Columna: Orizaba y sus hijos en la Independencia 

Dr. Armando S. López Macip

Es septiembre el mes de la Patria por varias razones. Quizá la más arraigada sea por el Grito de Dolores que dio el Padre Miguel Hidalgo en la madrugada del 16 de septiembre. Curiosamente, y quizá la más importante de todas debería ser el 27 de septiembre Día de la Consumación de la Independencia, que está llegando a los 200 años, pero que no se celebra en nuestro país. Es un detalle que llama la atención, donde celebramos la fecha de inicio, pero no la conclusión de la lucha por la Independencia. Es como celebrar el momento de la concepción y no el de nacimiento, y luego el cumpleaños.

Hay mucho qué decir acerca de Orizaba en la Independencia, pero como el espacio es corto, solamente se mencionará algo de lo más relevante. Por su ubicación e importancia, Orizaba era una de las principales poblaciones de la Nueva España y se vio afectada por los bandos en disputa, y no dejaban de ser inquietantes los enfrentamientos que se daban ahí mismo y en la región. Varios personajes de todas las clases sociales de la región de Orizaba se vieron involucrados en la lucha por la Independencia.

Desde 1808 de manera prematura en Orizaba y la región se dieron conjuras y brotes de insurgencia, como la del Padre Juan Moctezuma y Cortés, Párroco de Zongolica, quien con la Bandera Siera hizo un llamado a la lucha por la Independencia, pero el movimiento no de momento no tuvo continuidad. La rebelión iniciada por el Padre Hidalgo llegó realmente a nuestra comarca a finales de 1811. Para ese tiempo los principales líderes de la insurgencia, Hidalgo, Allende, Aldama y Jiménez ya habían sido fusilados, y sus cabezas se exhibían en la Alhóndiga de Granaditas en Guanajuato en donde ellos habían hecho una masacre. En nuestra región la lucha comenzó por iniciativa de un comerciante de caballos de nombre Francisco Leyva y un indígena de Ixhuatlán, de nombre Constantino, quienes se pronunciaron en Texmalaca contra la guarnición española en la villa, secundados por Don Simón Bravo junto con algunos indígenas de Ixhuatlán. Otros personajes involucrados abiertamente fueron el Padre José Ignacio Couto, quien además fue Diputado en las Cortes de Cádiz donde se redactó la Constitución de 1812, también su hermano Don Antonio Couto, fue un insurgente destacado, y hubo otros que pertenecieron a una organización secreta denominada “Los Guadalupes”. Precisamente uno de ellos fue el Lic. Francisco de la Llave, quien fue asesinado por un soldado español de apellido Rioseco, quien sospechó que era partidario de la independencia.

En las fuerzas insurgentes de la región destacan también los sacerdotes Manuel de las Fuentes Alarcón (cura de Maltrata) y Don José María Sánchez de la Vega, (cura de Tlacotepec). Resalta también la participación de dos civiles que eran colaboradores del Padre Alarcón: Miguel Montiel y Miguel Moreno. Todos ellos se unieron con las fuerzas de Francisco Leyva. También destaca Don Antonio de Sesma y Alencastre, orizabeño de origen noble, descendiente del marquesado de Sierra Nevada, quien se adhirió, junto con sus hijos Ramón y Miguel Sesma y Sesma, a la causa insurgente cuando radicaba en San Andrés Chalchicomula.

La guarnición de Orizaba estaba comandada por el realista Don José Manuel Panes, quien, con más de 500 hombres, estaba acuartelado en el convento de San Juan de la Cruz (El Carmen), rodeado de trincheras.  También, en prevención de los ataques, el Ingeniero Mascaró levantó una gran trinchera en la garita de la Angostura.  El día 22 de mayo de 1812, el Padre Alarcón atacó a la guarnición española atrincherada en la Garita de la Angostura; y el día 26 dirigió una columna sobre Santa Catarina, pero fue rechazada, y el día 28, con la ayuda del Padre Moctezuma y de Francisco Leyva, tomaron Orizaba. Ante la penosa derrota, el realista Panes se refugió en su cuartel en el Convento del Carmen y luego huyó hacia la Villa de Córdoba. Al ver la gravedad del asunto, de la ciudad de México enviaron al Brigadier español Don Ciriaco del Llano, quien llegó a Nogales el 10 de junio de 1812. En las faldas del cerro de San Cristóbal que dan a Huiloapan le esperaban las fuerzas de Miguel Moreno. Pero se impusieron los realistas. Ciriaco del Llano quiso dar un escarmiento mayor y se dirigió a Orizaba ordenando a la caballería entrar a degüello, pero los frailes franciscanos del Colegio Apostólico de Propaganda Fide de San José se le presentaron procesionalmente, intercediendo por los pobladores de Orizaba, que no tenían culpa de ser ocupados una vez por insurgentes y otra por realistas. Mientras tanto, así se restableció (temporalmente) en Orizaba el poder virreinal.

