Desde El Portal: El Buen Fin

Marcela Prado Revuelta

“El Buen Fin” es un laborioso y denodado esfuerzo de los comerciantes, grandes y medianos y de pequeños emprendedores, por reactivar la economía, poco antes de que llegue el dichoso “aguinaldo”, (si es que le llega a todos los mexicanos), donde es claro que, aunque no todos, podemos aprovechar algunas de las ofertas que aparecen con descuentos, a sopetecientos meses sin intereses y otras maravillas de las cuentas, que nunca me salen.

De hecho, cada año está mejor organizado y difundido. Acabo de recibir un listado enorme, en un elegante cuadernillo, que es seguro que me hará emboletarme comprando algo que, acaso, no necesito, pero que se ve bonito. Ni modo.

Este año, como el anterior, estará en “japonésido”. Existe un brutal desempleo, el BNM acaba de subir las tasas de interés, los mexicanos están con los créditos agotados, muchos, aunque quisieran aprovechar las ofertas, que las hay buenas y muchas, no podrán hacerlo: no tienen dinero.

Habrá, por supuesto, quienes agoten los límites de su crédito y adquieran algunos objetos que realmente precisan y que, de otra manera, no podrían adquirir. De todo hay.

Organizada y medida como soy, confieso que estoy fascinada con la publicidad que ha caído en mis manos en los últimos días. Me prometí no caer en la tentación… Nos ofrecen artículos de belleza, bolsas “de marca”, juguetes ¡para Reyes! (y escondidos dos meses, carajo), ropa guchiguauu con descuentos, (porque si usted no lleva la etiqueta parisina en la nalga derecha no vale para nada, digo), artículos de viaje, electrónicos de todas marcas, la tele gigante que usted sueña, (aunque no quepa en la sala de la “coloña” y le cortaron la luz por falta de pago), joyería de fantasía y “de verdad”, todo para Papá, todo para Mamá, lentes para sol y para oscuridad y otras maravillas de la industria que tampoco comprendo…

La iniciativa del Buen Fin me ha parecido, siempre, magnífica.

Lo que no me convence es el hecho de que los mexicanos no pensamos en el futuro y quienes menos tienen son los que más se endrogan hasta la cuarta generación. Las compras son “como de pánico”, como para olvidar las carencias, la pandemia, las muertes, los enfermos, la falta de medicinas, la pérdida de empleos, el cierre de comercios de todos tamaños, la contaminación, las mañaneras, los homicidios y secuestros, la migración imparable, los desaparecidos, la inminencia del cambio climático, la banalidad de quienes tienen en sus manos el destino de México, los golpes de pecho y los niños con cáncer que siguen mendigando medicinas…

Eso es lo que no me convence…

El Buen Fin es un paliativo, sin lugar a dudas, para la economía familiar.

Pero, en este momento, en que estoy mirando las estadísticas y la amenaza de una nueva ola de Covid para el ratito, el único buen fin que me gustaría, para todos los mexicanos, es un buen fin para todas las circunstancias que nos están partiendo por la mitad, a todos: a ustedes y a mí y a los vecinos y a los que menos tienen e, incluso, a los que tienen, porque los ocultos decesos, aunque nos digan lo contrario y se pinten de colores “para que los llamen Supermán”, continúan y no tienen para cuando “buen fin”.

Y espérenme tantito, que estoy mirando el otro cuadernillo que me llegó a casa… A ver con que carambas me emboleto…