Solíamos….

Héctor Efraín Ortega Castillo

El verbo “soler” es especialmente encantador. Se trata de un verbo extraordinario, de los llamados defectivos: aquellos que carecen de una conjugación completa en razón del tiempo, del modo, o de la persona. Se utiliza para indicar el carácter habitual de alguna acción y, por lo mismo, se entronca en los tiempos pretéritos y presentes. Soler no puede conjugarse en el futuro, bajo ninguna circunstancia. Podemos afirmar que una persona solía hacer esto o aquello; o bien que suele llevar a cabo algo por costumbre. Nadie “solerá” hacer, decir, pensar, actuar o estar de determinada manera. No puede. Gramaticalmente y por sentido común.

Y es que, precisamente soler se focaliza en el pasado y en el presente, lo que lo hace favorito de quienes gustamos de la historia. No se orienta al futuro y por ende, carece de la imaginación; lo que compensa con algo más emotivo: la añoranza.

No necesariamente la nostalgia es mala, ni tiene por qué ser triste. Podemos evocar situaciones, hechos, acciones satisfactorias, alegres, risibles. Reconozco que la palabra “añoranza” suele tener connotaciones lánguidas, apesadumbradas y melancólicas. Pero ello depende de la actitud que tengamos hacia nuestro pasado. Imposible no recordar tanto lo bueno, como lo malo que nos ha sucedido en alguna ocasión. Pero también ello dependerá de nuestra historia.

Repítese ad náuseam que “todo tiempo pasado fue mejor”. Y de tanto reiterar este consabido cliché, al final sentimos que es cierto y el pasado lo percibimos como una pesada losa que nos impide buscar la felicidad en el presente, ya no digamos en el ingenuo futuro. Además es una falacia. No todo tiempo pasado fue mejor, y si así lo cree, imagínese lo que sería tener caries en la Edad Media, trabajar en el Congo Belga en el siglo XIX, o en buscar desesperadamente un baño en el siglo XVIII. Lo que pasa es que los medios, afianzados en un sistema al que le convenimos dóciles y pusilánimes, lo machacan con sobrado énfasis.

El recuerdo del pasado (valga la redundancia involuntaria) siempre es amable. Recordamos los sucesos mejor de como los vivimos y si se nos hizo costumbre, utilizamos el verbo soler para remembrar ese pretérito melancólico y atenuado por el presente menos feliz. Por eso decimos que Solíamos estar bien. Solíamos hacer ciertas cosas. Solíamos pensar diferente. Solíamos ser afortunados… ejemplos sobran. Y es que “Soler” se marida precisamente con esa furtiva lágrima (pensaría Donizzeti) que salta de repente. No lloramos: es que los recuerdos se meten en los ojos…

Pero no debe ser motivo de plañidos sempiternos, sino ocasión de felices evocaciones. Y si nos agrada nuestro pasado, rescatemos lo mejor de este. Defendamos lo que solíamos hacer, si esto ha sido satisfactorio; pero también recuerde que cada día nace un mundo nuevo y muere un mundo viejo, aunque a veces el fenómeno revista caracteres de tragedia… o resplandores de epopeya…

Sí. Las cosas han cambiado… y seguirán haciéndolo. Pero lo único que no puede cambiarse del todo es la historia. Así que continuemos evocando lo mejor de ella, porque es nuestra y nadie nos la puede arrebatar.

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