Columna: FUGA EN RE-O MAYOR

LILITT TAGLE

Porque el hombre combate conscientemente contra la realidad que lo rodea; el hombre es este espejo del que escuchamos siempre el rumor de sus armas.

  • Yo estuve en la cárcel. Se lo quiero decir por mí mismo.

Alto y moreno, de complexión delgada, clavó en mí la negrura de sus ojos y vi un chispazo cruzar por sus pupilas. Me había simpatizado desde el año anterior cuando, sin referencias, por un anuncio en la calle, lo contraté para cambiar las vigas de la pérgola. Desde entonces da mantenimiento a mi casa. Mientras trabaja, suele subirse la capucha de la sudadera y calarse encima una gorra. Sus primeras palabras me dieron la explicación a esa costumbre.

Ahora, bajo la enramada que floreció en las vigas nuevas, serví sendas tazas de café, y me senté a escucharlo.

  • Estuve en la cárcel aquí en Orizaba, pero me fugué. No habían pasado tres meses cuando ya tenía un plan de escape. Fue por lo que cambiaron de lugar la cárcel.

Seguí tomando mi café sin inmutarme. No sabía si el hombre presumía o abría su corazón. Guardé silencio.

  • No quiero que usted se entere por otras personas. Me apañé una bola de rafia con la que se tejen bolsas ahí adentro, corté tramos y los torcí para darles resistencia. Me descolgué por la parte de atrás de la cárcel y cuando sentí, ya había caído al río. A pesar de los calcetines en las manos, la cuerda y mi peso las luyeron hasta sangrar.

Y si en lugar del espejo pensamos en el hombre (o colocamos al hombre en el sitio del espejo), advertiremos que la realidad entra y sale en y de él, transformada siempre.

Esa noche, un amigo mío, bajo la misma pérgola, me habló de la histórica fuga del general Ignacio de la Llave, ilustre orizabeño cuyo apellido lleva el estado de Veracruz. Este hecho sucedió en el cuartel, ubicado no muy lejos de donde estaba el antiguo reclusorio de donde se había fugado F. 146 años después.

  • Los historiadores dicen que el general escapó, quizá vestido de mujer, por la puerta principal del cuartel, pero yo tengo otra hipótesis y evidencias de que posiblemente no fue así.

El respaldo del reclusorio colindaba con el río que cruza la ciudad de norte a sur y siguiendo su curso aguas arriba, a poca distancia se encuentra el cuartel de Orizaba, de donde se fugó el general De la Llave en 1863, cuando era una base militar francesa, después de haber sido apresado en Puebla.

  • Descubrí una entrada a mi propiedad en la colindancia con el cuartel. La puerta fue tapiada desde adentro, pero yo encontré los herrajes y residuos de madera, los travesaños de la puerta quedaron vaciados en el cemento de la tapia. De la Llave era muy alto para haber escapado vestido de mujer como asegura José María Naredo en su Historia de Orizaba. Tengo la creencia que escapó por esa puerta, pues mi propiedad era en aquel entonces, un molino de trigo.

Al intentar dar alcance a Benito Juárez y a su gabinete en San Luis Potosí, sus propios escoltas asesinaron al general, pues se despertó en ellos la codicia por las alforjas con onzas de oro que llevaba consigo.

Por el solo hecho de invertir las imágenes, el espejo distorsiona, cambia, transforma la realidad que refleja. El hombre moreno y recio, alto, de mirada penetrante, siguió diciendo:

  • Caminé por la ribera del río y fui a dar cerca del cuartel, ahí salí y me pelé para Puebla en un autobús de la central que está ahí a una calle. En 2009 me volvieron a apresar y entonces purgué una condena de diez años. Anduve por un montón de cárceles, las federales son las más difíciles porque uno nunca sabe dónde está.

Todavía no sé si llamaré de nuevo a F., pero mi amigo quedó de volver para ayudarme con el mantenimiento.