Dentro de los hechos más destacados en la guerra de Independencia destaca la toma de Orizaba por el generalísimo Don José María Morelos y Pavón el 29 de octubre de 1812. En esa gesta, atacó Morelos la villa de Orizaba, considerada “La alhaja de la Corona” la que rindió y derrotó a las tropas realistas después de tres horas de fuego. Las demás tropas que habían quedado se retiraron con el coronel Antonio Andrade hacia la villa de Córdoba. Venían con el Padre Morelos, sus principales guerreros Mariano Matamoros, Pablo y Hermenegildo Galeana, Vicente Guerrero y los hermanos Bravo. Fue muy exitosa su victoria en Orizaba, donde se apoderó del dinero que había en el estanco del tabaco y quemó las reservas. Con ello infligió una dura pérdida para la Corona Española, y pudo seguir exitosamente, con suficientes fondos para financiar su lucha. Tuvo en esta batalla la ayuda de los sacerdotes Juan Moctezuma y Cortés, párroco de Zongolica y Mariano de las Fuentes Alarcón, párroco de Maltrata. Morelos y su tropa se retiraron el día 31 de octubre, para tomar exitosamente Oaxaca.

Con la muerte de Morelos en diciembre de 1815, la lucha por la independencia decayó notablemente y en los años posteriores quedaron sólo movimientos aislados, como fueron los dirigidos por Guadalupe Victoria y Vicente Guerrero. Pero lo que vendría a cambiar radicalmente la situación sería que en febrero de 1821 un antiguo realista, el coronel Agustín de Iturbide propone el Plan de Independencia de la América Septentrional. El 24 de febrero de 1821, en el pueblo de Iguala, Agustín de Iturbide dio a conocer el documento con el cual declaraba la Independencia. El Plan de Iguala, contenía tres puntos principales o garantías (religión, independencia y unión). Como insignia se presentó una bandera tricolor (verde, blanco y rojo), simbolizarían las Tres Garantías sobre las que se fundaría el nuevo país, naciendo así la bandera de México. Mediante cartas, Iturbide logra la adhesión de insurgentes y realistas conformando el Ejército Trigarante el cual avanzó y consiguió que se jurara la independencia en varios territorios del país.

Pero en ese tiempo en Orizaba y Córdoba era comandante de armas Francisco Hevia, quien permanecía fiel a la corona española. Este se distinguía por ser cruel y despiadado, por lo que la población se mantenía en una paz relativa. Para ese tiempo, por sus órdenes precisas ya se habían ejecutado en Orizaba a más de 200 insurgentes. En ese mismo año de 1821, el gobernador de la Provincia de Veracruz, Joseph Dávila, había nombrado al capitán Antonio López de Santa Anna (de 25 años), como jefe de la guarnición de Orizaba, quien instaló su cuartel en el Convento de San Juan de la Cruz (El Carmen).

Una noticia alarmante había llegado a Orizaba el 5 de marzo de 1821, y correspondió a Don Juan Tamborrell, alcalde de la villa, dar a conocer el pronunciamiento de Agustín de Iturbide quien había levantado la voz de la independencia con el Plan de Iguala. Después de ello los insurgentes vendrían a tomar Orizaba. De ello se encargó el Cura de Actopan, Padre José Martínez, y Francisco Miranda, quienes, al mando de 100 hombres a caballo, el 23 de marzo decidieron ocupar la villa. El capitán Antonio López de Santa Anna, que se había apoderado de los caballos disponibles en Orizaba, y los había llevado a su cuartel, salió a combatir a los insurgentes, aunque el daño fue mínimo. El día 26 de marzo llegó otro ataque de los insurgentes comandados por Félix Luna, por las inmediaciones de la iglesia de San José, provocando algunas bajas en los realistas. Pero Santa Anna armado de valor, a las cuatro de la mañana del día siguiente, atacó la garita de la Angostura y encontró desprevenidos a los insurgentes, les provocó algunas bajas, además de la pérdida de caballos, y armas, y también se llevó algunos prisioneros. Esa pequeña victoria de Santa Anna le valió un ascenso, pues subió a teniente coronel de las fuerzas realistas. Sin embargo, llegaron las fuerzas de Don José Joaquín Herrera que venía a tomar las villas, y se juntaron con la tropa de Martínez, ambos se situaron en la garita de Escamela. Al ver perdida la situación, o más bien la oportunidad de estar con los triunfadores, Santa Anna decidió cambiar de bando y se unió, junto con los soldados a su cargo, a las fuerzas insurgentes comandadas por José Joaquín Herrera. Entonces, la población de Orizaba entera recibió a las tropas conjuntas, ahora del Ejército Trigarante con gran algarabía, con aclamaciones como las siguientes: ¡viva la religión! ¡Viva la independencia!

