Nada detiene a Regina

Adoración Castelán
Jesús Lazcano
Diario El Mundo
Hasta hace cuatro meses, la vida de María Regina Cortés Flores era como la de cualquier niña de su edad. Ver televisión, platicar con sus amigos, jugar con su hermana menor, dibujar, estar en redes sociales, pasear, tomar sus clases virtuales, entre otras actividades, formaban parte de su rutina.
Sin embargo, a partir del mes de marzo la vida de Regina dio un giro radical y cambió por completo al ser diagnosticada con linfoma de Hodgkin (inflamación de los ganglios), que es un tipo de cáncer que se desarrolla en el sistema linfático, que es parte del sistema inmunitario que ayuda a combatir infecciones y algunas otras enfermedades.
“Ya llevaba dos meses y medio tomando antiinflamatorios porque me había salido una bola pequeña en la parte del cuello, pero no tenía dolor. Un amigo se dio cuenta (de la inflamación) y le dijo a mi mamá, y yo pensé que era un golpe… aunque no me dolía. Me quitaron cuatro muelas careadas porque pensaron que era por eso la inflamación, pero empezó a crecer hasta el tamaño como de una guayaba, y ahí fue cuando me llevaron al doctor y le dieron varios diagnósticos a mi mamá, pero no sabían qué era; es así como llego al Hospital de Río Blanco y me mandan a hacer una biopsia, y ahí sale el diagnostico de linfoma de Hodgkin”, narra Regina, quien después de recibir el diagnostico tuvo que ser sometida a varios estudios, entre ellos el PET CT (tomografía por emisión de positrones) para saber el estado del linfoma, el cual se mantenía encapsulado en la zona.

Actúan de inmediato
Luego de ser diagnosticada con linfoma de Hodgkin, la quimioterapia no se pudo postergar y Regina empezó de inmediato con ellas para vencer a dicha enfermedad lo más pronto posible. Actualmente Regina lleva seis quimioterapias que toma por ciclos; es decir, dos al mes, comenta.
“Lo que yo tengo es un tipo de cáncer que se forma en el sistema linfático. Los tumores que a mí se me desarrollaron en el cuello hacían parecer que tenía un racimo de uvas metido bajo la piel. La noticia no me sorprendió porque antes de saber con exactitud, los doctores ya me habían dicho que era posible que fuera cáncer; cuando me dicen que era linfoma yo solo pensé que era una infección ‘equis’, y cuando me puse a investigar ya veo que era cáncer y pues sí me espanté”, confiesa María Regina, a quien le gustaría ser oncóloga para poder ayudar a niños con cáncer de escasos recursos.
“Mi vida antes de esto era comer mucha chatarra, no cuidarme; ahorano puedo comer chatarra, ni grasas ni azúcar. Ahora intento llevar mi vida normal, pero no es lo mismo porque esto que vivo es complicado. Voy al doctor cada quince días y tomo dos quimios al mes con dos semanas de reposo entre cada una. Me vacunan continuamente porque se me bajan las defensas. En la primera quimioterapia me acompañó mi mamá y mi papá, y si me dio miedo pero logré controlarme; recuerdo que duró casi siete horas y muchos sueros, y afortunadamente esa primera vez no me dolió”, agrega Regina, quien conforme ha ido viviendo sus quimioterapias ha tenido que enfrentarse al dolor, cansancio, ansiedad, vómitos, falta de apetito y a la caída del cabello.