La generosidad con los bienes

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P. René Cesa Cantón

En este pasaje evangélico muestra Marcos dos conductas contrapuestas: la de los letrados y la de la viuda pobre. Los “letrados” representan en este evangelio a personas ambiciosas de honores y dinero, amantes del prestigio, que desean los primeros puestos. Son vanidosos, avaros e hipócritas y utilizan la religión para explotar a los débiles. En realidad, ni siquiera son doctos en las Escrituras.

La “viuda”, por el contrario, símbolo de la generosidad y disponibilidad de los pobres y pequeños, representa a los discípulos, ya que ama a Dios en medio de la corrupción social. En el fondo, el encuentro con Dios no se hace a través de las clases dirigentes y ricas del sistema, sino por medio de los corazones llenos de generosidad del pueblo pobre.

La comunidad de discípulos que quiere Jesús representa un mundo desarrollado según los designios de Dios, en el que cuenta más la calidad que la cantidad, y lo que uno es más que lo que representa o tiene. Frente a los infieles a Dios por su apego al dinero, están los creyentes generosos que dan lo que tienen y lo que son y participan de la generosidad de Cristo, que entregó total y gratuitamente su vida al Padre en servicio a los hombres.

Para reflexionar:

¿Somos capaces de dar lo necesario alguna vez, en lugar de desprendernos de lo superfluo?

¿Compartimos los cristianos nuestros bienes?

Salmo responsorial 145

El Señor, siempre es fiel a su palabra.

El Señor siempre es fiel a su palabra,

y es quien hace justicia al oprimido;

él proporciona pan a los hambrientos

y libera al cautivo.

Abre el Señor los ojos de los ciegos

y alivia al agobiado.

Ama el Señor al hombre justo

y toma al forastero a su cuidado.

A la viuda y al huérfano sustenta

y trastorna los planes del inicuo.

Reina el Señor eternamente,

reina tu Dios, oh Sión, reina por siglos.

Reflexión:

¡NADA DE PRÍNCIPES!

“No confíen en los príncipes”.

A viso oportuno que adapto a mi vida y circunstancias: No dependas de los demás. No me refiero a la sana dependencia por la que el hombre ayuda al hombre, ya que todos nos necesitamos unos a otros en la común tarea de vivir. Me refiero a la dependencia interna, a la necesidad de la aprobación de los demás, a la influencia de la opinión pública, al peligro de convertirse en juguete de los gustos de quienes nos rodean, al recurso servil a “príncipes”. Nada de príncipes en la vida. Nada de depender del capricho de los demás. Mi vida es mía.

Sólo rindo juicio ante ti, Señor. Acato tu sentencia, pero no acepto la de ningún otro. No concedo a ningún hombre el derecho a juzgarme. Sólo yo me juzgo a mí mismo al reflejar en la honestidad de mi conciencia y el veredicto de tu tribunal supremo. No soy mejor porque me alaben los hombres, ni peor porque me critiquen. Me niego a entristecerme cuando oigo a otros hablar mal de mí, y me niego a regocijarme cuando les oigo colmarme de alabanzas. Sé lo que valgo y lo que dejo de valer. No rindo mi conciencia ante juez humano.

En eso está mi libertad, mi derecho a ser yo mismo, mi felicidad como persona. Mi vida está en mi conciencia, y mi conciencia está en tus manos. Tú solo eres mi Rey, Señor.

“Dichoso aquel quien auxilia el Dios de Jacob, el que espera en el Señor su Dios”.

Frases:

“El martirio es una gracia que no creo merecer. Pero si Dios acepta el sacrificio de mi vida, que mi sangre sea semilla de libertad y la señal de que la esperanza será pronto una realidad. Mi muerte, si es aceptada por Dios, sea por la liberación de mi pueblo y como un testimonio de esperanza en el futuro”.

(Óscar Romero)

“El verdadero ateo es el que no cree que Dios puede cambiar este mundo… es el que no espera ya nada de Dios en la historia de los hombres. Quien reniega del aquí del hombre reniega del más allá de Dios”.

(K. Barth)