Columna: LABERINTOS Y SERPENTINAS

Regresar a clases es un reto

Christian García Muñoz

¿Volver a las aulas o no? La discusión en torno a la viabilidad de regresar a clases presenciales en Veracruz y el resto del país, desata polémicas que han llegado a fuertes discusiones y confrontaciones entre estudiantes de todas las edades, padres de familia, maestros e, inclusive, en las redes sociales que se han convertido en un ring virtual para discutir todo lo relacionado con la pandemia.

Pero más allá de la indicación oficial y de la disposición de la gente a acatarla, está la manera en que ese regreso a clases (que eventualmente sucederá) se llevará a cabo: ¿cómo serán las clases? ¿regresarán todos? ¿qué pasará con los que se queden en casa? ¿las plataformas virtuales seguirán funcionando? La manera de enseñar y de aprender definitivamente cambió.

La educación, sin duda, es un tema polémico pero necesario para el desarrollo de cualquier sociedad. Es casi imposible concebir el progreso de un país, sin la educación de sus habitantes: la economía, el desarrollo de infraestructura, la política, problemas sociales e incluso la salud, tienen una relación directa con la educación. Intenso, ¿no?

Durante muchas generaciones, los mexicanos nos acostumbramos a una fórmula específica en el proceso de enseñanza-aprendizaje, en donde el maestro era el que sabía y el estudiante debía escuchar; hablo de la generación del “borradorazo” en la cabeza y el “reglazo” en las manos. Después pasamos a un método que le daba mayor autonomía al estudiante, en el que se convirtió en gestor de su aprendizaje, con mayor libertad. Pero en medio de todo este modelo ideal al que se aspira, surgió desde hace algunos años, la tecnología dentro de la educación; y ahora la educación virtual que estalló gracias a la necesidad de encerrarse para cuidarse de la pandemia.

Así como importante es la educación y el desarrollo de habilidades profesionales en una sociedad, lo es también el método para que el conocimiento sea adquirido por quienes deciden dedicarse a las múltiples áreas y poder formar los perfiles adecuados que se requieren en el ámbito laboral. Además de dominar conocimientos, un estudiante debe estar preparado para adaptarse a la serie de cambios que enfrenta la sociedad constantemente. En esta parte entra el papel del docente y el contexto que rodea al estudiante.

Con el reto de vivir en pandemia acostumbrándose a la llamada “nueva normalidad”, nació también el reto de regresar a clases. Lo virtual llegó para quedarse: la nueva forma de aprender exige capitalizar las características del alumno actual: totalmente involucrado con la tecnología, hábil para el manejo de herramientas digitales y relativamente más crítico. Se ve cercano un panorama en el que a la par de las clases presenciales, se desarrollen actividades en plataformas virtuales, ahora sí en serio. Quedó probado que el uso adecuado y planeado de las herramientas disponibles, aportará beneficios al proceso de enseñanza.

No obstante, un alto porcentaje de alumnos e incluso de docentes y padres de familia, están muy apegados a la forma tradicional de enseñanza, motivada desde hace muchos años por las escuelas de educación básica que han logrado hacer de los viejos procesos, un vicio entre los actores que intervienen en el proceso de educación. Coscorrón para los maestros flojos.

Es urgente que, así como se plantean nuevas formas de enseñar, adaptadas a las condiciones de la sociedad actual, también se capacite realmente y con evaluación de resultados, la manera en que tanto alumnos como docentes entienden ese modelo educativo novedoso. Las autoridades educativas y dentro del plantel deben alejarse del burocratismo de formatos y cumplir con papeleos y reportes, deben observar que toda esa estructura aparentemente funcional que exigen cumplir a docentes y estudiantes sea efectiva. De lo contrario, los objetivos seguirán sin alcanzarse, y se deformará el sentido por el que tan valiosos modelos educativos fueron creados. Básicamente, seguir en vías de desarrollo en lugar de acercarnos a ser un país desarrollado.

Frente a este panorama, ¿será posible continuar con la educación mediada por la tecnología? ¿Están dispuestos los estudiantes, docentes y padres de familia a hacerlo? ¿Qué tan grande es el hartazgo? ¿Aún hay ganas de seguir a distancia? ¿Regresar durante una tercera ola de contagios? ¿Seguir en casa después de 17 meses? Las respuestas vienen en camino.

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