Voy a pagar La Luz

Hands writing on old typewriter over wooden table background

Desde El Portal

Marcela Prado Revuelta

La canción es romántica. “Voy a apagar la luz / para pensar en tiiií”… Usted la conoce y, quizá, algún día la ha cantado.

Pero en este momento, le quito una vocal a la palabra y dice “voy a pagar la luz”, con cara de susto. Cuando menos, así se miran todos los que hacen fila en las oficinas de la CFE, cajeros ultramodernos, o en las tiendas de conveniencia donde también se puede “pagar la luz”, previa no tan modesta comisión. Es claro que también existe lo que se llama “domiciliación”, un neologismo bárbaro, pero ni modo, donde el susto es cuando miramos los estados de cuenta. Es otro cuento.

La energía eléctrica, en el curso de la semana pasada, en mi hermoso fraccionamiento, desapareció del mapa alrededor de las seis de la mañana… Yo y tropecientos vecinos más, reportamos la falta de energía, tras pelearnos alegremente con una grabación que nos manda a marcar otros números y, ¡por fin!, responde una voz humana, en vivo y a todo color, porque en ese momento los quejosos estamos morados.

“Falla mayor. Transformador vertical en la esquinal tal con calle tal. Anote su número de reporte. Se calculan de 5 a 6 horas. Estamos trabajando”, dicen…

Los vecinos hacemos ronda: es claro que tardarán más. La intensa lluvia en el puerto de Veracruz ha inundado los registros y, por lo mismo, no queremos saber que pasará. Nos indican desconectar todos los aparatos “létricos”, por lo cual saco, a destiempo, todas las velas, veladoras, quinqués y farolitos que tenía preparados para instalar mi Altar de Muertos, que deberé reponer, porque la maldita energía llegó mucho más tarde de lo previsto.

Prometo que ya había “pagado la luz”… Y me la apagaron

En mi pequeño estudio, me sirvo otro café y localizo, lámpara en mano, un folleto muy elegante que la CFE hizo circular en 1985, en el L Aniversario de su fundación, que fue el 14 de agosto de 1937, durante la presidencia de Lázaro Cárdenas… A la romántica luz de las velas y con la poca claridad del lluvioso día, me dedico alegremente a releer aquellas historias, que no todos sabemos o no recordamos…

Sesenta y un años más tarde, el Presidente López Mateos nacionaliza la industria eléctrica, el 27 de Septiembre de 1960.

Más al ratito, aparece el “Monstruo de la Laguna Verde”, cuya Unidad Uno comenzó a operar en julio de 1990 y la 2 en abril de 1995…

Con esto, queda todo listo para que la CFE se convierta en el látigo que todos conocemos. Una “empresa productiva del estado mexicano, encargada de controlar, generar, transmitir y comercializar la energía eléctrica en todo el País”…

Eso dicen… Lo de “controlar”, es lo que mejor define a la CFE, lo mismo que el hecho de que sus dirigentes -oficiales y sindicales-, saben alegremente que se sacan la lotería cuando llegan a los puestos que todos ansían…

No le cuento a usted del proyecto de la nueva refinería de Dos Bocas, porque en este momento está inundado hasta las orejas. La Naturaleza recupera sus espacios y no hay manera de evitarlo…

Pero en este momento, son muchos los temas que nos tienen, a los mexicanos de bien, a los que pagamos impuestos y toleramos a los impuestos, con el Jesús en la boca. Tantito por Dos Bocas, tantito por los bocones…

Porque es una total mentira eso de que los mexicanos “somos dueños del petróleo y de la energía eléctrica”. Es mentira.

Los dueños del petróleo y la energía eléctrica es el gobierno Federal y los funcionarios que éste nombre. Nos guste o no aceptarlo. Es la federación quien impone los costos y a usted y a mí nos toca pagarlos. Gasolina y otros derivados del petróleo y la luz andan por las nubes, “desde endenantes”, pero peor en estos desesperanzadores tiempos…

La tarde iba ganando espacios. Ya no me dio tiempo de leer el folletito de PEMEX. Ese se lo cuento al rato…