La Emperatriz Carlota

Carlota Amalia de Bélgica y Habsburgo, una mujer valiente a la que las circunstancias de la vida le arrancaron la salud mental

Adriana Balmori de Amieva

Seminario de Cultura Mexicana

Academia Nacional de Historia y Geografía.

Esta princesa casi de leyenda, nació, creció vivió y murió en algún palacio, pero su larga vida no tuvo el final feliz del cuento de hadas.

María Carlota Amelia Victoria Clementina Leopoldina, nació en el palacio real de Bruselas el 7 de junio de l840, fue hija del rey Leopoldo de Bélgica, la única mujer, de gran carácter, aunque consentida y mimada por padres, hermanos y abuelos- los reyes de Francia-, fue educada para ser reina, aprendió 6 idiomas: español, italiano, alemán, francés, inglés y holandés aparte de su natal flamenco. Sabía de arte, literatura, historia y geografía, y además a ella le gustaba saber de los asuntos de estado, por lo que estaba al tanto de lo que ocurría en el reino y en el mundo.

Una niña así, necesitaba como marido un futuro rey o un príncipe gobernante, por eso a los 17 años, después de largas negociaciones contrae matrimonio con el Archiduque Maximiliano de Habsburgo, hermano del poderosísimo emperador de Austria,  Francisco José, el marido de la emperatriz Elizabeth, Sissi, con la cual nunca congenia, según parece porque Sissi envidiaba las buenas relaciones entre Carlota y Maximiliano, comparándolas con lo desastrosas que eran las suyas con el emperador y con su suegra la Emperatriz, pero por desgracia, esas buenas relaciones eran sólo de amistad y nunca fueron de amor, pues aunque nos lo pinten de otro modo, Maximiliano accedió a casarse con Carlota, según algunas versiones, cuando aún no se reponía de la muerte de la mujer  que amaba, la princesa Amalia de Braganza, o bien porque dada su posición con alguien debía casarse, y este enlace con Carlota  suponía un buen negocio para él y para el reino  ya que era dueña de una inmensa fortuna. Maximiliano era indolente y se dejó querer, pero ella era una mujer de acción, y aunque vivían en Italia en el castillo de Miramar, tenían poco poder efectivo sobre estas tierras que gobernaba el hermano emperador, así ella buscaba obtener algún trono para él; es  por eso que,  cuando una delegación mexicana les proponen el Imperio de México, ella acude al emperador Napoleón III para solicitarle su apoyo militar y económico, cosa a la éste accede gustoso pues le convenía mucho a Francia tener aliados o posesiones en América, sólo que a la pobre Carlota nadie le dijo, que México estaba en medio de una guerra contra los franceses y con luchas intestinas entre los mismos  partidos, y sobre todo que no todo el pueblo deseaba su llegada.

Al llegar a Veracruz empiezan los sinsabores, las desilusiones y los desencantos; nadie va a recibirlos pues hay una epidemia de fiebre amarilla, -vómito prieto- y la gente permanecía encerrada en sus casas por miedo a los contagios. Prosiguen con su séquito hasta la entonces Villa de Córdoba, donde son recibidos con grandes muestras de alegría, pasan la noche aquí y cuentan que, al día siguiente Carlota emocionada dijo que no había podido dormir por la cantidad de cohetes que durante la noche habían lanzado para darles la bienvenida. Continuaron su viaje a la ciudad de México, y ahí sí tienen un apoteósico recibimiento con Misa solemne en Catedral, y son hospedados en el Palacio (Nacional), pero estaba tan sucio, y destartalado que Maximiliano tuvo que dormir en la mesa de billar y ella sentada, pues las camas estaban llenas de chinches, además de que había perforaciones en las paredes desde donde era espiados o la gente se escondía para verlos, detrás de las cortinas y puertas.

Se trasladaron a Chapultepec donde, de una casa de campo de los virreyes, hizo Carlota con su buen gusto y los muebles y adornos traídos en su equipaje, un castillo digo de competir con los europeos; su primer pesar fue que Maximiliano no quiso compartir su recámara con ella, y cada vez lo sentía más distanciado, tanto Carlota como Maximiliano quedaron encantados con los mexicanos, pero más con la gente del pueblo. Ella aprendió a usar su ropa, a comer lo que ellos comían, quería probarlo todo y saberlo todo de su nuevo país como ella decía. Siempre estaba al pendiente de los asuntos de estado que Maximiliano dejaba en sus manos cada vez que él salía de viaje- y según dicen era cuando verdaderamente se tomaban decisiones, ella era mejor gobernante- además de que dominaba el español. A pesar del corto tiempo que estuvo en México llegó a promulgar la abolición de los castigos corporales, el límite de las horas de trabajo; buscó la ampliación de los ferrocarriles, el telégrafo, el transporte a vapor y la beneficencia. Quiso embellecer la ciudad empezando por la remodelación total del Zócalo. Fundó un conservatorio de música y una academia de pintura. Las obras de caridad era una de sus prioridades. Instaló guarderías, asilos y casas de cuna. Puso coto a los ladrones que merodeaban la ciudad y sus alrededores. Promulgó la ley de instrucción pública en la cual se garantizaba la educación primaria, obligatoria y gratuita.

Por desgracia también descubría que las largas estancias de Maximiliano, en su quinta La Borda, en Cuernavaca, eran más por motivos románticos que de estado, lo que la sumía en hondas depresiones, además del hecho de no poder darle un heredero, más que otra cosa por su lejanía. Se encontraba muy sola, sin nadie de su familia cerca, se carteaba con su abuela a reina María Amelia de Francia, pidiendo consejo y sintiéndose responsable de la situación en la que estaban ya que  ella era la que había insistido en venir a México.

Poco a poco fue dándose cuenta de la ambigua y peligrosa situación en la vivían al seguir Juárez con un poder alterno, sin embargo, estuvo siempre apoyando a su marido, sólo que Carlota estaba sola y a pesar de sus diferencias lo defendió a capa y espada. Por eso cuando Napoleón les retira su apoyo, es ella la valiente que va a Europa a pedir ayuda a otros soberanos y al Vaticano, cuando todos se la niegan y se entera que su esposo está en riego de muerte empieza a enloquecer. Cuando Juárez no atiende ninguna súplica y lo fusila, ella pierde la razón. Nunca regresa a México, queda al cuidado de su hermano y muere en el palacio de Bouchout 60 años después, el 19 de enero de 1927, hace exactamente 95 años.

En México se ganó el cariño de un gran parte del pueblo porque en el poco tiempo que estuvo se hizo muy cercana a ellos. Por eso le compusieron aquella todavía tan conocida habanera que dice “Si a tu ventana llega una paloma…”

O la copla popular que dice “Adiós mamá Carlota, adiós mi dulce amor …”

Una mujer valiente a la que las circunstancias de la vida le arrancaron la salud mental.

Teniéndolo todo y perdiéndolo todo.