Columna: Una poca de gracia y una cosita ay arriba, ay arriba

Rubí Márquez Alonso

Piense usted en un gran orador. Traiga a su mente a lo mejores oradores que han existido en la historia. ¿Qué cualidades tienen? Seguro usted pensará en las siguientes cualidades: una voz potente, un discurso convincente acompañado de buenos ademanes y de seguridad al hablar. Pero, además de esas cualidades, presiento que tienen algo más, algo aún más importante. Tienen otra ‘cosa’, pero no sabría decir exactamente qué es.

¿Recuerdan cómo dice la bamba? Todos conocemos el estribillo que dice: “Para bailar la bamba se necesita una poca de gracia, una poca de gracia y una cosita ay arriba, ay arriba.”

El reconocido escritor y comunicador Dale Carnegie, dice en su libro El camino fácil y rápido para hablar eficazmente que “junto a las palabras, hay algo que gravita en un discurso. Es el tono especial con el que se pronuncia. No importa tanto lo que uno dice, si no la forma en que lo dice.” Carnegie dice que el orador debe buscar una chispa de individualidad que lo diferencie de los demás. Recomienda que nos olvidemos por un momento del contenido, de los tecnicismos y de las oraciones perfectamente pensadas y premeditadas, y nos enfoquemos y preocupemos más bien por hacer ver y sentir a los demás lo que nosotros sentimos. Para Carnegie la clave es poner el corazón en lo que se hace. Y sin embargo advierte: “sé que consejos como estos no tienen mayor efecto, parecen una idea vaga, indefinida. Las personas, por lo general, quieren reglas bien comprobadas, algo definido, algo que puedan palpar, reglas tan precisas como las necesarias para conducir un coche. Esto es lo que quiere la gente, eso es lo que yo querría ofrecerle. Sería fácil para ella y fácil para mí. Existen tales reglas, pero tienen un pequeño defecto: no son de ninguna utilidad. Despojan a la persona de toda su naturalidad y espontaneidad; sus palabras pierden vida y sustancia.”

En efecto, existen cientos de libros y cursos sobre cómo hablar en público. Estos cursos y libros suelen contener instrucciones y consejos prácticos sobre cómo perder el miedo a hablar en público, cómo estructurar un discurso, las formas de abrir un discurso, el cierre y demás técnicas y consejos para expresarse eficazmente. Pero ningún curso ni ningún maestro nos puede enseñará los más útil, lo más importante y lo más difícil de aprender: hablar desde el corazón.

Para hablar desde el corazón no existe un esquema, una regla establecida, algún manual a seguir o alguna frase mágica que se deba repetir religiosamente, puesto que como diría Carnegie, ello despojaría de toda autenticidad al orador. La CEO del Global Public Speaking LLC Allison Shapira, dice en su libro Habla con impacto: como ganarse al publico e influir en los demás, que contestar la pregunta ‘¿por qué yo?’ es una buena técnica que puede ayudarnos a hablar auténticamente y a construir confianza. Cuando nos hacemos esta pregunta, desplazamos los detalles de nuestro trabajo, escuela, rutina, títulos o cargos y nos concentramos en el verdadero propósito que guía nuestras acciones más allá de lo común y habitual. Para alcanzar la respuesta a esta pegunta, debemos pasar de las respuestas convencionales para llegar al origen o al motivo subyacente de nuestras acciones. Esto es, entender la profundidad de nuestra conducta, para que, una vez entendida, podamos compartirla y lograr así, el efecto o impacto deseado en nuestro auditorio.

Shapira nos dice que, frecuentemente, la respuesta a esta pregunta tiene su raíz en historias familiares, en anécdotas de la niñez o en historias personales. Como humanos, somos seres emocionales. Nuestra conducta no se rige solamente por cálculos fríos y decisiones racionales, si no por emociones, por sentimientos y motivaciones personales, por valores que guían nuestras acciones, más que por la simple rutina o por convencionalismos.

De manera, que cuando compartimos experiencias y motivaciones, conectamos con otros a un nivel superior, a un nivel personal. Al hablar de temas que nos pertenecen, imperiosamente animamos nuestro cuerpo y nuestra voz. “Cuando crees en tu mensaje, inevitablemente infundes ese sentido de propósito a través de tus palabras”, dice Shapira.

En realidad, las personas suelen olvidar mucho de lo que decimos en una charla. El público no suele recordar buena parte de los que decimos al término de la plática. Pero lo que nunca olvidarán, por más que pase el tiempo, será cómo se sintieron, cómo los hicimos sentir. Las pláticas o conferencias no tratan acerca de temas, sino de ideas. El objetivo no es informar solamente, sino inspirar y conectar con el público.

Parece que, de cierta manera, el misterio de ‘esa cosita’ de la que habla la bamba y de la que hablábamos al inicio es la capacidad y la habilidad para hablar con el corazón.