Los últimos años de Cristóbal Colón

Adriana Balmori de Amieva

Seminario de Cultura Mexicana

Consejo de la Crónica

Con motivo del ahora controvertido “Descubrimiento de América” o como lo describió Miguel León Portilla “Encuentro de Dos Mundos” recordaremos detalles de la vida y muerte de Cristóbal Colón, personaje que indudablemente cambió el curso de la historia.

Colón  al que se atribuyen varios lugares y varias fechas de nacimiento, murió en Valladolid España, el 20 de mayo de 1506, a los 55 o 70  años de edad. ¿Por qué la diferencia de edades? Porque sus biógrafos no acaban de ponerse de acuerdo: hay documentos que ubican su nacimiento en Génova Italia en 1436 y otros en 1451. Hijo del cardador de la lana Doménico Colombo y su esposa Susana Fotanarossa, lo bautizaron como Cristóforo, nombre que fue castellanizado a Cristóbal y su apellido Colombo, fue cambiado a Colón. Aunque ya sabemos que hay otros lugares que reclaman ser su cuna, como Portugal y España y ahí, Aragón y Mallorca.

Un estudio, publicado por la Universidad de Granada, asegura que Colón murió de un ataque al corazón causado por el síndrome de Reiter (artritis reactiva). Según sus anotaciones personales, los síntomas de esta enfermedad (dolor e hinchazón de las rodillas, y conjuntivitis en los ojos) eran  muy evidentes en sus últimos tres años de vida.

El Almirante de la mar Océana, título que le fue otorgado por los Reyes Católicos, que cruzó por vez primera el océano Atlántico, intrépido y hábil marinero y según archivos experto cartógrafo, falleció sin saber el alcance de su hallazgo, además, profundamente decepcionado por las múltiples adversidades que se acumularon en sus últimos años.

Colón estaba en Valladolid, cuando  le sorprendió la muerte, ahí, trataba de entrevistarse con el rey Fernando el Católico para discutir los resultados de sus últimas exploraciones y negociar sobre los privilegios  que le habían sido concedidos ya que muchos de estos le fueron suspendidos en la Isla de la Española, hoy Santo Domingo, por lo que enfrentó muchos problemas, tanto con la corona como con los primeros pobladores de la isla, debido a su incompetencia como administrador en su cargo de Gobernador  general y  Virrey de  las Indias.

El día de su muerte, devotamente pidió le fueran aplicados los Santos Óleos y se le diera la Extrema Unción, sus últimas palabras fueron: A tus manos, Dios, encomiendo mi espíritu”. Un día antes de su muerte, se empeñó en redactar el Codicilo, documento donde expresó su última voluntad. La administración de sus rentas y la repartición de fortuna la dejó a cargo de sus hijos Diego y Hernando; sus hermanos Bartolomé y Diego, también participarían de estos beneficios. El sepelio fue breve y solitario. De lo que concluimos que no murió en la pobreza y el olvido como aseguran algunos biógrafos.

A su cuerpo  se le hizo el tratamiento de  descarnación, mediante el cual se quitaba toda la carne de los huesos para la mejor conservación del cadáver.

Se le enterró en el Convento de San Francisco en Valladolid y, a partir de entonces sus restos empezaron  un increíble periplo, que no sabemos aun cuando terminará, ya  que posteriormente en 1509, su cadáver fue  trasladado a la capilla de Santa Ana del Monasterio de la Cartuja en Sevilla. En 1523, su hijo Diego Colón, dispuso en su testamento que tanto sus restos como los de su padre fueran trasladados y enterrados en la catedral de Santo Domingo.

A la muerte de Diego Colón Virrey de Santo Domingo, los trámites  de traslado estuvieron a cargo de su viuda, la virreina María Álvarez de Toledo y Rojas y ambos, Cristóbal y su hijo Diego fueron enterrados en la Capilla Mayor de la catedral de Santo Domingo. Cuando ella regresó a Santo Domingo en 1544, y donde  permanecieron sepultados por más de dos siglos.

En 1795 Santo Domingo fue invadido por los franceses, y los restos de Colón se trasladaron a La Habana, Cuba. Tras la guerra de independencia cubana en 1898, fueron llevados a bordo del crucero Conde de Venadito hasta Cádiz y desde allí hacia la Catedral de Sevilla,​ donde reposan en un magnífico catafalco con un  conjunto de estatuas funerarias de excelente manufactura.

En 1877apareció en la Catedral de Santo Domingo, una caja de plomo que contenía fragmentos de huesos y una bala, se le apreciaba una inscripción donde se leía Varón ilustre y distinguido Cristóbal Colón. Esos restos permanecieron en la catedral de Santo Domingo hasta 1992, cuando seguramente buscando protagonismo en las celebraciones de los 500 años del Encuentro de Dos Mundos, fueron trasladados al recién construido  Faro a Colón, un monumento, especie de mole de hormigón,  de enormes proporciones y sin ningún gusto arquitectónico construido  para homenajear y conservar los restos que se suponen son  también de Colón y que reposan en un una tumba en su interior.

Para comprobar cuáles eran los verdaderos restos se propuso tomar muestras de ADN de ambos esqueletos: el de Sevilla y el de Santo Domingo, sin embargo en  2005 las autoridades dominicanas pospusieron la apertura de la tumba.

En 2006 el equipo de investigación de Identificación Genética de la Universidad de Granada  confirmó que los restos de Sevilla sí son los de Cristóbal Colón, basándose en el estudio del ADN comparado con el de su hermano menor Diego y con los de su hijo Hernando.

Según los estudios del equipo de investigación, se determinó que Cristóbal Colón era varón, de entre 50 y 70 años, sin marcas de patología, sin osteoporosis y con alguna caries. Mediterráneo, tendiendo a robusto y de talla mediana. Aparentemente las autoridades de la República Dominicana pronto autorizarán el estudio de los restos, lo cual permitiría completar y cerrar las interrogantes en torno a esta histórica cuestión. Se cree que pueda haber restos de Colón en otros lugares, ya que los que están en Sevilla son sólo el 15% del esqueleto, por lo que podría resultar que los que están en Santo Domingo también pertenezcan al descubridor de América, el controvertido, insigne y audaz Almirante Cristóbal Colón.