Docentes que inspiran

Adoración Castelán
Diario El Mundo

Hoy celebramos a aquellos profesionales que dejan todo en las aulas cada mañana para dedicarse con amor a la formación de las nuevas generaciones. Trabajo que, en muchas ocasiones y sobre todo en los niveles básicos, va más allá de enseñar una asignatura, hacer que se aprendan cuentas, fechas u ortografía; los maestros, en la mayoría de las ocasiones, desempeñan un papel relevante en la vida de los estudiantes cuando se disponen a ser empáticos, pacientes, grandes consejeros y, en pocas palabras, piezas clave en su desarrollo integral.
Y a manera de reconocimiento, hoy les presentamos la historia de Maricela Adriana Solís Lagunes, quien dedicó más de 40 años de su vida a la labor docente con compromiso, entrega y responsabilidad al servicio de la niñez.
La maestra Maricela, como cariñosamente la conocen, se distinguió entre sus 3 hermanas por ser aventurera, divertida y juguetona como cualquier niño pequeño. Fue criada por sus padres, el señor Rafael Solís Laboñe, y su madre, la señora Judith Lagunes Lagunes, quien también se desempeñó gran parte de su vida como maestra.
Ambos padres, siempre vieron que a Maricela y a sus hermanas nunca les faltara nada, siendo padres trabajadores que lograron sacar adelante a sus hijas dándoles la oportunidad de siempre estudiar y, por supuesto, de elegir una carrera. Porque como su madre siempre decía: “El conocimiento sería su mayor y única herencia”.
Maricela, siguiendo los pasos de su hermana mayor y de su madre, decide realizar la licenciatura en educación básica en la Universidad Pedagógica Veracruzana (UPV).
“Siempre he sido inquieta, con ganas de aprender; no me gusta quedarme con duda de nada y pregunto. Me gusta participar en todo, externar mis opiniones con respeto y mantenerme actualizada porque la educación eso requiere. En mis inicios como docente hice varios diplomados por parte del Tecnológico de Monterrey y, al final de mi carrera, me jubilé en febrero de este año, no fue diferente; siempre estaba buscando qué aprender y compartirlo con mis compañeros para crecer juntos”, cuenta la maestra Maricela, quien se inició en la primaria José María Morales y Pavón en Cuitláhuac, Veracruz, en 1981

Crecer como persona
Como casi a todo maestro, en un principio Maricela abandonó Córdoba para estar en los municipios donde impartía clases, situación que la hizo crecer como persona y valorar su hogar y su familia. Ahora ya jubilada y con su única hija también dedicada al magisterio, Maricela se da cuenta que es algo que no ha cambiado: los maestros siguen graduándose para empezar a ejercer a horas de su casa, muchos con la oportunidad de ir y venir; otros sin esa suerte, pero todos con la ilusión de presentar un examen que les permita un cambio de plaza.
“Yo estuve en Cuitláhuac, luego en la comunidad Puente de Oro; seguí en La Posta y más tarde en una primaria en San José de Gracia. Después llegué al centro de la ciudad de Córdoba en donde estuve veintiún años en la Escuela primaria Francisco I. Madero.
En el 2011 me empecé a hacer cargo aparte de un grupo en una escuela nocturna de una dirección en otra escuela céntrica de la ciudad. Así es como terminé mis más de 40 años de servicio, muy plena con mi labor. Aún me siento joven y con muchas ganas de compartir lo que sé, pero veo a las nuevas generaciones de maestros buscando la oportunidad de demostrar lo que han aprendido, de tener una plaza más cerca de sus familias y me retiré con la cabeza en alto para dar paso a todos esos nuevos maestros que vienen empujando duro”, narra Solís Lagunes.