Olvidarse de vivir

Hands writing on old typewriter over wooden table background

RENÉ CESA CANTÓN

Si tengo que cerrar los ojos sin saber de dónde vengo y a dónde voy, ¿valdrá la pena abrirlos?

(Indro Montanelli)

Este enorme editor italiano frecuentemente hablaba del terreno más delicado, de las últimas preguntas que debe hacerse todo ser humano consciente, como la que hoy propongo.  Con la afilada lucidez que todos le reconocían, ponía en ese interrogante el drama de sus momentos de soledad, de desolación e incluso de depresión.

Con toda razón en estas breves líneas ahora, es evidente que no puedo esbozar una respuesta, – a esas grandes preguntas -teniendo en cuenta que la humanidad desde siempre se ha dejado prender y sacudir por esa implacable verdad respecto del sentido de la vida, elaborando infinitas teorías. Sólo quiero decir que quizá lo más importante no es tanto encontrar la respuesta definitiva a la pregunta (una respuesta que hay que ganarse durante toda la vida), sino más bien dejar que resuene dentro de nosotros mismos, no enterrarla bajo montones de palabras o nublarla con el goce ciego o la distracción alienante. De ahí, pues, la necesidad de un sobresalto, de un temblor, de una sacudida interior: ¿qué sentido tiene este año que está discurriendo ante mí? “Tres son los acontecimientos fundamentales de la existencia – escribía Jean de La Bruyère, filósofo francés del XVII-: nacimiento, vida y muerte. El hombre no sabe que nace, muere sufriendo y por desgracia se olvida de vivir con paz en el corazón”.