Hay esperanza en lucha contra el VIH

Ana De la Luz

El Mundo de Córdoba

Hace casi dos años, la vida de Esperanza (nombre ficticio) dio un vuelco cuando después de presentar los síntomas, los estudios le confirmaron el contagio del VIH/Sida. La palabra “positivo” en aquel documento laboratorial le hizo repasar su vida en segundos, como una película tratando de encontrar la causa y negándose a esa cruda realidad.

Hoy, con 48 años de edad, madre de un hijo de 26 que también ha sufrido la discriminación que ella recibe, compartió su testimonio con Diario El Mundo para generar conciencia en el marco del Día Internacional de la Lucha contra esa enfermedad que sigue asechando, sobre todo a los más jóvenes, pues cada mes que recoge su antirretroviral se topa con jóvenes menores de 20 años.

Una tos, el inicio de la pesadilla

Esperanza sólo estudió hasta la secundaria; ha sido empleada en comercio y en casa particular. En el 2020, una tos recurrente que le duró casi siete meses encendió la alarma. Aunque se atendió con un médico particular, se pensó que se trataba de una alergia y comenzó un tratamiento, pero la pérdida de peso también se hizo presente.

“Noté que bajaba de peso muy rápido. Pesaba como 68 kilos y perdí veinte. Además, siempre estaba enferma del estómago, me dio herpes, contraje una batería llamada pylori en el estómago, alergias y me intoxicaba y eso era ya muy frecuente”, compartió.

Refirió que, en ese tiempo, sus patronas notaron su cambio. Una de ellas sugirió que se hiciera un estudio de garganta pues la tos ya era muy constante. Aunque ella se opuso al principio, se practicó el estudio que arrojó un tipo de hongo y una bacteria y aún con tratamiento no aminoraba.

“Otra hija de la señora, es jubilada del IMSS en Veracruz, le comentó a uno de sus compañeros médicos y él sin conocerme físicamente, recomendó que me hiciera la prueba de VIH. Yo me espanté, pero ella me insistió. Y con miedo fui y me lo hice”, expresó.

Camino al estudio, Esperanza recuerda que iba llorando, creía que tal vez era cáncer pues ya se sentía muy mal, pidiendo con fuerzas que no tuviera el virus, pero ya era tarde. Su vida cambió, al leer la palabra “positivo”. Fue el golpe emocional más difícil de su vida. Después de eso, sufrió diversas complicaciones como una tuberculosis

“Lo primero es la negación y luego pensé en la muerte. Mi vida pasó como una película en mi mente. Mis patronas no me dejaron sola. Es horrible no se lo deseo ni a mi peor enemigo. Sé que hay ciertas formas de contagio, la mía fue vía sexual, tenía una pareja, no soy promiscua, pero esa persona dice que está bien, tal vez no se le ha manifestado. Yo tenía 50 de defensas”, dijo.

Esperanza se sometió a más estudios y se confirmó el virus; fue remitida al Centro Ambulatorio para la Prevención y Atención en Sida e Infecciones de Transmisión Sexual (Capasits) en Río Blanco donde aseguró que ha recibido una buena atención también en materia psicológica, nutrición y demás. Fue aceptada luego de un estudio socioeconómico y cada mes le dotan su frasco de antirretroviral que, en el mercado cuesta unos 30 mil pesos.

“El virus atacó fuerte a mi cuerpo, temblaba horrible; un sufrimiento grande. No todos se salvan, yo lo resistí gracias a Dios, pero quedé con secuelas en la pierna izquierda. En el IMSS me hicieron estudios, me internaron; recibí buena atención. Salí positiva con tuberculosis cerebral, pero los doctores y enfermeros fueron mis ángeles”, recordó.

LA FRASE:

“Me da mucha tristeza y ojalá me escuchen por este medio; en especial los jóvenes. Que por favor se protejan, así como usamos cubrebocas por el covid, usen protección en sus relaciones sexuales”. Esperanza

Paciente de VIH/Sida.