Desde Orizaba José Joaquín Herrera organizó su plan, envió a Santa Anna a combatir a la costa a favor de la causa de la Independencia. Dejó encargado de la plaza de Orizaba al Padre José Martínez, y él subió a Tepeaca a combatir al oficial realista Francisco Hevia, pero no lo pudo derrotar porque había recibido refuerzos. Vino entonces la contraofensiva, y Hevia decidió acabar con Herrera recuperando las plazas tomadas, y así lo hizo, ferozmente lo persiguió hasta Orizaba, la que pudo recuperar. La población estaba aterrorizada, porque Francisco Hevia se había caracterizado por ser despiadado, implacable y sanguinario. Entonces, muchos orizabeños, temiendo por su vida, huyeron a donde pudieron. Sin embargo, esta vez Hevia dejó encargado de Orizaba al comandante Samaniego, y decidió continuar su camino hacia Córdoba, lugar en donde se daría la batalla final del 15 al 21 de mayo de 1821. Resaltan en esos días de guerra las figuras de José Joaquín Herrera, José Durán, Pascual García, jefe de los indios amatlecos, y la controvertida figura de Antonio López de Santa Anna, para vencer al ejército realista de Francisco Hevia, quien perdió la batalla y la vida.

Una vez vencidas las fuerzas realistas, el escenario quedaba listo para la firma de un tratado en que se signara la independencia. Entonces, Agustín de Iturbide bajó a Orizaba para preparar su encuentro con Juan O’Donojú, a quien equivocadamente se ha llamado último virrey de la nueva España, porque en realidad era titulado como Jefe Político Superior y Capitán General de Nueva España, de acuerdo a la Constitución de 1812.

Llegó Don Agustín de Iturbide a Orizaba el 22 de agosto, los orizabeños lo recibieron con muestras de afecto. Las autoridades, el clero y la población entera salieron a su encuentro y lo recibieron con muestras de júbilo llevándolo a hospedarse en la casona que actualmente ocupa el Club Moctezuma. Quisieron hacer grandes festejos al ilustre huésped; compartió la comida con algunas personas, y pidió que se suspendiera todo hasta su vuelta de Córdoba. De una manera especial pidió que el solemne festejo que le ofrecían, incluido un Te Deum en la Parroquia, se diera a su regreso. Continuó su viaje a Córdoba el día 23 a las tres de la tarde, acompañado de una multitud de personas que fueron con él más allá de la garita de Escamela. Iturbide llegó a su destino al anochecer, donde una multitud lo recibió desenganchando las bestias de su carruaje y jalándolo con las fuerzas de sus brazos, hasta la casa donde se alojó.

El 24 de agosto de 1821, Iturbide se entrevistó con Juan O’Donojú, y juntos firmaron Los Tratados de Córdoba, con los que el Jefe Político Superior de la Nueva España, reconocía la Independencia de México. En este instrumento jurídico de 17 artículos de enfoque constitucional y fundamental se creó un nuevo Estado, el que sería Imperio Mexicano, en donde el Plan de Iguala transforma su naturaleza de plan de independencia, en instrumento jurídico constitucional de independencia.

Después de los Tratados de Córdoba Don Juan O’Donojú, y Don Agustín de Iturbide se dirigieron a Orizaba, donde fueron recibidos con pompa y circunstancia. Llegaron el 25 de agosto por la tarde, y se hospedaron en casas distintas. Fueron recibidos con muestras de afecto y regocijo. El día 26 de agosto de 1821, se celebró en la parroquia de San Miguel Arcángel de Orizaba, una solemne Acción de gracias presidida por el Teniente de Cura, Padre José María Suárez. En la solemne ceremonia tuvieron su sitial, bajo dosel, el último de los Virreyes y el Libertador de México, saliendo al siguiente día para la ciudad de México a consumar la gran empresa de la Independencia. Gracias a Don José María Naredo se ha conservado el discurso que Fray Nicolás García de Medina, pronunció en la muy solemne ceremonia realizada con la asistencia de las autoridades civiles, del cabildo de indígenas, y de españoles, de la clerecía y el pueblo en general.

El discurso es muy largo, y se percibe en el mismo un sentido patriótico extraordinario. Es muy notable mencionar que casi al final, el Padre Medina expresa: “Viva la religión de nuestros Padres, viva por muchos siglos el nuevo Imperio Mexicano, viva el Emperador a quien hemos reconocido como Jefe, el General de los Ejércitos Nacionales, y, sobre todo, seamos siempre fieles a aquel Señor, a quien sólo es debido con preferencia y en propiedad la alabanza, la bendición y el padecimiento de gracias por los siglos de los siglos, Amén”. Como podemos notar, desde ese momento, ya se habla, como lo determinaba el Plan de Iguala, de un Imperio Mexicano, pero al parecer es la primera vez, en que se menciona a Iturbide como emperador. Una vez terminada la ceremonia religiosa los personajes se dirigieron a la Casa Consistorial desde su balcón saludaron a la multitud que los aclamaba con vivas. Bien se podría decir que fue la ciudad de Orizaba, después de Córdoba, y la primera en que se dio el magno festejo de celebración de Independencia del que sería Imperio Mexicano.

Con la entrada triunfal del Ejército Trigarante a la ciudad de México el 27 de septiembre de 1821, se considera oficialmente la Consumación de la Independencia. Al otro día, se elaboró el Acta de Independencia en la cual firmó un orizabeño, el ex Alcalde, Lic. Manuel Montes Argüelles.