Escuela de ‘guerreros’

Carlos y Roberto comparten toda su técnica, experiencia y conocimientos en la Escuela de Boxeo Olímpico, donde preparan a jóvenes y adultos en la disciplina deportiva

Carmen Lara

Diario El Mundo

Orizaba.- Con una plática común de WhatsApp entre Carlos y Roberto, es como inició el sueño de poner una Escuela de Boxeo Olímpico, ambos pensaban que solo sería eso, una plática, sin imaginar que tiempo después esto se volvería una realidad y la Escuela de Boxeo Olímpico Sangre Guerrera comenzaría a funcionar.

Roberto Díaz y Carlos Niño son dos jóvenes peleadores pertenecientes a la Federación Mexicana de Boxeo, quienes desde hace siete meses tomaron la iniciativa de crear una escuela de boxeo.

Dentro de su larga trayectoria, han participado en Torneos Nacionales pertenecientes a la Federación, incluyendo Olimpiadas Nacionales, sin olvidarnos del legendario Torneo Élite, junto con el importante Torneo Guantes de Oro del Distrito Federal.

Roberto Díaz

Roberto Díaz Rodríguez cursa el sexto semestre de la Licenciatura en Biología en la Facultad de Ciencias Biológicas y agropecuarias de la Universidad Veracruzana. Y es profesor en la Escuela de Boxeo Olímpico “Sangre Guerrera”.

Su historia en el boxeo surge porque a su papá siempre le han gustado los deportes de combate y de niño le compró unos guantes, a pesar de ello, fue hasta que Roberto encontró a su entrador a la edad de 12 años que comenzó a entrenar de manera profesional en este deporte.

Tiene ocho años entrenando boxeo, ha sido dos veces Campeón Estatal Regional Nacional, ha asistido a dos Nacionales y es Subcampeón de los Guantes de oro Arena Ciudad de México, cuenta con más de 70 peleas de categoría amateur.

Antes de llegar al box, Roberto relata que probó otros deportes como el futbol, baloncesto y taekwondo, sin embargo, ninguno le gustó tanto y después de un tiempo los dejaba de practicar.

El joven boxeador admite que este deporte le ha dejado un buen físico, además de que ha cambiado su perspectiva, pues sabe que, en la vida como en el deporte, hay que saber perder con dignidad.

“El boxeo es un deporte de caballeros, subimos, peleamos y ahí se queda todo, no hay más, si ganas es por constancia, determinación y trabajo duro, si pierdes no es por culpa de alguien más, sino de uno mismo por no entrenar”, señala Roberto.

Carlos Niño

Carlos Alberto Niño Álvarez es maestro de Educación Física y entrenador de boxeo en la Escuela de Boxeo Olímpico “Sangre Guerrera”, donde día a día deja el alma en sus entrenamientos, pues uno de sus sueños es que sus alumnos lleguen a competir en las grandes ligas.

Su historia en el mundo del boxeo se comenzó a escribir desde hace seis años y aunque admite que fue algo tarde, hoy por hoy es su deporte favorito que le ha enseñado que el éxito solo se consigue con disciplina, constancia y mucha responsabilidad.

Antes de llegar al boxeo pasó por diversos deportes, sin embargo, buscaba uno que le generara una mayor adrenalina, y fue gracias a la sugerencia de un amigo de la infancia que Carlos conoció a su entrenador.

Carlos ha competido en múltiples olimpiadas estatales, regionales y nacionales, tiene 38 peleas de categoría Elite, de las cuales ha ganado 32, dos empatadas y cuatro perdidas, su última eliminatoria fue en Mazatlán donde buscó obtener un puesto para los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 y logró un campeonato de tercer lugar con medalla de bronce para el estado de Veracruz.

El joven boxeador admite que su formación ha sido un tanto compleja, comenzó en el deporte a los 20 años y por cuestiones de edad en ocasiones una recuperación de un entrenamiento es más difícil, pero a pesar de ello, dentro del camino que ha recorrido sigue al pie del cañón esforzándose cada día.

“Considero que nunca es tarde para iniciar una actividad deportiva, solamente es cuestión de decidir en qué momento hacerlo y comenzar, porque todo el mundo puede dar buenos resultados, sin importar la edad o el tiempo que se lleva en el deporte”, comenta Carlos.

El proyecto Sangre Guerrera

Los jóvenes boxeadores admiten que desde hace varios años habían contemplado tener su propio gimnasio, pues ellos recuerdan que cuando entrenaban siempre había el problema de que no tenían un lugar establecido.

Eso los motivó, además de que a raíz de la pandemia el equipo de boxeo tomó rumbos distintos y dejaron los entrenamientos.

Como Carlos y Roberto ya no tenían en mente regresar a las actividades deportivas, lo platicaron muy bien y lo planificaron -y a pesar de que hubo miedo por saber si los chicos asistirían, si los reconocerían por los logros que han hecho durante todo su camino- optaron por dejar de lado estos pensamientos y seguir sus sueños.

“La situación que todos estamos viviendo hoy en día nos hizo salir desde abajo y volver a empezar prácticamente de cero, pero obviamente nosotros ya con nuestras propias instalaciones”, detalla Carlos.

La Escuela de Boxeo Olímpico Sangre Guerrera se ofrece desde edades tempranas para la iniciación al deporte, acondicionamiento físico y posteriormente se dedican directamente al entrenamiento del boxeo.

Al acudir alumnos con diversas edades y estilos de vida, se tienen que adecuar al ritmo de los entrenamientos poco a poco para ir avanzando de manera gradual garantizando que aprendan este deporte, pero también el cuidado de su salud física.

Además de ello, en esta escuela se hace boxeo amateur al 100 por ciento, implementando la técnica del maestro que los preparó, así como las nuevas técnicas que ellos ahora como maestros proponen a sus alumnos.

“Los dos combinamos nuestras técnicas, viendo las cualidades de nuestros alumnos y es así como todo se hace totalmente personalizado, garantizando que aprendan de acuerdo a sus habilidades que poseen”, señala Roberto.

Ambos entrenadores detallan que el crecimiento de sus alumnos ha sido muy grande y se sienten muy orgullosos de ellos, pues saben que para este deporte la constancia y responsabilidad son factores primordiales.

Una de las cosas que se han encargado los entrenadores de boxeo Carlos y Roberto, es que en su escuela siempre se fomente el compañerismo y trabajo en equipo, pues si uno crece, todos los demás también.