Lectura del Santo Evangelio según san Lucas 9,1-5:

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En aquel tiempo, Jesús reunió a los Doce y les dio poder y autoridad para expulsar toda clase de demonios y curar enfermedades. Luego los envió a predicar el reino de Dios y a curar a los enfermos.
Y les dijo: “No lleven nada para el camino: ni bastón, ni morral, ni comida, ni dinero, ni dos túnicas. Quédense en la casa donde se alojen, hasta que se vayan de aquel sitio. Y si en algún pueblo no los reciben, salgan de ahí y sacúdanse el polvo de los pies en señal de acusación”.
Palabra del Señor.

Por tu bautismo formas parte de este grupo que Jesús ha reunido para hacer presente el Reino de Dios. En un mundo enfermo por el rencor, el amor al dinero, los intereses personales por encima del bien común, donde los hombres se preocupan de sí mismos y no son solidarios con los que los necesitan, en donde instrumentalizan a las personas por amor al dinero condenándolos al alcoholismo y la prostitución, Jesús envía con autoridad a un pueblo.
Se escoge de entre todos a algunos hombres con la misión de llevar a Jesucristo a todos los ambientes: las fábricas, las escuelas y universidades, los hospitales, las familias, los vecindarios, etc. Ciertamente no llevas la gran elocuencia de los conferenciantes, ni los grandes conocimientos en la Sagradas Escrituras de los estudiosos, ni dinero para atraer, pero llevas lo más importante y fuerte: la presencia de Jesús, su poder y autoridad.
El cristiano sabe que ha sido enviado a la fábrica o a la oficina como una misión, asiste a la escuela como parte de esta misión. El Reino de Dios viene con los cristianos, reino que se opone a la corrupción, al acoso sexual, a la instrumentalización de la mujer, al aborto que es negación de Dios.
El Reino de Dios significa fin de los vicios, proyecta el respeto a la familia, la fidelidad a la pareja, honradez en el trabajo, iluminación y esperanza para los que le rodean. El Reino de Dios es el amor en medio de los hombres, amor que lleva al sacrificio de Dios a favor de ti y de los tuyos.