Escudo de Córdoba. Su cuna, cómo se perdió y recuperó

Ernesto Rivera Pernia

Adriana Balmori Aguirre

Colaboración especial

Los escudos están ligados a la historia de la población, simbolizan en general valores como la paz, la justicia o la integridad. En los territorios que en su momento formaron parte del Imperio Español el escudo de la población indica el lugar sede del gobierno, ahí donde se acude a cumplir con las obligaciones civiles, pero también a exigir los derechos. Esta característica se origina en las guerras medievales ya que los escudos eran utilizados por los nobles además de protección como su identificación, alrededor de ellos se congregaban sus siervos que no tenían preparación militar, pero acudían a pelear; la mejor posibilidad de sobrevivir era mantenerse cerca de la protección del noble y sus caballeros.

Cuando España era un embrión en el pequeño reino Astur al norte de la península Ibérica, intentaba desarrollarse recuperando terreno a los musulmanes que habían conquistado casi todo el territorio. Las superficies ganadas eran rápidamente ocupadas por valientes colonos bajo la protección de un noble o de una orden religioso-militar. 

El 13 de octubre de 824 un grupo de colonos se establecieron en un paraje llamado Brannia-Ossaria (lugar de brañas de pastoreo y osos) perteneciente en esa época a Asturias y ahora a Palencia en Castilla y León,  solicitaron permiso al rey para establecerse, administrarse y protegerse ellos mismos sin ayuda de nobles, ni orden alguna. El rey lo autorizó y les fue concedida la primera carta puebla con derechos directos, les otorgó un nombre, un escudo y el derecho de contar con una administración propia por medio de individuos designados por ellos mismos. Así nació el Fuero de Brañosera, constituyendo formalmente la primera organización administrativa local, lo que sería el germen de los actuales cabildos o ayuntamientos. El nombre le dio identidad al poblado y el escudo sería el símbolo de su autonomía administrativa, para bien o para mal.

Así, durante el proceso de la reconquista del territorio peninsular que duraría varias generaciones, se fundaron muchas poblaciones con cabildos propios llegando a ser un derecho bien afianzado en la cultura de los españoles, por eso no es de extrañar que al llegar a territorios americanos, trajeran en la mente esa institución instalándola en la primera oportunidad, como lo fue en 1519 la fundación del primer cabildo en tierra firme, la Villa Rica de la Vera Cruz, hoy nuestro querido puerto de Veracruz la cual, aceptada por el Rey, le otorga su escudo propio.

Poco tiempo pasaría para que, los nativos socios militares de esos españoles, conocieran el sistema y quisieran implementarlo para obtener alguna garantía para sus poblados y tierras; a partir de esto, se volverían católicos e inventarían una historia mítica relacionada con alguna santidad. Durante más de 250 años cientos de localidades mantendrían su nombre original sólo agregándole el de la santidad a la tendrían como santo patrono, aunado a un fundo legal que protegería sus tierras comunales y sobre todo un escudo que les daría identidad. De los primeros en lograrlo fueron los tlaxcaltecas en 1525.

No existía una reglamentación para las fundaciones de poblados, lo que generó múltiples conflictos en los territorios conquistados, así que el Rey Felipe II “El Prudente” dictó en 1573, aunque se imprimieron hasta 1576, las instrucciones obligatorias y muy precisas que debían aplicarse en los procesos de exploración y descubierta de nuevas tierras, además de la forma de fundar poblaciones en su extenso imperio “donde nunca se ponía el sol”, por lo tanto incluida América, conocidas como las Ordenanzas Reales de Felipe II, en las que es importante destacar que delega en los virreyes, audiencias o gobernadores la potestad de crear nuevas poblaciones siguiendo rigurosamente lo establecido en dichas ordenanzas.

