Las Heroicas Jornadas de mayo de 1821 2ª. Parte

Adriana Balmori de Amieva
Dados los acontecimientos y las refriegas en los alrededores, al poco tiempo, se reúne toda la población para planear la defensa de Córdoba y en ese acto tres europeos que no quisieron participar fueron desterrados. Se nombró al militar Antonio Guarda el Muro y al civil Francisco Calatayud para dirigir la fortificación de la Villa. Para su disgusto, la población, declina el ofrecimiento de Guadalupe Victoria para dirigir la defensa de la Villa y se acuerda ponerla en manos del coronel José Joaquín Herrera.
El 10 de mayo empieza la acción, como pólvora corre la noticia que el coronel Samaniego intenta por Naranjal cortar la retirada de la Novena división que regresaba a Córdoba, por ello 250 voluntarios se parapetaron en la plaza desasosegados por no contar con armas; acto seguido, el capitán Gómez y el civil Francisco de la Llave, solicitan refuerzos en el cercano pueblo de Amatlán y pronto vieron llegar a la Villa 20 vecinos amatecos armados, y también con ellos a 30 zapadores todos a las órdenes de su capitán Pascual de los Santos García.
El 12 de mayo llega José Joaquín Herrera con 200 infantes y 100 caballos. También arriba de Chocamán, la compañía del capitán Félix Luna. Encargan entonces al teniente José Durán la supervisión y perfeccionamiento de la fortificación. De inmediato se unen a Herrera 80 civiles, patriotas dispuestos a morir en la defensa. A los demás vecinos voluntarios para los que no había armas se les encomiendan otros servicios como vigilancia y defensa de los parapetos. Así mismo el teniente Durán envía a Antonio López de Santa Anna, que volvía de Alvarado a Veracruz un correo urgiéndole venir en auxilio de esta plaza.
Con los ánimos exaltados y un enorme fervor patrio, los futuros héroes de la Villa de Córdoba, mandan a niños y ancianos a esconderse fuera de la Villa, mientras esperaban el rugido del “león ibérico”, seguros de que no iban a permitir que sus garras los alcanzaran aún a costa de sus vidas.
Y empieza la acción…
15 de mayo, martes.- En las primeras horas de la mañana tiembla la tierra, aunque de baja intensidad el temblor inquieta los ánimos como si fuera un mal presagio. No obstante, Félix Luna vigila el camino a Orizaba por órdenes de Herrera y se encuentra con Hevia y el batallón de Castilla, hay un pequeño enfrentamiento en la barranca de Metlac; Luna ordena la retirada ante la superioridad del enemigo. Hevia, taimado y conocedor de la región, les da la vuelta y entra a la Villa de Córdoba por Paso Ancho -el camino a Naranjal y actualmente la calle 9- con gran ejército y abundante armamento y se instala en la plazuela de San Sebastián, donde toma dos casas, la de Antonio Cevallos y la de Blas Serrano.
16 de mayo miércoles.- Día crucial: Los realistas llegan hasta la fortificación insurgente, luchan cuerpo a cuerpo y tienen que emprender la retirada. Hevia, furioso manda cañonear la casa de la Botica, propiedad de Bernardo Herrera, medio hermano de José Joaquín, el jefe insurgente; como no le hacen mayor daño, él, personalmente toma el lugar del artillero y en ese puesto recibió una bala en la sien, que lo mató al instante, sus subordinados depositan su cuerpo en la capilla de la casa en la que se encontraban y en la madrugada lo llevan a la antigua Capilla de San Sebastián que estaba ubicada en el solar de la plazoleta, enfrente de donde está ahora la pequeña iglesia, y ahí, sin féretro, sin honores, con prisa y a hurtadillas, Hevia es sepultado. Todos guardan como máximo secreto la noticia de su muerte: ¿fue Pascual de los Santos el insurgente de Amatlán el que disparó? Se dice, no se sabe a ciencia cierta, pero ese día también murió Pascual. En el mismo lugar estaba otro amateco, Miguel Francisco que también pudo ser el autor de la muerte de Hevia. Al respecto se dice así mismo que la bala fue disparada por el capitán José Ma. Velázquez que poseía la fama de ser el mejor tirador de la Nueva España, habilidad que había adquirido como excelente soldado del batallón de cazadores que por muchos años estuvo, en las laderas del Popocatépetl.
Toma entonces el mando realista el teniente coronel Blas del Castillo y ordena quemar toda la manzana donde se hallaba La Botica, pero sólo esa casa arde, de ahí en adelante a dicha casa y ahora plazoleta, se le conocería como “La Casa Quemada”, en la actual avenida 5 y calle 7, casi enfrente de la casa donde según testigos, cayó muerto Hevia.
17 de mayo jueves.- Intentan, sin lograrlo, quemar la manzana siguiente.
18 de mayo viernes.- Al amanecer se redobla el fuego y los insurgentes lo repelen valerosamente, y en su auxilio, aparece el bribón y traidor por excelencia de la historia de México: Antonio López de Santa Anna, con infantería y caballería; al darse cuenta, el enemigo empieza a acobardarse y no hay más refriegas. Pernocta en la Hda. de Buenavista, actualmente en la zona conurbada Córdoba- Peñuela.
19 de mayo sábado.- Santa Anna iza una bandera a campo raso, esperando el ataque enemigo en ese lugar, como no llegan, los ataca con cañones en su resguardo de San Sebastián.
20 de mayo domingo.- Al amanecer los realistas inician un débil ataque, por lo que el coronel Herrera pide a Blas del Castillo su rendición, sin embargo, por la noche reanudan vigorosamente el fuego y son repelidos de igual forma. Viéndose perdidos los realistas, esa noche, ¡huyen!, dejando a unos cuantos soldados con órdenes de disparar de manera esporádica, disparos que cesan al poco tiempo.
21 de mayo lunes.- De madrugada al no oírse más disparos, los insurgentes entran a la plaza enemiga comprobando su huida. Inmediatamente corrió por toda la población la noticia y se confirmó la muerte de Hevia. Es así que el 21 de mayo se inició la celebración, pero ese día, nos queda claro, no hubo batalla, ni refriega, vaya, ¡ni un tiro! es más, las acciones tampoco tuvieron lugar en la Plaza Mayor de la Villa, hoy Parque 21 de mayo.
Continuará…

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