Cancelar no está mal

Hands writing on old typewriter over wooden table background

LABERINTOS Y SERPENTINAS

Christian García Muñoz

Las redes sociales y, en general, las herramientas digitales que permiten una mayor cercanía entre los individuos motivan la formación de verdaderas legiones virtuales unidas por una sola causa: cancelar a alguien. Esto no quiere decir que las plataformas sean nocivas para la humanidad, sino que las personas deciden qué uso darle. Este fenómeno se ha denominado la cultura de la cancelación.

El tema cobra especial relevancia cuando la cancelación va dirigida a personajes que se han vuelto populares con el paso de los años, artistas principalmente. La simpatía que la sociedad siente por estas figuras públicas puede nublar la visión y es ahí cuando surge el problema.

Debemos ser conscientes de que las épocas van cambiando y, junto con ellas, los individuos. La canción 17 años, de Los Ángeles Azules, desató en redes sociales una polémica por su letra que hace referencia al amor de un hombre por una niña de 17 años: ¿pederastia? ¿amor? ¿sabrosura para bailar? Cada persona tiene su propia opinión y la defiende. El análisis debe ser más profundo: la sociedad está en un proceso de transición.

Lo políticamente incorrecto ha lastimado criterios conservadores, ideologías añejas que no corresponden más con las condiciones de la sociedad actual. Así como las canciones, están los chistes. La comedia ha sido uno de los factores, en muchos casos determinante, para popularizar burlas y descalificaciones a alguien por su aspecto físico (gordo o flaco); por su orientación sexual (el amanerado o la mujer hombruna); por discapacidad o malformación (los chistes de gangosos o la canción de El mudo). Todo ha sido permisible, pero alguien le ha preguntado al gordo, al flaco, al hombre gay, a la mujer lesbiana, al gangoso o al mudo, ¿cómo se sienten con esas burlas disfrazadas de comedia?

La era digital y sus múltiples plataformas y herramientas, combinadas con una generación más consciente, ha dado como resultado un intento de cambio en las perspectivas. Aunque muchos han señalada a los jóvenes de hoy como la generación de cristal, es preciso cuestionar los estereotipos, los códigos sociales, las reglas morales y aceptar que el deseo de cancelar no es del todo irracional, sino que está basado en el interés por mejorar como sociedad.

Un ejemplo muy claro de estas canciones políticamente incorrectas es la salsa El gran varón. Menciona cinco veces: “no se puede corregir a la naturaleza, palo que nace doblado jampas su tronco endereza”. En esa sola línea hay una carga de significado negativa para los hombres homosexuales, lo señalan como una desviación. Casi al final, se escucha: “en la sala de un hospital, de una extraña enfermedad murió Simón, es el verano del 86 al enfermo de la cama 10 nadie lloró”. Es un enunciado que estigmatiza al VIH sin mencionarlo, es comprensible que en los 80’s, época en que se escribió la canción, la epidemia del Sida estaba desatada. Pero eso ha cambiado, lo que no ha cambiado es que miles de personas siguen escuchando la canción y replican un pensamiento de hace 30 años.

Todo cambia, dice la canción del chileno Julio Numhauser, “cambia lo superficial, cambia también lo profundo, cambia el modo de pensar, cambia todo en este mundo”. Es gracias a esos cambios que hoy tenemos más libertades, dejamos de ser bárbaros, aparentemente, y estamos en un camino de progreso y aprendizaje sobre las nuevas formas y perspectivas. Las ideologías cambian, los derechos no, esos deben respetarse siempre.

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