El olivo, la higuera, la vid y la zarza

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René Cesa

Dijeron los arboles a la

zarza:

“Ven a reinar tu sobre nosotros”.

Y la zarza: “Si me ungen rey sobre ustedes,

Vengan, a refugiarse a mi sombra” (Jueces 9,14-15)

Dijeron los arboles a la zarza:

“Ven a reinar tu sobre nosotros”.

Y la zarza: “Si me ungen rey sobre ustedes,

Vengan, a refugiarse a mi sombra” (Jueces 9,14-15)

El gran poeta inglés John Milton, en su “Paraíso perdido” (1667), ha escrito un verso paradójico: “es mejor reinar en el infierno, que servir en el cielo”. Con este axioma afirmaba, sin embargo, una verdad amarga: los hombres prefieren el poder a toda costa, convencidos, como decía un reconocido político nuestro, que “el poder desgasta a quien no lo tiene”. Pues bien, nosotros a través del fragmento bíblico citado haremos juntos una reflexión casuística sobre este anhelo del hombre, causa de tantos males en la sociedad. Lo haremos a través de la primera, parábola completa que aparece en la Biblia. Como sabemos, será Jesús con sus al menos 35 parábolas a hacer popular este género literario. Esto sin embargo ya estaba difundido en la antigüedad y se encuentra también en el Antiguo Testamento.

Al narrar la parábola – en hebreo mashal-, que hemos propuesto en su cumbre conclusivo, este es un cierto Lotam, hermano de Abimelek: este último se le había metido en la cabeza de llegar hacer rey de la ciudad hebraica de Sichem y, para alcanzar su deseo, había perpetrado un baño de sangre, eliminando todo su clan familiar, unas 70 personas, consideradas como peligrosas pretendientes o concurrentes.

Una de estas se había, sin embargo, salvada escondiéndose: era apunto el hermano menor Lotam.

El sube al monte que vendrá hacer sagrado para los samaritanos, el Garizim, y urla su apólogo, para poner en guardia a sus conciudadanos de Sichem sobre el abismo hacia el cual se están encaminando. En el valle, de hecho, está reunida una asamblea de jefes de Sichem y de la región, que están por proclamar a Abimelek como su soberano.

Como acontece en las fábulas, los protagonistas son o los animales o los vegetales personificados que se convierten en maestros de los humanos insipientes.

En nuestro caso entran en escena sobre todo los tres arboles típicos del paisaje mediterráneo: el olivo, la higuera, la vid.

La delegación de las otras plantas se trae de estos tres “colegas” para invitarles a asumir la carga de rey de los árboles pero la respuesta es negativa: ellos están contentos de ser útiles a los otros con su olivo o con el fruto dulce y el vino embriagante y no quieren dejarse tomar de manías de dominio.

Frente a estos rechazos la delegación se resigna y cede a la tentación de introducir a la zarza la cual acepta inmediatamente complacer, ya que no tiene ningún compromiso sino aquel de ramificarse sobre otros vegetales viviendo de parásita y produciendo solo espinas.

He inmediatamente la zarza revela la típica arrogancia del poder. Árida como es, se imagina ya frondosa y elevada e invita a las otras planas a someterse bajo su sombra. En este fragmento citado anteriormente se prosigue con otra golpiza: “si no se apegan a mí, pues bien salga de la zarza un fuego y devore los cerros de Líbano”.

Dicho en otros términos, haciéndose el fanfarrón, la zarza amenaza inclusive a los potentes y majestuosos cedros de Líbano.

Lotam aplica la moral de la parábola a su situación política.

El lector podrá libremente aplicarla a la clase política contemporánea a él, recordando, sin embargo, que un poco de deseo a hacia el poder se encuentra en todos nosotros.

El escritor Luciano De Cresenzo nos recordaba mediante su personaje de Bellavista que “el poder no sacia, más bien es como la droga: requ