El deleite del jazz

 

Daflin García
El Mundo de Orizaba

El sonido del contrabajo vibra contra el piso a todo lo que da mientras Luri Molina “pellizca” las cuerdas. Ese “tum”, “tum” que hace latir el corazón de los presentes se eleva al entrar el ritmo del saxo acompañando ese latir, es Diego Maroto apoderándose de las notas y logrando una fusión musical que transforma el patio de Rococó Banco Cultural del Café durante el cierre del primer Coffee Jazz Fest.
“¡Qué te puedo decir, la verdad es que soy muy afortunado!”, dice Luri en una breve entrevista en la que asegura que el jazz huele “rancio”, que nadie sabe a ciencia cierta de dónde salió la palabra para denominar el género y que es muy pleno cada que “acaricia a la gordita”, su contrabajo.
“Yo me siento afortunado de hacer lo que me gusta y tocar mucho con gente que quiero y que cuenta con una muy buena calidad musical, con músicos muy buenos de los cuales sigo aprendiendo todos los días, ¡que puedo decir entonces soy un hombre feliz y afortunado y ya”, asegura mientras sonríe y se seca el sudor con la manga de su camisa azul, pero son esas gotas saladas que brotan por la alegría, la euforia y el placer de hacer lo que te gusta.
Amistad y más
Luri tiene más de 30 años de conocer a Diego y además de ser muy buenos amigos, hacen una gran mística y fusión en el escenario, se les ve entregados al ritmo, se les ve jugar, bromear y extasiar al público con cada melodía y agradeciendo al universo el coincidir en un instante mágico y lleno de música.
Diego no le ha puesto nombre a su sax, pero no porque no le tenga afecto, sino que él opta por dejarle unas bellas marcas a ese instrumento de viento dorado. Es una especie de rosal grabado a mano que se distingue desde la distancia y que le da presencia a Diego a la hora de dejar escapar el ritmo.
Para él, el jazz huele a sexo… y a comida. “Huele a sexo y a comida, el sexo y la comida para mí van de la mano”, dice mientras ríe y reconoce que es la primera vez que visita Córdoba, pero que garantiza que volverá, pues “el lugar donde tocamos es una genialidad tiene un gusto increíble Manolo, me quedo con ganas de volver como para conocer mejor la ciudad y conocer más a la gente, que hasta donde me doy cuenta ahorita son a toda madre”.

Los márgenes
Este concierto que fue la última actividad que se organizó dentro del primer Coffee Jazz Fest fue la que financió las actividades públicas, por eso tanto los organizadores del evento como los músicos no dejaron de agradecer al público la aportación y así acercar a la gente al jazz, pues es un género poco conocido, pero no sólo en México, sino en el mundo entero.
“Pocos lo conocen, realmente, ¿qué siento al ser jazzista en México?, lo mismo que siento siendo jazzista en cualquier parte del mundo, en serio, es un género marginado en todas partes, ningún jazzista que toque y que sea honesto con lo que hace y se apegue a la música que le gusta vive en la opulencia de ninguna manera, te digo aquí o en el mundo porque lo he comprobado, ser jazzista en México no es peor que ser jazzista en otro lado”, explica Diego y Luri asiente, sin embargo, ambos se sienten dichosos de hacer lo que les gusta.
“Soy feliz siendo músico, un músico apasionado parado en esta pelota del sistema solar… feliz y ya”, remata Diego y recuesta su sax mientras acomoda su sombrero.

