Matar a un ruiseñor

Hands writing on old typewriter over wooden table background

Gino Raúl De Gasperín Gasperín

Esta novela, que resultó la más apreciada en 125 años según una encuesta realizada entre sus lectores por el New York Times, fue escrita por Harper Lee, abogada norteamericana nacida en 1926 y fallecida en 2016. Fue publicada en 1960. Desde entonces no ha dejado de ofrecerse en algún estante de una librería.

La narradora y protagonista es la pequeña Jean Louise Finch, (Scout). Es hija de Atticus Finch, el abogado del minúsculo pueblo de Maycomb, en donde el clima es tórrido y campean características de cualquier lugar pueblerino: todos se conocen, las amistades y enemistades son eternas, viven vetustas y agrias señoritas solteronas, se oyen ruidos extraños en las casas, viven fantasmas y ogros  que acosan a los lugareños, hay un sherif, un juez y un fiscal, una escuela elemental y una pequeña tienda que surte de lo indispensable; unas familias de miserables desocupados que viven en los vertederos del pueblo y otras de blancos que desprecian y aborrecen a familias de negros que habitan en los suburbios. “Maycomb, dice la narradora, era una vieja población, pero además era una vieja población cansada cuando yo la conocí” (24).

Allí parece no suceder nada especial, nada fuera de lugar. El abogado ocupa sus horas en estudiar y leer diarios, los niños asisten a la escuela, Calpurnia, la sirvienta negra, batalla con los niños Scout y Jem, huérfanos de madre, que crecen bajo su vigilante disciplina  hasta que algo sucede que recrudece los males de aquel pueblo de calles enlodadas. Scout, su padre y su hermano vivirán una experiencia extraordinaria que les marcará toda la vida.

De pronto se sabe que un joven negro, Tom Robinson es detenido por el sherif, acusado de violar y lesionar a Mayella Ewell, una muchacha blanca, hija de un desobligado sujeto, borracho y pendenciero, salvaje y perezoso que vive solo de los programas sociales del gobierno. Tom tiene fama de ser un muchacho honesto, trabajador, servicial, pero la acusación en su contra es avalada por las familias de blancos que prejuiciosamente desconfían de todos los negros.

Al ser Atticus el abogado oficial, a él le es encomendada la defensa legal del acusado. Esto es motivo para que los niños de la familia Finch sean continuamente señalados de ser afectos a los negros y ser objeto de burlas y agresiones. Esta situación los afecta hasta el grado de enfrascarse en riñas con sus compañeros y con quienes son partidarios de la discriminación racial.

Llegado el día del juicio, Scout y Jem, acompañados de su amiguito Dill, asisten y se acomodan entre  los negros, familiares y amigos de Tom. Atticus logra hacer una muy bien estudiada y armada defensa, pero la decisión del jurado, integrado totalmente por blancos, se inclina por considerar a Tom culpable y es sentenciado a la pena de muerte.

Tom no podrá resistir la injusticia y, estando en la cárcel, decide huir aun a costa de su propia vida…

Los años pasan. Atticus y los niños sufren el resentimiento de los habitantes blancos, aunque algunos, en privado, le reconocen su valentía, entereza y su espíritu de justicia. Los negros le expresan su agradecimiento, aunque saben que, de cualquier manera, ellos, por la segregación racial tan profundamente arraigada, especialmente con los habitantes del sur de Estados Unidos, jamás podrán lograr un trato justo y humano.

Cuando Scout tiene ya nueve años y Jem ha entrado en la pubertad, en ocasión de un festejo escolar, en donde Scout tiene que ir disfrazada de cerdo, Ewell, el padre de Mayella, la muchacha blanca violada, ve la oportunidad para vengar lo que él considera su honor afrentado. En el juicio de Tom, Atticus ha logrado que, de manera indirecta, se infiera que el negro acusado es inocente y que la culpa recae en un sujeto, desobligado, borracho y pendenciero, salvaje y perezoso que vive solo de los programas sociales del gobierno…

Aprovechando que los niños regresan de noche, Bob Ewell, cobijado en la oscuridad, agrede a Scout y a Jem hasta el grado de fracturarle un brazo al jovencito. Ewell es encontrado muerto, con un cuchillo de cocina atravesado en sus costillas…

La historia, como se dijo, es narrada íntegramente por la niña Scout, lo que tiene la virtud de ser un relato ameno, simpático, ingenuo, suave, divertido, que ve los sucesos con un espíritu limpio y desprejuiciado, pero que le abren los ojos a una realidad lacerante: la discriminación y el abuso del que tiene poder, así sea fruto de un prejuicio estúpido.

Pero, y hay que decirlo, el lenguaje narrativo no puede ser el propio de una pequeña. Rasgo que el lector debe tener en cuenta y que debe aceptarlo, aun inverosímil, para disfrutar una novela que, no por eso, pierde su encanto.

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