La “mafia del beber”

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DESDE EL PORTAL

 

Marcela Prado Revuelta

En todas las culturas que en el mundo han sido y siguen siendo, el consumo de bebidas alcohólicas ha sido parte, en principio, de rituales religiosos. Convertir el agua en vino, el pulque de las princesas, el licor que embotó a Moisés, etcétera, etcétera, etcétera, como diría Yul Bryner.
Si usted es alguien a quien interesa el asunto y tiene su “culturita”, como diría Juan Vicente Melo, sabe perfectamente que en las bebidas producidas por simple “fermentación alcohólica”, (como el vino, cerveza, sidra, sake, hidromiel y otras), el nivel de alcohol no supera los 15 grados y están las otras, por “destilación”, que superan los quince grados,(brandy, tequila, whisky, ron, vodka, cachaza, ginebra, pisco y muchas más) y, en el caso de la absenta, puede llegar a 89 grados de alcohol: la absenta famosa en las novelas, en que los bohemios se ponían más bien hasta las manitas.
La destilación es el simple proceso de “separación del agua y alcohol de un líquido previamente fermentado”. Y la materia prima pueden ser cereales como cebada, maíz o centeno, tubérculos como la papa o desechos de frutas, como en el caso de la grapa, que pega que no le cuento. (Sí, desechos: las cáscaras que usted tira a la basura. En este caso, el hollejo de la uva, que ya se utilizó para el vino).
Las bebidas contienen alcohol etílico, (etanol), que es una droga legal, recreativa y permitida en la mayor parte del mundo. De manera moderada, reduce la ansiedad, produce euforia, lo pone a usted simpático y hasta “le suelta la lengua”, que luego es difícil amarrar de nuevo y la riega: “Compadre, perdóname, no quise decirte que tenías cuernos”, compadre, la regué”. Se pone simpático, luego impertinente y luego intolerable, digo.
El alcoholismo produce millones de muertes en el mundo. Millones.
Y el alcoholismo, en nuestro País, está de “mírame y no me toques, compadre”. Y en estos tiempos, mayoritariamente en los varones jóvenes, aunque las niñas bien no lo hacen tan mal, Digo, otra vez. Pero ahora los jóvenes tiene su beca de “Jóvenes destruyendo el futuro”. A gusto, salud.
Recuerdo que ya algo platiqué de la Ley Seca y su historia, que comenzó en los Estados Unidos y que dio lugar a una afianzamiento de “La Mafia” y la “Cosa Nostra” y todo eso. De aquella “mafia del poder y del beber”. Recuerdo.
Pero, ¡carajo!, otra vez se aplicará la “Ley Seca”, porque al INEpto, INEficaz, INEnarrable y cosas peores, anciano que tenemos de presidente, (con minúsculas, a propósito), se le ocurre una votación de farsa, circo, maroma y teatro, para ver si lo “revocan” o lo apoyan en las urnas, para que por favorcito se quede. Un carajo grande.
Pero grande.
Jubilada como estoy y con tiempo para estos y otros menesteres, hice un pequeño recorrido en mi ciudad, en mercados, supermercados, tiendas de conveniencia, tienditas de la esquina y otros lugares que no les cuento, para observar, de primerísima mano, (¡que no le cuenten, que no le digan!), cómo andaba la cuestión de la Ley Seca.
¡Mojadísima! Así anda.
-“Cuando hay ley seca, señora, es cuando más vendemos”
-¿Qué?, pregunto con mi libretita en mano…
-“Sobre todo six pack, para los chavos. Y rones y tequilas. Los ponemos de oferta al dos por uno con papitas de regalo”, me dicen.
-Nos va bien”, me dice el encargado de una tienda de conveniencia, de la esquina de la casa de ustedes, que no se da abasto para atender la demanda y está recibiendo el producto que le dejan dos camiones, -dos- de chelas y cosas peores.
Ahí van las becas. Los apoyos para la “ancianidad”, (que usufructúan los nietos vagos desaprensivos). Allí se van las becas para libros. Ahí se ahogan…
Como me estoy cansando de enojarme y llorar, me senté un rato a reírme de aquello de la “mafia del poder”…
No. “Esto es la mafia del beber”, me dije.
No se que se beba antes de la mañanera…
He dicho…