El TKD sin presea

Juegos de la esperanza

El TKD sin presea

J. Antonio Marín

@jantoniomarin

Desde que se taekwondo llegó a los Juegos Olímpícos, primero como deporte de exhibición y luego ya de manera oficial, México siempre obtenía al menos una medalla en dicha disciplina. En Tokio 2020 la tendencia se rompió con la caída inesperada apenas en la primera ronda de Carlos Sansores, y muy en especial de Briseida Acosta.

Sansores fue superado de manera contundente por el croata Ivan Sapina, mientras que Acosta fue apabullada por la francesa Althea Laurin. En ambos ni siquiera se aspiró a una medalla de bronce, puesto que tanto Sapina como Laurin no lograron colarse a sus respectivas finales, lo que habría ‘jalado’ a los mexicanos  a zona de repesca para pelear un tercer lugar.

Dentro de la familia del TKD mexicana la primera impresión recogida era de tristeza y muchos puntos de decepción. Sansores llegó como el cuarto del mundo a la justa veraniega, y Acosta derrotó a la leyenda María Espinoza en el selectivo final. Ambos eran considerados serias promesas de medalla.

Sansores se notó timorato. Sus piernas no reaccionaron como suelen hacerlo y el croata olió sus nervios y desde el primer segundo dominó el combate. Carlos, llegó como subcampeón Mundial y bronce en los Panamericanos, ambos en 2019; se marcha de la capital japonesa con las manos vacías, pero con la promesa de volver recargado en el siguiente ciclo olímpico.

Acosta, que en Lima 2019 ganó oro y dijo verse en un olímpico con una medalla en el pecho, también se marcha con las manos vacías y con el llanto en su rostro. La sinaloense se quedó corta en su primer combate, y aunque en sus primeras palabras, afirmó que los jueces hubo puntos que no le marcaron, en general aceptó la derrota y reconoció al rival.

¿Fracaso? Posiblemente sí. Porque tanto Sansores como Acosta estaban señalados como posibles medallistas. Pero de los fracasos también se debe aprender, mejorar y trabajar para que la vida, y en estos casos el deporte, se te brinde una revancha.

Fracaso sí es el de Aída Román. La arquera, que suele dar declaraciones llenas de soberbia, no pudo superar la ronda de las 32 mejores y en su última flecha tiró un ¡tres! Y como ha pasado en otros de sus partidos en los que ha perdido, Román buscó un pretexto: el viento.

Ciertamente justo en el instante que suelta la flecha, una fuerte racha se registró. Lo que también es cierto es que la condición climatológica también afectó a su rival que sorteó con mejor suerte las incidencias. Al final Román, que en Londres 2012 fue plata -y no hay que olvidarlo-, muchas veces se muestra soberbia y minimiza al rival, por lo que cae en extrema confianza que la debilita.

Ese exceso de confianza se vio en la pareja de clavadistas japonesas desde la plataforma de 10. En sincronizados en su último salto Matsuri Arai y Minami Itahashi fallaron, lo que abrió la puerta para que las mexicanas Alejandra Orozo y Gabriela Agúndez mantuvieran la tercera plaza y por tanto la presea de bronce.

Con dos bronces, y varias caídas inesperadas, las promesas reales de medalla se terminan y México da la impresión que podría irse sin presea dorada; esperemos que Rommel Pacheco, Alejandra Valencia y hasta la selección de futbol hagan que nuestro himno se escuche en Tokio 2020.