La parusía del Señor

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P. René Cesa Cantón

Más que discurso sobre la parusía, este evangelio es una exhortación a la esperanza. Se centra en los comportamientos más que en los acontecimientos. Ciertamente, utiliza un lenguaje apocalíptico, pero no para asustar, sino para acentuar que la victoria de Cristo es segura a pesar de las desgracias. La gloria de Dios no está en los edificios ni en el mundo material, sino en la fidelidad a las exigencias de su reino. Lo que predominará será el Hijo del Hombre con todos los elegidos.

Parusía significa “presencia”, que equivale a la venida definitiva o escatológica de Cristo. Escatología viene de “eskhatos”, que quiere decir “último”. Evidentemente, todo el NT está pendiente de la parusía o realización de la esperanza cristiana.

A veces algunos cristianos, de corte apocalíptico o “milenarista”, acentúan las catástrofes e interpretan este evangelio al pie de la letra. No se trata tanto de final del mundo natural cuando del final de un mundo de pecado y de muerte. Debe ser bien entendida la imagen de la higuera, ya que sin muerte no hay primavera de resurrección. Lo decisivo no es que se tambalee la primera creación, sino que advenga la segunda y definitiva en toda su plenitud. Frente al final de un mundo, Jesús propone la vigilancia; frente a la venida del Hijo del Hombre, la esperanza.

Para reflexionar:

¿Nos dejamos impresionar por ciertas amenazas de futuro?

¿En qué debemos poner nuestra esperanza?

Salmo responsorial 15

Enséñanos, Señor, el camino de la vida.

El Señor es la parte que me ha tocado en herencia:

mi vida está en sus manos.

Tengo siempre presente al Señor

y con él a mi lado, jamás tropezaré.

Por eso se me alegra el corazón y el alma

y mi cuerpo vivirá tranquilo,

porque tú no me abandonarás a la muerte

ni dejarás que sufra yo la corrupción.

Enséñame el camino de la vida,

sáciame de gozo en tu presencia

y de alegría perpetua junto a ti.

Oraciones sálmicas

Yo digo al Señor: Tú eres mi bien

Señor, muchas veces soy egoísta redomado en mi oración. Sólo vengo a decirte mis problemas, mis preocupaciones, mis momentos bajos. Centro mi oración en mí. Hoy el salmista me da una bonita lección: Viene a decirme una cosa tan linda como ésta: Tú eres mi bien. Al salmista sólo le interesas Tú. Sólo sabe gozar contigo. Fuera de Ti nadie puede hacerte feliz. Señor, enséñame a orar como el salmista. Haz que sepa dar un giro a mi oración. Que me guste estar contigo para adorarte, alabarte, darte gracias y decirte: Sólo me interesas Tú.

El Señor es el lote de mi heredad

Hoy quiero darte gracias por haberme dado tu persona por herencia. Nada en este mundo puede llenar mi corazón. Cuando Tú no estás, todo suena a vacío dentro de mí. En cambio, cuando Tú llegas, todo se llena de sentido. Eres como el sol que todo lo ilumina, todo lo calienta, todo lo vivifica.

Me ha tocado un lote hermoso

Quiero decirte, Señor, a boca llena, que estoy muy contento(a) contigo. Que la vida a tu lado ha sido una verdadera alegría. Me siento muy orgulloso(a) de Ti y no cambiaría por nada ni por nadie. Haz que mi vida sea un auténtico poema para Ti. Yo ya sólo quiero tener un trabajo, una tarea: hacer las delicias de mi Dios.

No me entregarás a la muerte

Desde esta intimidad que estoy viviendo contigo ya no tengo ningún miedo a morir. Me fío plenamente de Ti. Tú, Señor, sabes que ya no podría vivir sin Ti; pero yo también sé que Tú tampoco podrías vivir sin mí. Sólo me preocupa el amor. Por eso te pido una y otra vez: concédeme la gracia de morir estando de ti enamorado(a). De esta manera mi muerte será el viaje más lindo y fantástico de todos los que yo he hecho en mi vida: una preciosa y eterna luna de miel.