Una nueva guerra fría

Hands writing on old typewriter over wooden table background

Parábola X

 

Por Plinio Soto Muerza

La guerra en Ucrania continua, sin que ha nadie parezca importarles un comino lo que ocurre en las fronteras del mundo occidental y la visión oriental del mundo. Las sanciones económicas impuestas a Rusia, están dando un giro y en lugar de afectar la economía rusa, empiezan a debilitar las estructuras económicas de los aliados europeos de los Estados Unidos, y en el seno de esta nación, los problemas de inflación se disparan a niveles que no se habían visto en décadas. Una nueva reconfiguración mundial esta en marcha, pero a muchas personas tal situación no les quita el sueño.
Vivimos un tiempo donde la tecnología nos enlaza con el resto del planeta, y los limites informáticos se quiebran con nuevas aplicaciones digitales. Sin embargo, caminamos en la orilla de la civilización, bajo las nuevas amenazas de guerras nucleares, donde ni puede ni habrá vencedores.
La razón principal de la guerra en Ucrania, la expansión de la OTAN hacia las fronteras rusas, que era una frágil línea roja que Moscú advirtió a tiempo de lo peligroso que era cruzarla, ahora vuelve a estar en Finlandia y Suecia, países en frontera común con la Federación Rusa. En el camino de la locura, los gobiernos de los dos países escandinavos han decidido abandonar su tradicional neutralidad, para alinearse a la OTAN. Tal acción significará que bases militares hostiles a Rusia estarán a la nada de kilómetros de ciudades como San Petersburgo o Moscú. De nueva cuenta una línea roja puede ser atravesada, y las consecuencias podrían ser insospechadas.
¿Por qué naciones que han alcanzado un alto grado de estabilidad y desarrollo social, como Finlandia y Suecia, han decidido incorporarse a una alianza militar, que nació en la guerra fría y frente a la amenaza del avance del comunismo, y que hoy es un contrasentido para la paz y el entendimiento de los pueblos? Hoy ya no existe el Pacto de Varsovia, como tampoco la expansión soviética es una realidad que amenace al mundo occidental y liberal, sin embargo, la OTAN sigue en su expansión belicista. Es una lastima que los gobiernos de Finlandia y Suecia, caigan en las estrategias del mando militar norteamericano e inglés. La guerra en Ucrania sería cosas de niños si la escalada militar se desplaza al mar báltico.
Cuando la globalización llegaba a cada rincón, y se podía pensar en sociedades abiertas, incluyentes, diversas y plurales, donde la coexistencia de los diferentes era una bandera de las y los ciudadanos y ciudadanos del mundo, nos hemos amanecido con la locura belicista desatada, pero cuidadosamente preparada desde hace tiempo por los grupos más xenófobos, racistas y clasistas, que como en Ucrania, habían tomado el control del gobierno; financiados y alentados por los gobiernos de las democracias liberales, estos grupos avanzaron en la provocación. Al final los resultados están ahí: una guerra provocada que alimenta la industria de los señores y barones de la muerte.
La reconfiguración de los centros de poder global, económicos y militares, camina hacia futuros inciertos, y la posibilidad de una escalada de violencia nuclear, se impone a la generación de los celulares digitales de sexta generación. Así como en los setenta y ochentas del siglo XX despertábamos mirando al cielo en previsión del cruce de misiles de destrucción masiva, y la catástrofe nos recordaba que la locura es propia de nuestra especie, hoy la nueva guerra fría abierta entre el bloque occidental y el oriental, nos vuelve a provocar pesadillas. ¿Qué caso tiene que Suecia y Finlandia abandonen su neutralidad tradicional, y aumenten las tensiones militares en el mundo? Tiempos complicados sin duda vivimos.