¡Ningún dolor es normal!

Agencias
Había decidido no prestarle atención y esperar a que pasara con un par de analgésicos, pero esa punzada en la parte baja de la espalda no lo deja, se ha vuelto insoportable.
Quizá, piensa, sea por la mala postura al pasar varias horas frente a la computadora, o a los “achaques de la edad”. Y aunque el dolor ya se ha extendido incluso por su pierna, evade acudir al médico; no vaya a tratarse de algo que le impida ir a trabajar.
A fin de cuentas, un par de pastillas disipan por momentos el malestar, lo suficiente para seguir con la cotidianidad. Pero, ¿en verdad es normal vivir con dolor?
“Creer que tenemos ese dolor por la edad o por la posición en que estamos sentados y trabajando no es normal. Ningún dolor, ni el lumbar, ni el neuropático, ni el diabético, ninguno es normal.
“Todo tipo de dolor debe ser tratado de manera precisa, adecuada y oportuna para evitar que se cronifique”, enfatizó el anestesiólogo Marco Narváez, presidente de la Federación Latinoamericana de Asociaciones para el Estudio del Dolor (Fedelat).

Enfermedad silenciosa
Crónico es la palabra clave en torno a este dolor, tan generalmente menospreciado que se ha convertido en un problema silencioso, aun cuando el número de personas afectadas es considerable.
Tan sólo en América Latina, indicó Narváez, de los 667 millones de habitantes que hay entre México y el extremo sur de Argentina-Chile, se estima que aproximadamente 190 millones, es decir, cerca del 30 por ciento de personas en esta fracción del Continente, sufren dolor crónico.
“Ese dolor crónico hoy en día se considera una enfermedad por sí misma”, remarcó el especialista, haciendo una diferencia con el dolor agudo.
Mientras éste último es un síntoma, una respuesta de defensa a un daño o una lesión, el dolor crónico se prolonga más allá de tres meses y deja de cumplir una función protectora, afectando, en cambio, la calidad de vida de los pacientes de distintas formas.
Desde lo fisiológico y funcional, con un aumento en la presión arterial, pérdida de apetito, insomnio y baja en las defensas, hasta lo familiar y social, pues las personas aquejadas por esta forma de dolor suelen aislarse.
Todo esto sin obviar, claro, lo emocional y psicológico, además de lo laboral.
“Más del 96 por ciento de personas con dolor crónico van a sufrir ansiedad o depresión”, alertó Narváez. “Laboralmente, el índice o la prevalencia de bajas médicas por dolor de espalda, por ejemplo, es enorme”.