Desapariciones, una tragedia que se escribe cada día

Hands writing on old typewriter over wooden table background

LABERINTOS Y SERPENTINAS

 

Christian García Muñoz

“Detrás de un desaparecido hay una historia”; “los desaparecidos nos hacen falta a todos”; “las cifras de desapariciones aumentan cada día”; “¿dónde están?”; son frases hechas que se repiten hasta el cansancio pero que parecen representar poco para la sociedad y las autoridades, no así para aquellas personas que han buscado a alguien, inclusive, por años.

Las desapariciones en México son una aterradora realidad que muchos ojos parecen evadir. Hay quienes se niegan a entender que lo que ven es real, que las cifras no son sólo eso, sino que representan la magnitud de la barbarie.

Cientos de personas que buscan a sus seres queridos, han enfrentado la realidad y eso involucra el aceptar que sus hijos, hermanos, esposos, puedan estar en alguno de esos lugares de exterminio. Las desapariciones y las fosas clandestinas son temas que indudablemente van de la mano. Es algo aberrante y si no lo considera así quien lea estas líneas, hágase este planteamiento: “Quiero encontrar a mi hijo, después de tanto tiempo por lo menos quisiera recuperar su cuerpo para despedirlo y enterrarlo” … es un razonamiento que se hacen decenas de madres y personas con un familiar desaparecido.

Las cifras han aumentado considerablemente. Un caso activo actualmente es el de las fosas clandestinas de Campo Grande, en Ixtaczoquitlán. Integrantes del Colectivo de Familias de Desaparecidos Orizaba-Córdoba en coordinación con autoridades estatales y federales realizan los trabajos de búsqueda, los cuales se han prolongado por meses y no tienen una fecha estimada de finalización, debido a que los predios son muy grandes.

Madres, padres, hermanos y familiares se han convertido en buscadores. Sí, buscan a los suyos, pero también buscan a todos los que hacen falta. Una varilla metálica, de metro y medio de longitud, con un círculo, como volante en un extremo y una punta en el otro, es su detector. “Varillar” es una actividad que los familiares de desaparecidos han aprendido a hacer, las circunstancias los han obligado. Con todas sus fuerzas introducen la varilla en la tierra, la empujan hasta que ya no llega más abajo, le dan vuelta con el volante y la sacan. De inmediato se la llevan a la nariz, deben detectar el olor que ya forma parte del ambiente. Si lo perciben, existe la posibilidad de que, en ese lugar, bajo sus pies, haya una nueva fosa.

Hasta la fecha se ha logrado la recuperación de 32 cuerpos inhumados clandestinamente, de los cuales sólo uno se ha entregado a sus familiares. Conocer a quiénes corresponden los miles de restos hallados en todos estos meses debiera ser una prioridad para las autoridades que, trabajan en ello, pero lo hacen de manera lenta. De acuerdo con los reportes de medios locales y estatales de Veracruz, son más los casos de desaparecidos que se registran cada mes, que la cantidad de restos identificados.

El proceso ha sido lento, pero representa una esperanza en las familias que viven la tragedia de las desapariciones, de recuperar, aunque sea así, un poco de tranquilidad.

El tema en Veracruz cobra especial relevancia al haberse hallado en este estado la mayor fosa clandestina de América Latina, etiqueta por demás vergonzosa pero que muestra la realidad de una sociedad lastimada, profundamente lastimada por la mala fortuna de vivir en un lugar que se convirtió en un infierno.

Colinas de Santa Fe, en la ciudad de Veracruz, es sinónimo de horror, representa la impunidad en tiempos del ahora preso exgobernador, Javier Duarte de Ochoa; un terreno en el que se han hallado más de 300 cadáveres en decenas de fosas, y miles de restos óseos, hablan de la descomposición social que se padece en un estado que, según decían hace tiempo, lo tiene todo, lo que parece no tener es justicia.

La culpa está repartida entre quienes los desaparecieron, que lo mismo pudieron haber sido delincuentes, sicarios contratados o incluso policías; pero también tienen culpa las autoridades que durante mucho tiempo ignoraron el problema y siguió habiendo inseguridad y las cifras de casos de desaparición forzada se elevaron considerablemente. Sin embargo, nadie busca culpables, buscan identidades, se busca verdad y se quiere justicia y paz. Nadie tiene el derecho de desaparecer a nadie.