Teatro Río Blanco, arte, música y olvido

Actualmente este edificio no tiene un proyecto definido para su recuperación, pero antaño fue el centro cultural más importante de la región donde artistas de talla internacional acudían a presentarse

Lucy Rivas A.

El Mundo de Orizaba

Grandes espectáculos y artistas reconocidos a nivel nacional e internacional se presentaron en el Teatro Río Blanco, edificio que fue una obra arquitectónica única que se levantó con aportaciones de cada unos de los obreros sindicalizados de la Fábrica Textilera, llegando a ser el más importante del Estado de Veracruz en la época de los años 30’s.
En Río Blanco en el año de 1910 se inician actividades culturales en el “Teatro del pueblo llamado Nicolás Bravo”, idea que dieron origen a la creación de un Centro de Espectáculos.
El Comité de Educación del Sindicato de Obreros y Similares de Río Blanco, en los años 30’s presentará carteleras del entonces teatro Nicolás Bravo, como lo muestra un cartel con fecha del miércoles 2 de abril de 1930 en donde se exhibía la publicidad del “Gran Recital de Piano por Esperanza Cruz”.
Esperanza Cruz una pianista reconocida que a su regreso de Europa dedicó su primer recital de piano en este municipio presentando un programa con melodías como: Fantasía Cromática y Fuga de JD Bach, Sonata Op. 27 Número 2 de Beethoven, Ballade entre otras de Chopin y Campanella de Paganini-Liszt.

Sala de Asambleas y Actos Culturales

En la tercera década del siglo actual, un grupo de compañeros obreros militantes en el seno de la organización sindical, tuvieron la idea de llevar a cabo la construcción de una “Gran Sala de Asambleas y Actos Culturales”, que le diera la población un signo de distinción muestra de lo que es posible hacer con el esfuerzo del trabajador.
Por lo que se tomó la determinación de dar una cuota especial con el fín de construir un fondo, el cual sirvió para hacer realidad lo que en ese entonces era una idea.
Con posterioridad, la Asamblea General se pronuncia por solicitar el H. Ayuntamiento, la donación de un predio con una superficie 1 mil 545 metros cuadrados con las siguientes colindancias: al norte, con el mercado municipal en 30 metros; al sur, con la Avenida Veracruz con los mismos metros.
Al oriente en 51.50 metros con el Palacio Municipal y al Poniente en los mismos metros con Avenida Xalapa. Esta solicitud fue turnada por el H. Ayuntamiento a la H. Legislatura Local la cuál autorizó dicha donación con fecha del 19 de junio de 1936.
Siendo el ciudadano Simeón H. Castillo Síndico del ayuntamiento el que con la representación municipal, hizo la donación al Co. Porfirio Velasco, Secretario General del predio antes mencionado con antelación y con fecha del 17 de agosto de 1936 entregando la cantidad de $200 a la oficina de Hacienda como impuestos sobre Herencias, Legados y Donaciones.
Quedando de esta forma cubierto el requisito, qué convirtió al sindicato en propietario del sitio en el que se inició de inmediato la construcción de lo que hoy se conoce como “Teatro Río Blanco”.
Es de señalar que es una tarea ardua la que emprendieron los obreros agrupados al sindicato, lo mismo para los trabajadores de planta que los suplentes, todos unieron sus esfuerzos para elegir el edificio qué significa la demostración del espíritu ferrioni emprendedor del proletariado.
“Que con ansias de progreso no escatimaron en poner toda su voluntad en la consecución de convertir en realidad es lo que antes significó sólo una idea”.
Por lo que paso a paso desplantar un sobrecimientos muy firmes la construcción de la Gran Sala de Asambleas que con majestuosidad le dio la preponderancia en la época de los 40’s, y colocó a la población de Río Blanco como la poseedora del edificio más importante qué en Veracruz se construyera para tal efecto.
Siendo entonces en 1941 cuando nace “Teatro Río Blanco” todo ello con iniciativa y aportaciones del sector obrero de las fabricas textileras de aquel tiempo.

Obreros dueños del Teatro
Es necesario que las generaciones actuales y futuras conozcan la determinación tomada por la Asamblea General Extraordinaria del día 2 de agosto de 1943, y que en su punto cuarto señalaba:

“Que los predios a que se refieren estos acuerdos, son bienes patrimoniales de la persona moral denominada Sección de la Fábrica Río Blanco del Sindicato de Trabajadores en General de la Campaña Industrial de Orizaba, y por consiguiente, podrá considerarse como copropietario de dichos predios en caso de la disolución de la misma agrupación.
Dicha propuesta fue del extinto compañero Martín Torres Padilla, quién con tu experiencia fue el que aportó la idea en la Magna asamblea general del 2 de Agosto de 1943, y asignó el escritura la determinación de que el bien patrimonial el teatro Río Blanco la patria potestad la ejerciera la Organización Obrera.

