Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 13,1-3:

Hands writing on old typewriter over wooden table background

Un día salió Jesús de la casa donde se hospedaba y se sentó a la orilla del mar. Se reunió en torno suyo tanta gente, que él se vio obligado a subir a una barca, donde se sentó, mientras la gente permanecía en la orilla. Entonces Jesús les habló de muchas cosas en parábolas.
Palabra del Señor.

Jesús sale de la casa, lugar de la intimidad y enseñanza de sus más cercanos y se le aglomera tanta gente que Jesús sube a la “barca”, figura de la Iglesia, para poder hablar a todos.
¡Qué escena¡. Jesús está sentado en la barca, a suficiente distancia de la orilla, para poder ver a todos. Es desde la Iglesia, desde donde Jesús divisa el corazón de los hombres y enseña el camino del Reino de Dios. Absolutamente nadie es ajeno a la mirada de Jesús, quien conoce tu interior, tus luchas y preocupaciones.
Allí se coloca el pueblo formando una mezcla abigarrada; todos están pendientes de los labios de Jesús, para que nadie escape. En el fondo, todos los hombres tienen necesidad de la palabra que brota de Jesús. Puesto que el corazón humano tiene un ansia profunda por algo que le llene interiormente, es lo que le hace buscar la felicidad, equivocándose muchas veces y lastimándole consiguientemente.
Lo único que le puede saciar es escuchar una Palabra de parte de Dios, palabra que le ilumine el sentido de los acontecimientos, que le marque el camino para conducir a sus hijos, palabra que tenga la fuerza para expulsar de su interior sentimientos de ira y rencor.
¡Qué hambre de la palabra¡ ¡Qué interés por la salvación¡ ¡Qué fuerza de atracción debe tener Jesús¡. Los hombres han de acudir donde realmente pueda oírse la voz de Dios que resuene en su corazón, donde su Espíritu da testimonio eficaz de sí mismo, aunque tenga que servirse de palabras humanas: en la Iglesia.