El círculo y los radios

P. RENÉ CESA CANTÓN

“Piensen en un círculo trazado sobre la tierra. El círculo es el mundo y el centro es Dios. Los radios son los caminos de los hombres: Cuanto más avanzan tanto más se acercan a Dios y más se acercan entre ellos. Y viceversa”.

(Doroteo de Gaza)

Quizá había trazado en el polvo del desierto un círculo con radios el antiguo monje Doroteo de Garza (VI siglo), al cual debemos esta sugestiva parábola “geométrica”. La idea es muy simple: cuanto más los hombres se acercan a Dios, tanto más se hacen solidarios entre ellos, y cuanto más se estrechan en el amor unos con otros, tanto más sienten cercano a Dios. También existe el riesgo de proceder con los radios contrariamente, o sea hacia el exterior del círculo, y entonces se rompe el encuentro con Dios y se destruye la solidaridad entre las personas. La fe auténtica es principio de unidad, no de división y, por decirlo con san Juan, quien ama al prójimo ama también a Dios y viceversa.

La idea de la parábola la toma de nuevo –aunque con un simbolismo distinto-  el teólogo suizo Hans Urs von Balthasar en su libro “El grano de trigo” (1944). Lo cuenta así: “El cohete es como un rayo de fuego que vuela rápidamente hacia el cielo. Alcanza el centro, explota (en el instante del éxtasis) y mil chispas descienden rápido a la tierra. Es Dios que te envía, desgarrado en mil pedazos a tus hermanos”. La verdadera experiencia mística te proyecta, sí, hacia el infinito, hacia Dios, pero no te deja suspendido en la luz. Te reenvía a los hermanos, a la historia, a la tierra. Y convertido en fuego puedes calentar, animar; transformado en mil chispas, puedes iluminar; transfigurado en Dios, te conviertes en semilla de luz que se gasta para calentar el hielo e iluminar las tinieblas de tantos hombres y mujeres. El amor por Dios, no es auténtico si no es también amor a los hermanos.