La fe en la eucaristía

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René Cesa Cantón

Jesús es criticado doblemente: 1) por usurpar el lugar de Dios, es decir, por afirmar que su humanidad tiene la plenitud del Espíritu; 2) por identificar su palabra y su propio cuerpo con el “pan bajado del cielo” o “pan de vida”. Sencillamente, es considerado un hombre como los demás. De ahí que sus palabras y gestos susciten murmuraciones. Estas críticas proceden de quienes están faltos de fe.

También por falta de fe se desvía el significado de la eucaristía cuando se la convierte en algo mágico o milagroso que uno recibe individualmente para su propio provecho. Se ha tendido a centrar la eucaristía más en el estático sagrario que en la dinámica mesa compartida. Antes la denominábamos santísimo sacramento; hoy se prefiere emplear la expresión neotastamentaria cena del Señor (Pablo) o fracción del pan (Lucas). Pero siempre ha sido llamada eucaristía, que significa acción de gracias. No es mero maná milagroso divino, sino cordero de Dios, entregado hasta la muerte y que asimilamos en un banquete bajo las formas de pan y de vino santificados por el espíritu.

Comer y beber en la eucaristía es asimilar la palabra, la obra y la persona de Jesucristo, es decir, su carne (su vida) y su sangre (su muerte). Sin la asimilación de Jesús y de su causa no hay plena vida. La fe en la eucaristía exige reconocer que ahí se encuentra el don de Dios, el amor sin límites al servicio de la plenitud personal y la construcción de una nueva sociedad.

Para reflexionar:

¿Con qué actitud participamos en la eucaristía?

¿Es para nosotros un sacramento de fe?

Salmo responsorial 33

Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor.

Bendeciré al señor a todas horas,

no cesará mi boca de alabarlo.

Yo me siento orgulloso del señor,

que se alegre su pueblo al escucharlo.

Proclamaremos la grandeza del señor

y alabaremos todos juntos su poder.

Cuando acudí al Señor, me hizo caso

y me libró de todos mis temores.

Confía en el Señor y saltarás de gusto;

jamás te sentirás decepcionado,

porque el Señor escucha el clamor de los pobres y los libra de todas sus angustias.

Junto a aquellos que temen al Señor

el ángel del Señor acampa y los protege.

Haz la prueba y verás qué bueno es el señor.

Dichoso el hombre que se refugia en él.

Oraciones sálmicas:

“Gustad y ved qué bueno es el Señor”

Muchas personas a lo largo de la vida me han invitado a leer la biblia, estudiarla, comentarla. Nadie, como Tú, Señor, me ha invitado a gustarla, saborearla, comentarla, experimentarla. Gustar es una palabra mística. Y yo me creía – ¡tonto de mí! – que eso estaba reservado sólo a los santos… Hoy descubro que esa invitación que tú haces es para todos, es también para mí. ¡Gracias, señor! Hoy quiero experimentar el gozo profundo de tu presencia dentro de mí. Hoy quiero saborear el abrazo inefable de la criatura con el Creador. Hoy quiero quedar embriagado con el vino nuevo y desbordante de tu amor.

“Bendigo al Señor en todo momento”

Yo quiero, como el salmista, bendecir al Señor a todas horas. Quiero hacer de mi alma un pequeño monasterio donde mi alabanza a Ti no cese ni de día ni de noche. A esta bella tarea nos invita también tu apóstol cuando nos dice que “debemos orar en todo tiempo”. Esa oración yo no puedo hacerla si no es que el mismo Espíritu Santo ore dentro de mí. Haz, Señor, que toda mi vida esté acompasada al ritmo de tu espíritu.

“Mi alma se gloria en el señor”

Yo cada día me siento más orgulloso de mi Dios. Señor, me siento orgulloso de tu sabiduría y te alabo, porque sabes descifrar todos los secretos y todos los misterios. Me siento orgulloso de tu poder y te alabo y te bendigo con todas las criaturas del cielo y de la tierra. Y, sobre todo, me siento orgulloso de tu bondad y te alabo por lo bueno que eres, porque tienes un corazón mucho más grande que nuestros errores y nuestros pecados.

“Contempladlo y que daréis radiantes”

Contemplar. ¡Qué palabra tan linda! Es un mirar y remirar. Es un mirar gozando. Es un nunca cansarse de mirar. Como cuando miramos el mar, o el cielo estrellado, o el rostro de un niño.