Seguían estricto reglamento

Tras su construcción, la Sala de Espectáculos del teatro Río Blanco funcionaba bajo diferentes cláusulas y un reglamento que fue aprobado por la Asamblea General celebrada el 20 de agosto de 1974.
Este funcionaba bajo el ejercicio de un administrador general, el cual estaba a cargo por un período de 2 años contados a partir del 1 de enero al 1 de diciembre, posterior a los 2 años. La persona elegida para administrar debia reunir ciertos requisitos entre los que se destacaba:
Ser miembro activo del sindicato y tener una antigüedad de 5 años por lo menos como trabajador de planta.
Tener sus derechos sindicales vigentes y ser dinámico, contar con una amplia visión de haber cursado por lo menos la instrucción primaria.
Este administrador también contaba con un suplente, cuya misión era sustituir al titular del puesto en caso de ausencia por enfermedad, por renuncia al puesto o por sanciones disciplinarias, así como por fallecimiento.
Para que todos pudieran participar y ocupar el puesto de administrador general, se estableció un rol en el que participaron los departamentos de hilados, preparación de tejidos y talleres y tejidos.
El administrador tenía la responsabilidad, el cuidado y la vigilancia del bien inmueble del teatro Río Blanco con todos sus accesorios.
Además de llevar un libro de caja en el que diariamente se notaba en los ingresos y egresos habido en la sala de cine, y obligatoriamente debían recabar todos los comprobantes de los gastos realizados.
Y mantener un control diario con las encargadas de las taquillas y el boletaje con la serie y el número progresivo correspondiente a fin de evitar alteraciones. Tenía que estar pendiente de cubrir a tiempo los impuestos hacendarios.
Y sobre todo el cuidado de que la dulcería tuviera la suficiente mercancía para proporcionar un buen servicio a los clientes, pues era una importante fuente de ingresos.
Todos los ingresos producidos en la sala de cine y la dulcería eran depositados a una institución bancaria en donde había una cuenta mancomunada a nombre del Administrador General y del Secretario General y Tesorero del Sindicato de Obreros Revolucionarios del Río Blanco, y no se podía retirar alguna cantidad sino era con la firma de los tres.
¿Cómo funcionaba?
Para que fuera una labor fructífera, se llevaba a cabo una programación de películas con las diferentes casas alquiladoras, seleccionando lo mejor del mercado y procurando que el porcentaje que se pagaba fuera de lo más beneficioso para la institución.
El material del espectáculo tenía que ser variado y debería estar actualizado en la sala de exhibición. Se informaba a través de la prensa sobre las películas de más éxito y que en las salas se estaban exhibiendo.
Las películas a exhibirse eran revisadas antes de la función, para detectar a tiempo las posibles fallas que tuvieran y corregir las mismas, evitando las interrupciones qué tan molestas resultaban al público.
Las salas tenían que tener un aseo explicar los sanitarios y los demás lugares de acceso tenían que ofrecer al espectador un clima de limpieza y orden. Y la vigilancia era estricta, se atendía condescencia al público y no se permitía la entrada a quien no entregaba su respectivo boleto.
Independientemente de las películas que se exhibían, también llegaron grandes artístas y grupos reconocidos a este lugar.
Sin embargo al iniciar los conflictos laborales y salir mucha gente de la fábrica, este inmueble deja de funcionar poco antes de 1990, seguido en 1991 se van a huelga, en 1993 la fabrica quiebra y son liquidados todos los trabajadores, y se cierra por completo. En el 2006 se empezó con la búsqueda de compradores.

Venta de inmuebles del sindicato

La venta de los inmuebles del Sindicato, se llevó acabo, luego de que durante la Asamblea donde participaron todos los agremiados en el 2014 aprobará vender el paquete de cuatro propiedades en 7 millones de pesos.
Fue en diciembre del 2016 que un comprador particular adquirió el paquete de cuatro propiedades a los ex trabajadores del Sindicato de Trabajadores Río Blanco, logrando venderles el ex teatro Río Blanco, Bugambilias, las Albercas y campo Tenango.
El monto por la venta se distribuyó entre los ex trabajadores, primero los del 93 (los más jóvenes), luego jubilados y liquidados del 92, posteriormente 8 viudas, seguido de los que tienen carta poder. Es de remarcar que en ese entonces padrón total de agremiados era de mil 583 ex trabajadores.
Tras más de una década en que el edificio quedó en el abandono, fue hasta agosto del 2020 que el ex teatro Río Blanco entró en un proceso de reparación de la fachada para darle una mejor vista al Centro Histórico del municipio, y aunque no existe un proceso de remodelación total al inmueble, aún existe la posibilidad de que se rescate.
Por lo que con andamios y demás herramientas, un grupo de trabajadores empezaron a limpiar y resanar paredes del inmueble que por años ha permanecido en el abandono, trabajos que forman parte del Ayuntamiento actual, logrando que se pintara la fachada para darle una mejor vista al centro histórico.
A la fecha no se ha puesto en práctica algún proyecto de remodelación, sin embargo, serán los dueños del predio los que en próximas fechas determinen el uso que le puedan dar.
Se agradece a quien en su momento otorgaron la información para su difusión, al señor Jorge Flores Flores, así cómo a Mario Luis Rendón Gómez, integrantes de la Unión de Jubilados, Viudas y Pensionados del Sindicato Río Blanco por el material otorgado para dicha publicación, con la única finalidad de que las nuevas generaciones conozcan y reconozcan el esfuerzo que en su momento los obreros hicieron para que la ciudad prosperará y tuviera crecimiento en todos los ámbitos.