Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 9,18-22:

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Un día en que Jesús, acompañado de sus discípulos, había ido a un lugar solitario para orar, les preguntó: “¿Quién dice la gente que soy yo?”. Ellos contestaron: “Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, que Elías; y otros, que alguno de los antiguos profetas, que ha resucitado”.
Él les dijo: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?”. Respondió Pedro: “El Mesías de Dios”. Entonces Jesús les ordenó severamente que no lo dijeran a nadie.
Después les dijo: “Es necesario que el Hijo del hombre sufra mucho, que sea rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, que sea entregado a la muerte y que resucite al tercer día”.
Palabra del Señor.

Muchos afirman que desean seguir a Jesús, pensando tal vez que con ello se acabarán todos los problemas de su vida, que por ello tendrán una vida más cómoda, cosa que no es así. El Mesianismo de Jesús implica sufrimiento, dar la vida a favor de los otros, experimentar en la propia existencia el rechazo y la incomprensión. Aquel que quiera seguir a Jesucristo sepa que ha de recorrer el camino que el experimentó: Pasión, Muerte y finalmente por la acción del Padre la experiencia gloriosa de la Resurrección.
No se puede tener la experiencia de la victoria de Jesús en la vida de uno sin la experiencia de la Pasión y Muerte. Pasión y Muerte que implica en este día dar la vida por los hijos, cuidándolos y educándolos; implica dar la vida por la pareja cargando con sus debilidades y malos momentos; implica dar la vida en el trabajo luchando contra la mediocridad y la pereza; implica dar la vida allí donde Dios nos ha puesto para realizar la misión de transformar este mundo, haciéndolo más justo, misericordioso y grato a los ojos de Dios.
No se puede ser auténtico cristiano sin dar la vida, aquel que solo piensa en su comodidad, su burguesía, su egoísmo y no pierde la vida en servicio de los demás es un falso cristiano, y nunca un servidor de Jesucristo.