Así, el 29 de noviembre de 1617 el virrey D. Diego Fernández de Córdova y López de las Roelas, marqués de Guadalcázar y conde de las Posadas, emite de acuerdo con las Ordenanzas Reales, el Titulo de Fundación para la villa de Córdova, con lo que se iniciaba el proceso de su fundación. Importantes concesiones le fueron otorgadas a la nueva villa, pero sin duda la más destacada fue concederle como escudo las armas reales, en aquel entonces las de Felipe III: …teniendo por armas la dicha villa para mayor honra las armas reales, perpetuamente y se pongan y fijen en las partes públicas.

El escudo de Felipe III está formado a su vez por doce escudos de armas, los suyos y los de aquellos con los que tenía alianzas. En estos casos se le denomina escudo cuartelado y el escudo principal deberá estar en el primer cuartel en lo alto y diestra del escudo. El “escusón” o “sobrescudo” es una pieza honorable que consiste en un escudo de pequeño tamaño con la misma forma del principal y que se encuentra en la línea central del escudo o blasón principal, tres de los doce escudos de armas están en esa posición.

Los doce escudos de armas, los que se encuentran en cuartel corresponden a: Castilla, León, Aragón, Sicilia, Austria, Borgoña moderna, Borgoña antigua y Bravante. Las que se encuentran en escusón son Portugal y Granada en uno y en el otro Flandes y Tirol. (Ver imagen A)

En México, durante la primera república en el decreto que se dictó el 2 de mayo de 1826 dice: “que fueran destruidos los escudos de armas y demás signos que recuerden la antigua dependencia de enlace de esta América con España”, hecho que se generalizó en algunas instituciones como los ayuntamientos. En base a ese texto se anularon los escudos de armas de varias poblaciones. Por el peso que tienen los escudos para los habitantes de cada población, de forma no oficial hubo sitios que adulteraron sus escudos originales para seguir manteniéndolos vigentes. En algunos las alteraciones fueron leves mientras que en otros fueron bastante evidentes.

El escudo de armas de Córdoba, se modificó conservando sólo el cuartel original y más importante, el de Castilla y León, al que se le agregó en el centro un escusón de los borbones, rodeado por una cinta con la palabra C O R D O VA, escrita de acuerdo con las reglas ortográficas de la época. Ese escudo se puede ver en varias publicaciones como el Cantón de Córdoba y México a Través de los Siglos. (Ver imagen B)

Con motivo de los festejos por los 300 años de la fundación de Córdoba el Lic. Ramón Mena Isassi escribió y publicó un artículo donde puntualmente aclara el error de tomar ese decreto para suprimir los escudos de las ciudades, ya que el decreto de 1826 en concreto sólo trata de la extinción de los títulos nobiliarios de conde, marqués, caballero y demás, en el territorio nacional. Por ello mismo afirma que los escudos fundacionales debían ser respetados, no modificados y que el escudo que le correspondía a nuestra ciudad era el de Felipe III perteneciente a la casa de Austria y no a la casa de Borbón, la que aparecía en la modificación y cuya llegada a España fue posterior a la fundación de la Villa de Córdoba.

El decreto de 1826 dice:

Quedan extinguidos para siempre los títulos de conde, marqués, caballero y todos los de igual naturaleza, cualquiera que sea su origen.

El gobierno dispondrá se destruyan por los dueños de edificios, coches y otros muebles de uso público, los escudos de armas y demás signos que recuerden la antigua dependencia o enlace de esta América con España.

Por tanto, … etc.                                            México, 2 de mayo de 1826. —

Su escrito tuvo rápida aceptación y fue incluido en varias publicaciones locales de la época como “Floración Cordobesa”. Hecho evidente es el programa general de dichos festejos, que muestra el escudo modificado como portada y la posterior crónica de las celebraciones, donde ya aparece el escudo correcto, ambos publicados por el Gobierno del Estado. (Ver imagen C)

Gracias al Lic. Ramón Mena Isassi desde entonces se utilizó nuevamente el escudo correcto de nuestra ciudad, como si hubiera sido el regalo de cumpleaños en su 300 aniversario y seguimos exhibiéndolo con orgullo más de cien años después.