Los misterios de López Mateos

Héctor Efraín Ortega Castillo

En su infinita sabiduría, el Señor Destino no quiso que hubiese redes sociales en los años 40’s y 50’s o sabrá Dios cómo se hubiese escrito la historia, de manera muy diferente a como la conocemos hoy… y conste que refiérome a la Historia Nacional –aquella que nos enseñan desde la escuela primaria como el epítome del eterno destino que el dedo de Dios escribió–, y no a la historia regional, que esa es fécula de diferente fardel.

Resulta de tal manera que el 16 de agosto de 1946 el candidato al Senado por el entonces existente Partido Nacional Democrático Independiente, Adolfo Manero, entregó a la Oficialía Mayor de la Cámara de Senadores un expediente que contenía un acta de nacimiento expedida en la comunidad de Pasitzia, Departamento de Chimaltenango, Guatemala, a nombre de Carlos Adolfo López Mateos, nacido en dicha localidad el 10 de septiembre de 1909, dando fe que es hijo de Gerardo López y Elena S. Mateos. Ello demostraba que el susodicho López Mateos carecía del requisito constitucional de nacimiento y vecindad mexicanos para tener calidad de elegible al Senado.

Días más tarde, el 29 de agosto, la Primera Comisión Revisora de Credenciales de la XL Legislatura resolvió declarar triunfante a la fórmula integrada por López Mateos y Salvador Sánchez Colín, desechando la acusación de Manero, al no poder demostrar de manera legal y contundente que el futuro Presidente de México naciera en el vecino país del sur. Curiosamente, entre la documentación presentada por López Mateos para su defensa, tampoco incluyó un acta de nacimiento mexicana, porque no existe.

No sería extraño que López Mateos haya recibido el espaldarazo en el Senado (que por aquellos ayeres gobernaba enteramente un solo partido) de manos de su amigo y mentor, el diplomático y ex gobernador del Estado de México, José Isidro Fabela Alfaro (nacido en Atlacomulco, por cierto), poderosa figura con derecho de picaporte en las oficinas de Manuel Ávila Camacho (quien aún era Presidente en ese momento, aunque ya iba de salida).

Doce años más tarde, en diciembre de 1958, Adolfo López Mateos tomaba posesión de la Presidencia de la República. Su pasado incluía también el haber participado en la campaña de José Vasconcelos en 1929 (amigo y compañero de Isidro Fabela y ambos integrantes del Ateneo de la Juventud en 1909) y, por ende, anticallista. Tras la derrota en las urnas de Vasconcelos, López Mateos huyó a Guatemala, escapando de la represión gubernamental, ganándose el mote de “El Guatemalas”.

Pero el lugar de nacimiento de López Mateos no es el único misterio que lo envuelve: está además su fecha de nacimiento. En la Enciclopedia de México se asienta que nació el 26 de mayo de 1910 en Atizapán de Zaragoza, Estado de México; pero en su credencial de elector presentada al Senado en 1946, don Adolfo aseguraba haber nacido el 27 de septiembre de 1909 (también en Atizapán) y que tenía dos años de residencia en Toluca al momento de la elección. Sin embargo, Manero, en el expediente que armó en agosto de 1946, incluyó otros documentos que daban fe de la inexistencia de un acta de nacimiento a nombre de López Mateos ni en Toluca, ni en la Ciudad de México entre 1908 y 1913. Asimismo, los habitantes de Atizapán unánimemente afirmaron que no conocían familia alguna de tal nombre.

Otrosí, se afirma que el padre de López Mateos fue Mariano Gerardo López, del que se sospecha que sí era guatemalteco (y casado con una mexicana). Su fallecimiento se reporta en 1915, pese a que documentos más recientes indican que en realidad murió en 1904. Todo ello no hace sino arrojar enormes dudas en torno a quien gobernara México entre 1958 y 1964: ¿Era mexicano o guatemalteco de nacimiento? ¿Cuándo nació realmente y en dónde? Y más importante aún: ¿Por qué el empecinamiento de Adolfo Ruiz Cortines de ponerlo como su sucesor, a sabiendas de que las interrogantes alrededor de sus orígenes eran su vulnerabilidad?

Cosas de políticos, usted sabe.

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