El vuelo de las mariposas

Hands writing on old typewriter over wooden table background

P. RENÉ CESA CANTÓN

Alejado de los ruidos, en el reconquistado silencio puedo escuchar las mariposas que vuelan sobre mi cabeza. Hace falta mucha atención e incluso recogimiento, porque su aleteo es casi imperceptible. Una respiración algo más fuerte basta para taparlas.

Jean Dominique Bauby

El mejor comentario a esa reflexión quizá sea la historia que está al comienzo del libro que la contiene, La escafandra y la mariposa. En 1995 cuando tenía 43 años, el periodista francés Jean-Dominique Bauby sufrió un ictus. Se despertó del coma veinte días después con el síndrome llamado locked –en su cuerpo, excepto el párpado izquierdo, había dejado de responder a sus órdenes. Desde entonces, durante más de un año, consiguió dictar el libro citado: con un movimiento de la ceja, indicaba a su interlocutor la letra del alfabeto que le presentaba. Así nació ese extraordinario testimonio de un “más allá” infranqueable para los sanos, un mundo en el que el silencio realmente se poblaba de presencias. Diez días después de publicarse el volumen, Bauby murió. Era marzo de 1997, y aquel mismo año el director de cine Julian Schnabel realizó una versión cinematográfica de la obra, premiada en Cannes.

Sólo añadiré una reflexión. Los que tenemos los sentidos despiertos y el cerebro funcionando plenamente, a menudo perdemos infinidad de acontecimientos, de datos, de maravillas que nos rodean. Dejamos que irrumpa el ruido de fondo de las ciudades, de Internet, de la televisión, ocupando el oído, la vista y la mente. El aleteo de las mariposas, es decir, el secreto profundo de la realidad, lo desconocemos. Parados como estamos en la superficie de las cosas, distraídos por el ruido y el clamor, no conocemos ya el lenguaje del silencio, de la meditación, de la contemplación. Y son los que tenemos por discapacitados los que nos enseñan lo que significa la vida auténtica y profunda.