Excéntricos
Luri admite que todos los jazzistas son excéntricos, metidos en sus pasiones y sabe que llegó de una manera fortuita al género, pero no quiere irse.
“Para empezar fue una cosa que nunca escogí, fue muy fácil entrar a ser músico, cuando menos me di cuenta ya estaba yo estudiando música en forma, sin hacerme cuestionamientos de que si iba a ganar lana o si me la iba a pasar bien, normal o si se veía bien o mal… y eso que en mi familia no hubo músicos, ninguno, pero sí me dejaron ser y eso agradezco, siento que de una u otra manera mi familia me dejó ser y sentir cierta libertad y yo tomé la decisión, al principio era rock lo que yo escuchaba y hacía, no sabía nada de lo que era el jazz, pero así solito lo conocí y de manera fortuita fue que me llegó, fue una grabación de un amigo que me pasó, un disco de Miles Davis que se llama “Run about midnight” y me enamoré… y así solito yo dije quiero tocar esta música y pues en eso ando aunque también me gustan otras músicas hago otras cosas, pero lo que más me apasiona es el jazz definitivamente y ¿qué se siente?, pues no sé, se siente lindo hacer lo que yo quiero hacer y vivir de eso”.

La pasión
Luri y Diego saben que hacer la música que te gusta y no la más popular es un riesgo, sin embargo, coinciden que sino hicieran lo que les gusta no serían tan felices y plenos.
“Sigo viviendo a veces con angustias económicas no te voy a decir que no, pero a la hora de tocar se me olvida y finalmente siempre sale y siempre se resuelve porque es lo que amo hacer y no me ubico haciendo otras cosas ni otra música y créeme que de repente digo ‘uta a Fulanito le va muy bien haciendo otra cosa, ese wey gana muchísimo más que yo’ y de pronto me pongo a escuchar eso que está haciendo y es cuando digo ‘es que no puedo, yo no soy músico por hacer dinero’, o sea obvio que me gusta vivir bien, aunque ‘¿qué es vivir bien también?’”, se cuestiona mientras cruza miradas con su compadre Diego. El calor en la sala es sofocante y hay una par de latas de cerveza que se entibian en espera de sofocar la sed de los jazzistas. Es momento de cerrar micrófonos y convivir con la gente que disfrutó durante dos horas de su música.

Abrazar la creatividad
Ya pasa despedirse, Diego y Luri hablaron con el corazón para aquellos que buscan un espacio dentro del jazz, el rock o cualquier otro género musical.
“Abracen a su ser, abrácense a sí mismos y en lo que creen, a la música en la que creen, a su ente creativo, que lo alaben y lo protejan porque allá fuera es una jungla y los depredadores están a la orden del día para matarte tu sueño y tus metas, entonces busquen a la gente que los quiere, que los apoya, que aprecian lo que hacen y que los impulsa, de todo lo demás olvídense, porque así le he hecho yo y, créanme,he perdido tiempo dedicándole espacio de mi pensamiento a cosas que no sirven absolutamente para nada, como el ¿qué estarán pensando?, el quiero ser complaciente para ciertos oídos, eso no los lleva a ningún lado,” afirma Diego.
Mientras que Luri, hasta alza la voz al hablar de la inspiración, del ser uno mismo y la importancia que debemos darle en nuestras vidas.
“Que sean y piensen en lo que les gusta y lo que los apasiona y que hagan eso sin pensar… yo fui y sigo siendo y cuando empecé me dejé llevar por lo que me gustaba, si me preguntan cómo quién quería ser, te juro que siempre quise ser yo, claro que tengo ídolos musicales o creativos, admiro a mucha gente, pero siempre quise ser yo, lo más importante es hacerle caso a tu ser, a ti mismo, ser lo más honesto contigo, porque esa es la única felicidad para mí o morir en el intento de hacer lo que tú quieres sin importar los otros, tú eres lo que piensas, lo que oyes, lo que comes y eso… pues déjate llevar, no quieras ser otra persona que no eres”.
Por ahora el sax dorado descansa en el sillón y “la gordita” está recostada en el patio. Luri y Diego agradecen a los asistentes, celebran el calor, la euforia, se toman selfies con los fans y prometen volver a Rococó Banco Cultural del Café, a Córdoba y a la zona centro a derrochar música por los poros, divertirse y por qué no, tomarse un rico café.