Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 4,38-39:

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En aquel tiempo, Jesús salió de la sinagoga y entró en la casa de Simón. La suegra de Simón estaba con fiebre muy alta y le pidieron a Jesús que hiciera algo por ella. Jesús, de pie junto a ella, mandó con energía a la fiebre, y la fiebre desapareció. Ella se levantó enseguida y se puso a servirles.
Palabra del Señor.

En Cafarnaúm se encontraba la casa de Simón, y era el lugar donde Jesús habitaba. Hasta el día de hoy se conservan los vestigios de esta casa que posteriormente fue una casa de culto de la Iglesia cristiana y actualmente la conservan los frailes franciscanos.
Es precisamente en este lugar donde se pide la intervención de Jesús a favor de una enferma. Para todo judío la enfermedad tiene una relación directa con el pecado. El hombre que se encuentra en pecado, cualquiera que sea adulterio, aborto, robos, violencia, avaricia, orgullo, vive como con fiebre en el alma, va por la vida postrado sin poder donarse en el servicio a los que viven con el. No puede levantarse para amar a los que están con el, experimenta las consecuencias del pecado, no tiene paciencia con sus hijos, no tiene la capacidad de dialogar con su pareja, la misma vida carece de sentido.
Es importante la intervención de los discípulos a favor del hermano enfermo, es por ello que siempre los cristianos en sus oraciones piden por todos aquellos hermanos enfermos por el pecado. Petición que es escuchada por Jesús, e interviene curando del pecado y devolviendo al enfermo a su vida cotidiana en el servicio.
Todo aquel que ha sido curado de sus pecados empieza a servir a Jesús en la propagación del Reino de Dios. No puede quedarse callado aquel que ha tenido la experiencia del amor y el poder de Jesús que perdona los pecados. Jesús es el enviado de Dios para todo aquel que este enfermo por el rencor, la envidia, el odio o la lujuria. Busca a Jesús el Mesías.