El servidor de los demás

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P. RENÉ CESA CANTÓN

Jesús sitúa las exigencias del seguimiento a partir de un segundo anuncio de la Pasión, que los discípulos siguen sin entender, porque discuten acerca de “quién es el más importante”. No comprenden el sentido de la cruz ni el protagonismo de los últimos. Precisamente en la cruz se hizo Jesús el último, en la resurrección pasó a ser el primero. Los discípulos se resisten a aceptar una comunidad en la que los primeros criterios son el servicio y la humanidad. Con estas actitudes se sirve a los niños.

La llegada del Reino trastoca los esquemas del mundo, siempre proclives a encumbrar al primero y a menospreciar al último, en virtud de la vanidad, el orgullo y la ambición. Los menores, es decir, los pobres y marginados, tienen en la comunidad nueva una revelación inusitada, porque son sacramento desconcertante de Dios. la comunidad cristiana se diferencia de cualquier otra comunidad por estos criterios operativos evangélicos. Por eso la acogida a los menores es acogida cristiana, y la opción por los pobres es criterio fundamental de la Iglesia.

El seguimiento de Jesús entraña incomprensión y persecución. Jesús fue “entregado en manos de los pobres”, es decir, manipulado. Tiene conciencia de que se dirige al encuentro de una muerte violenta. Constantemente, a lo largo de la historia, los justos sufren afrentas, los profetas son perseguidos y los mártires padecen una muerte violenta.

Para reflexionar:

¿Aceptamos los sufrimientos inherentes a una vida cristiana?

¿Por qué queremos ser siempre los primeros?

SALMO RESPONSORIAL 53

El Señor es quien me ayuda.

Sálvame, Dios mío, por tu nombre;

con tu poder defiéndeme.

Escucha, Señor, mi oración

y a mis palabras atiende.

Gente arrogante y violenta

contra mí se ha levantado.

Andan queriendo matarme.

¡Dios los tiene sin cuidado!

Pero el Señor Dios es mi ayuda,

él, quien me mantiene vivo.

Por eso te ofreceré

con agrado un sacrificio,

y te agradeceré, Señor,

tu inmensa bondad conmigo.

Oraciones sálmicas

“Oh Dios, escucha mi súplica”

Hoy, Señor, no te pido que me hables, sino que me escuches. Lamentablemente en este mundo hay poca gente que quiere escuchar. Hay mucho ruido, muchas prisas, muchas ganas de hacer cosas… pero nadie tiene tiempo para escuchar. De hecho, hay mucha gente enferma por falta de comunicación. Pero Tú, Señor, eres distinto. Siempre nos escuchas, siempre tienes tiempo para nosotros. Cuando nos invitas a la oración, ¿qué otra cosa buscas, sino nuestro encuentro y el deseo de que pongamos en ti todas nuestras preocupaciones?

“Sin tener presente a Dios”

En este mundo secularizado en que vivimos cada día, Tú, Señor, cuentas menos. La gente se está acostumbrando a vivir prescindiendo de Ti. Luchan, trabajan, hacen planes y proyectos pero sin tener presente a Ti.

Y es por eso que abundan tanto los mentirosos, los violentos, los farsantes, los corruptos. Hazte, Señor, presente en nuestro mundo. Te necesitamos. Hoy más que nunca. Aunque nosotros nos apartamos de Ti, Tú nunca te separes de nosotros.

“El Señor sostiene mi vida”

Yo, Señor, no quiero hablar de Ti de una manera fría, puramente teórica. Quiero hablar de lo que Tú supones en mi vida, de lo que Tú haces en mí. Tú eres mi roca, mi fundamento. Sin Ti, mi vida se derrumba. Vengo a ser como esa casa edificada sobre la arena. En cambio, contigo, me siento fuerte, soy como la casa bien edificada sobre roca.

“Te ofreceré un sacrificio voluntario”

Sí, quiero ofrecerte un sacrificio de alabanza y de acción de gracias nacido del corazón. No quiero darte nada forzado ni obligado. Quiero hacer de mi vida una donación libre y espontánea. Quiero experimentar el gozo de las obras libres como las de Adán en el paraíso.