Las Heroicas jornadas de mayo de 1821 3ª Parte

Adriana Balmori de Amieva
Después de los enfrentamientos, la Villa, es cierto, quedó destruida; toda la zona de combate apareció en ruinas. No existe un registro exacto de los muertos y heridos del enemigo, seguramente trataron de ocultarlos. Sin embargo, en el antiguo templo de San Sebastián, en la plazoleta adjunta y en los baldíos de las casas ocupadas se encontraron once sepulturas, algunas de las cuales tenían hasta tres cadáveres, si a ellos sumamos las bajas causadas en la huida a Orizaba, seguramente suman más de 40 muertos. Se pudo saber que hubo 80 heridos y se les hicieron 13 prisioneros, entre los que se contó también el padre capellán que los asistía.
Entre los defensores hubo 17 bajas de muerte, muy notoria y sensible fue la pérdida del capitán de los amatecos, Pascual de los Santos García, murieron también el capitán Rafael Pozos, varios granaderos, dos heroicos civiles vecinos de la Villa y como heroínas figuran también dos mujeres.
En 1839 cuando se hacían trabajos de albañilería en la Capilla de San Sebastián, se encontró una sepultura que contenía una osamenta que fue identificada como de Francisco Hevia ya que en un dedo tenía un anillo de oro en el que estaba grabado el nombre de su esposa: María Antonia.
Es de hacer notar que desde que se supo de esta defensa, fue unánime la admiración del valor de los pobladores de la Villa y destacados historiadores ven en ella uno de los más notables episodios de la última época de la guerra de Independencia y cuya repercusión fue determinante en los ánimos de los capitanes y tropas trigarantes, además que fue detonante en la adhesión de muchos jefes de ambos bandos al plan independentista y libertario de Agustín de Iturbide. Con el triunfo de la defensa cordobesa se aseguró ya la independencia en una por demás extensa zona.
Cito a don Carlos Ma. de Bustamante que dice en su Cuadro Histórico: “el venturoso triunfo de Córdoba, influyó directa y eficazmente en la Independencia de la llamada Nueva España. Si Hevia hubiera triunfado, habría sacado grandes recursos de las provincias de Veracruz, Puebla y Oaxaca, que podían aún proporcionarlos y los americanos habrían perdido tanto prestigio cuanto fue el que alcanzaron al humillar la arrogancia española en este punto… ¡Quién sabe el cúmulo de males que apartó el cielo de nuestras cabezas, llevándoselo a mejor vida! ¡Debemos agradecer este favor divino!”
Fue por esta gesta como Córdoba se ganó el título de Heroica que le sería concedido oficialmente el 1º de noviembre de 1880. Así mismo el gobierno mexicano creó la Cruz de Córdoba para premiar a quienes prestaron servicios militares en estas jornadas.
Sin embargo, Córdoba les debía un mayor reconocimiento a sus defensores anónimos, ya desde la sesión de cabildo del 10 de abril de 1822 se acordó: “se celebre una función de iglesia anual cada 21 de mayo… se celebre una Misa de gracias solemne, y salva de artillería”, que supongo se efectuó anualmente hasta la llegada de los gobiernos anticlericales y el cierre de los cultos. También por ello, en septiembre de 1824 el gobernador Miguel Barragán, dio la autorización para erigir un obelisco en la Plaza Mayor de Córdoba a la memoria de esta heroica gesta y los valientes defensores de la Villa, a pedimento, entre otros, de los Sres. Cantarines, Echeverría, Illanes y Royo, todos ellos inspirados por el deseo del Excmo. Sr. Dr. don Pablo de la Llave y Fernández de Ávila.
El obelisco, de mármol de Carrara, bellamente tallado en Italia, es de base circular y tres caras, en cada una está escrita una leyenda enmarcada por artísticos y elegantes detalles, en donde según se había especificado en el decreto autorizando su construcción, la primera leyenda dice:
“En loor al patriotismo de los cordobeses durante la Guerra de Independencia”
La segunda reza: “Se erigió este monumento por orden del Concejo Municipal en el año de 1895
Y en la tercera cara se lee: “A la memoria de los defensores de Córdoba en las jornadas del 16 al 21 de mayo de 1821” (Nótese que dice erróneamente, del 16 al 21 de mayo, en lugar de 15 al 21…, ya en otra ocasión platicaremos de ello.)
El alto costo de este hermoso monumento fue de $12, 000.00, pagado de la siguiente manera: $1000.00 el gobierno del estado; $5 000.00 los vecinos y el resto, $ 6000.00, fueron pagados por el ayuntamiento.
Desde esa fecha el obelisco ha permanecido en nuestra plaza mayor, hoy “Parque 21 de mayo”, y no es sólo una bella pieza de frío mármol, nuestro obelisco tiene vida, la de cada uno de los defensores de la villa, la de cada uno de los cordobeses orgullosos de su historia, la de cada hombre ilustre que puso en alto el nombre de su terruño, la de cada niño que aprende a conocer, amar y cuidar su ciudad, y, todas esas vidas las compartimos con amigos, familiares o personas que nos visitan y escuchan asombrados y admirados nuestra historia, que también es un jirón de nuestro México.
Igualmente, en este obelisco que al tacto es fría y dura piedra, está grabado y vivo el recuerdo de los héroes anónimos y de aquellos que no tienen lugar en las letras o los archivos cordobeses, que a lo largo de la vida de la ciudad, han encontrado y les hemos dado en él, un sitial donde se les mantiene vivos.
Tan vivo es nuestro obelisco, que fue el objeto equivocado donde descargar iras, enojos y frustraciones que lo han dejado maltrecho, atropellado, estropeado… ha quedado abatido y herido en su amor propio, como herido quedó el de muchos corazones cordobeses orgullosos de su historia y de su antigua Villa y su nueva y heroica ciudad.
Espero que pronto pueda lucir nuevamente como lo que es, el albo, elegante y hermoso objeto de nuestro orgullo.

Seminario de Cultura Mexicana