libro. En cambio, desde la segunda página se encuentra que no hay tal historia. Lo que halla es un tramado de todo lo anteriormente descrito y aún más: pequeños y medianos relatos entremezclados con una variedad de textos aparentemente inconexos. Solo después de avanzada la lectura, el lector descubre que esta mujer está haciendo con su obra una especie de espejo poliédrico de lo que es su vida; su vida y la vida errante de cada uno: una secuencia aparentemente inconexa de vivencias, anécdotas, sueños, deseos, pero que tienen el hilo conductor de la propia vida-historia de cada uno.

Lo interesante de todo este lío narrativo es que el lector va encontrando relatos, esos también, inquietantes: el de una familia de turistas y la misteriosa desaparición-reaparición de la mujer y su hijo en una pequeñísima isla, la historia del erotizado Dr. Blau que fotografía (y no solo eso…) modelos desnudas y visita a la viuda de un colega taxidermista para ver si logra descubrir lo que el difunto escondía en su laboratorio. Es inquietante y absorbente la aventura de Philip Verheyen, quien conserva como valioso objeto de estudio anatómico su disecada pierna amputada y, además de descubrir el tendón de Aquiles e indagar la razón y causa del famoso Dolor fantasma, se enfrasca en realizar los primeros experimentos de plastificación de cuerpos humanos.

También, entre otras historias, Olga Tokarczuk nos transcribe las tiernas cartas en las que Josephine Solimán reclama al rey de Austria, Francisco I, la devolución de la figura de cera de su padre con la que el monarca adorna su palacio “pues todos tenemos derecho a un entierro digno”. Josephine es hija  de Angelo Solimán, nativo de África, quien de niño (“mascota de ébano”) fue vendido como esclavo y vivió toda su vida como fiel y leal sirviente del rey austriaco José, tío de Francisco I.

Amena es, asimismo, la aventura del corazón de Federico Chopin, talentoso compositor y pianista polaco. Chopin murió un 17 de octubre de 1849. Su deceso ocurrió en París y esto constituyó un serio problema para su hermana Ludwika. Federico había expresado repetidas veces que debía ser enterrado en su país natal. Como esto fue prácticamente imposible, al otro día del deceso un cirujano extrajo el corazón de Chopin y lo metió en un frasco de cristal. El frasco fue colocado con cintas y amarres “en zona segura”, debajo del miriñaque de Ludwika y así, de contrabando, pudo llegar a Varsovia, y al menos la parte más sensible de su cuerpo fue sepultado en su tierra natal.

Entre los 120 cuentos, narraciones y fragmentos que forman el libro, se halla el fuerte relato de una mujer casada, bióloga, quien recibe el mensaje de que el hombre del que había estado enamorada desde su juventud se encuentra postrado y sufriendo terriblemente por una enfermedad terminal. Sin dar explicaciones a su esposo, emprende un largo viaje hasta el lugar donde está su antiguo enamorado. Este apenas si puede reconocerla; aun así, le recuerda el compromiso que tienen pactado. Ella lo cumple cabalmente…

Si bien el libro carece, como se dijo, de una historia que se mantenga y cuente en una trama, sea esta como sea, “Los errantes” mantiene la línea narrativa en un argumento central: la experiencia de que todos los humanos somos vagamundos que pasamos nuestra existencia viviendo pequeñas pero significativas historias, unas felices, otras agrias, unas exultantes, otras tristes, unas que duran minutos, otras que necesitan días, meses, años, pero que, en conjunto, forman nuestra inalienable biografía personal.

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