Un lunes negro para Córdoba

Alex Villanueva

Diario El Mundo

Córdoba.- La negación invadió a todos los que veían los restos de la casa que horas antes parecía ser un infierno. Impotentes contemplaban el panorama desolador que dejó la explosión y muchos seguían incrédulos de que las tres pequeñas ya estaban muertas.

Mary Paz, Paulina y Yuliana eran muy conocidas por sus vecinos. Las recuerdan ayudando a su mamá a atender los pedidos del pequeño negocio de antojitos con el que se ganaban la vida. Las pequeñas también vendían dulces.

Otros las recuerdan llegando a casa juntas como siempre al salir de la escuela, pero Miguel se quedó con el más duro de los recuerdos, la imagen y el pánico que sintió al verlas sin vida.

Miguel Álvarez vive a unos metros de la esquina de la avenida 15 y calle 34. En la madrugada escuchó las explosiones y los gritos de ayuda de los vecinos.

Eran las 4:35 de la madrugada cuando el sueño de Miguel fue interrumpido. Salió a ver qué sucedía y entre los gritos escuchó que las niñas estaban atrapadas dentro de la casa.

Las señoras lanzaban agua al fuego que parecía no ceder y bloqueaba la única puerta que daba a la habitación de las pequeñas.

Otros vecinos subieron a una barda para buscar a las niñas en el baño, pero la pieza estaba vacía. “Su papá nos dijo que tal vez habían corrido al sanitario, pero varios nos asomamos y estaba totalmente vacío”, contó uno de ellos.

Al escucharlo, Miguel consiguió un mazo, preguntó dónde estaba el cuarto de las pequeñas y el padre que estaba en total shock alcanzó a decirle donde.

Muchos lo describieron como si de una película se tratara. Con la adrenalina al máximo, Miguel golpeó con fuerza la pared de concreto y con apoyo de otros vecinos, lograron hacer un gran hueco, por donde podían sacar a las niñas.

Miguel logró abrir el agujero justamente frente a la cama, pero la escena fue dantesca: las tres pequeñas yacían inmóviles en un rincón y por más que les hablaban, no respondían.

“Mi hijo hizo hasta lo imposible por salvarlas, pero ya había pasado mucho tiempo, no había nada qué hacer”, contó el padre de Miguel.

Los vecinos sacaron a las tres niñas antes de que las llamas consumieran todo por completo. Afuera, voluntarios del cuartel de Bomberos intentaron reanimarlas mediante el RCP, pero no tuvieron éxito.

Unos seguían trabajando en el patio frontal de la casa, donde el fuego parecía un monstruo y otros permanecieron a un costado de los cuerpos, los cuales fueron acompañados por tres veladoras, un muñeco de peluche quemado y cubiertos por una cobija.

La lucha fue titánica, la unión de todos aligeró un poco la carga emocional que todos demostraban al verse mientras tomaban un poco de café ya entrada la mañana. No hubo héroes, ni milagros y los pocos abrazos solo eran de dolor.

Miguel no tuvo tiempo de compartir un café, se limpió las manos y regresó a su casa. No pudo darnos entrevista pues de inmediato se fue a trabajar.

“Vimos que se amarró un trapo en la mano. Dios bendiga a ese muchacho, pegaba con mucha fuerza, pero eso no nos libró de la tragedia”, dijo Luz del Carmen, vecina de las pequeñas.