El sistema binario

Hands writing on old typewriter over wooden table background

MARCELA PRADO REVUELTA

Ponerme a estudiar el Sistema Binario, llamado también Sistema Diádico, me dio un terrible dolor de cabeza. No entendí nada. Porque, además, los malvados libros y las peligrosas redes me mandaron al siglo tercero antes de nuestra era, cuando el matemático hindú Pingala descubrió el concepto del número cero y me remiten al I Ching, un texto clásico que conservo amorosamente en mi biblioteca, donde me volví a enredar con los 8 trigramas y los 64 hexagramas, la geomancia medieval y otras madréporas.
Tuve que repasar a Francis Bacon quien, en 1605, habló de un sistema de dígitos binarios y a Leibniz en el Siglo XVIII y su texto “Explicación de la Aritmética Binaria” hasta que, agotada, llegué a 1937, cuando Claude Shannon escribió su tesis doctoral, utilizando el Álgebra de George Boole, quien en 1854 había detallado un sistema sobre circuitos electrónicos. Seguí sin entender…
Tres cafés más tarde, decidí guardar mis libros y ponerme a pensar, cosa harto difícil en estos tiempos en que pensar es peligroso, no sea que no tengamos ningún bienestar ni esperanza, carajo, pero igual me puse a pensar.
Porque cualquier estudiante de secundaria sabe que el Sistema Binario, en ciencias de la computación, es sencillamente un sistema de numeración en que los números son representados utilizando únicamente dos cifras: el CERO Y EL UNO.
En ese momento, medio entendí el asunto y respiré, porque mi nieto de doce años pone caras cuando le pregunto cómo se programa la malvada tele, para buscar un programa en especial o cómo deshacerme de una aplicación que me estorba…
Pero todo esto, señoras y señores y público en general, es culpa de la lista de los diputados. ¡No diga nombres, no diga nombres!, decíamos en la Prepa, cuando contábamos alguna travesura de juventud. No diga nombres..
Porque en esa lista encontré un ¿individuo?, ¿individua?, ¿individue?, que afirma ser “no binario”… Ayyyy, me dije… Me serví otro café, a falta de cosas peores…
Otra vez a los libros: “Ser no binario se designa a las identidades de género que se reconocen con aspectos femeninos y masculinos, no son hombres o mujeres”
Aterrada, me pregunté cómo serán las votaciones en la próxima H. Legislatura del Estado. Pensé en la terrible posibilidad de quitarle la “H”, que significa “Honorable”, lo cual me dio una tristeza social incontenible, carajo.
Cuando leí la definición de “Ser no-binario”, recordé, eso sí botada de risa, la frase aquella de Luis Echeverría: “No es de izquierda ni de derecha, sino todo lo contrario”…
Eso me subió un poquito la moral y la presión, que ya estaba en números rojos.
Por lo que hemos visto y sufrido, en los pasados años ningún diputado ha representado, en puridad, a los ciudadanos de bien, hombres y mujeres. Existen algunas excepciones, pero ¡no diga nombres!…
Todo ello me llevó a recordar la definición que me dio, en algún momento, mi amigo el extraordinario escritor veracruzano Juan Vicente Melo, una tarde de portal mientras veíamos pasar a las muchachas y a los muchachos: “Yo soy gay. Están los homosexuales decentes y están los putos, (SIC, perdón), a esos no los soporto”.
Y se explayó, Juan Vicente, en la cuestión, con una cátedra sobre la “responsabilidad social” de cada ser humano y en la capacidad de aceptar las diferencias de género sin tanto escándalo. Eso me dijo mi respetado amigo.
Ya es preocupante el hecho de que la gran mayoría de los legisladores, a nivel estatal y nacional, sean básicamente analfabetos funcionales, aunque tengan título. Es claro que algunos a durísimas penas terminaron la primaria o la prepa. Ni modo.
Pero que ahora salgan los “no-binarios” a la palestra, es más que preocupante: es ridículo y conlleva una carga social que tendremos que tolerar…